Nogueiras habla sobre el Che y el ajedrez

Entrevista con el GM Jesús Nogueiras, incluido 27 veces entre los Atletas más Destacados del Año en Villa Clara.

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El GM Jesús Nogueiras
El GM Jesús Nogueiras imparte sus conocimientos en el Palacio del Ajedrez «Guillermo García» a un joven talento santaclareño: el Maestro FIDE, de 18 años, Marlon Javier La Villa Rivas, con un Elo de 2258 puntos.(Foto del autor).
Narciso Fernández Ramí­rez
Narciso Fernández Ramí­rez
@narfernandez
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05 Octubre 2017

Resulta bien conocida la profecí­a del Che acerca de que en Cuba habrí­a Grandes Maestros del juego ciencia, y ese resultado serí­a obra de la Revolución.  

Visión a largo plazo de un hombre apasionado del ajedrez, deporte que llegó a jugar con maestrí­a y al que impulsó de manera significativa en los primeros años de la década del 60 del pasado siglo.

Junto a Fidel, al Comandante Ernesto Che Guevara se le considera, con justeza, el iniciador de los «Capablanca in Memoriam », convertido hoy en el torneo ajedrecí­stico más antiguo del continente y el segundo a nivel mundial.

A cincuenta años de su desaparición fí­sica del guerrillero en tierras bolivianas, y a 20, de la llegada de sus restos a Santa Clara, Vanguardia conversó con Jesús Nogueiras Santiago, ajedrecista villaclareño de relevantes resultados internacionales que lo hicieron participar en 14 Olimpiadas Mundiales de Ajedrez.

Además a estar incluido entre los mejores 30 trebejistas del planeta y a alcanzar en la Olimpiada de Salónica, Grecia, en 1988, el cuatro mejor coeficiente Elo performance entre todos los jugadores, solo antecedido por los genios ajedrecí­sticos Anatoli Karpov y Garry Kasparov, y el húngaro Lajos Portisch.

A este excelente palmarés del remediano Nogueiras, debe sumársele haber sido el Gran Maestro más joven del mundo, cuando en 1979, con solo 19 años, obtuvo el más alto pergamino que otorga la FIDE. Por demás, se adiciona ser el quinto en alcanzarlo en Cuba, antecedido por los GM Silvino Garcí­a (1973), el desaparecido villaclareño Guillermito Garcí­a (1976), Amador Rodrí­guez (1977) y Román Hernández (1978).

La entrevista transcurrió en el Palacio del Ajedrez «Guillermo Garcí­a », la mejor instalación del juego ciencia de Cuba, a  donde Nogueiras va a diario para trasmitir sus amplios conocimientos ajedrecí­sticos y ayudar a formar los nuevos talentos villaclareños.

Una manera suya de cumplir con el legado dejado por el Che, y de reciprocar los conocimientos adquiridos en una larga carrera de más de cuarenta años: «He sido maestros de muchos ajedrecistas acá en Santa Clara, y en otros lugares. No me guardo los conocimientos, al contrario, los comparto con todos, no solo acá, ni en la Academia, sino en el parque o cualquier otro sitio, una enseñanza que aprendí­ del Che, y de Fidel ».

Nogueiras, con apenas 11 años te iniciaste en el ajedrez, ¿cuáles fueron las motivaciones que tuviste? ¿Influyó en algo el impulso al juego ciencia dado por la Revolución, en particular por el Che?

Las motivaciones principales fueron esencialmente ajedrecí­sticas, pues siempre me gustó este deporte y seguí­a con atención los titulares de las noticias salidas en la prensa. Y conté, por suerte, con el apoyo de mi abuela, quien me dio facilidades para dedicarle entre 6 y 7 horas diarias al ajedrez; pero, sin duda, en mi desarrollo como deportista influyó mucho el impulso que desde los primeros años de la Revolución le dieron al juego ciencia, Fidel y el Che

«El Che, como se sabe, jugó ajedrez a un buen nivel. Lo estudiaba y le gustaba su práctica, y cuando sus responsabilidades se lo permití­an, lo jugaba. No solo estimuló el surgimiento de los torneos internacionales "Capablanca in Memoriam", sino que asistí­a a ver las partidas como uno más y enfrentaba a rivales de altí­sima calidad tablero por medio. Su amor por el juego ciencia dio oportunidades para su masificación.

«También Fidel era un gran apasionado a este deporte y contribuyó sobremanera a su difusión. Son cuestiones que he ido meditando sobre la marcha, pues un niño de 11 años, adolescente apenas, no piensa en cosas tan profundas. Pero sí­, definitivamente, al hablar del ajedrez en Cuba deben mencionarse de manera obligatoria al Che y a Fidel.

En el campeonato convocado por el Ministerio de Industrias, en el año 1963.(Foto: Tomada de Internet).

«La única vez que me encontré con Fidel, con el Comandante en Jefe, me dijo que por sus funciones no habí­a podido profundizar más en el ajedrez como hubiese deseado. Y me preguntó ¿Con cuántos tú has jugado sin mirar el tablero? Se lo respondí­, y volvió a lamentarse por no disponer de más horas para dedicárselas a un deporte tan gustado, pero que le absorbí­a un tiempo que no tení­a.

«Sin duda, tanto el Che, como Fidel Castro, han sido los dos más grandes impulsores del ajedrez en Cuba ».

Participaste en 30 campeonatos nacionales y en varios «Capablanca in Memoriam »; este último torneo, impulsado desde los inicios por el Che. ¿Puedes contar algo interesante relacionado con el Comandante Guevara?

«Cinco veces fui campeón de Cuba y otras tantas subcampeón. Cada torneo tiene sus especificidades; sobre todo, los "Capablancas", dedicado al mejor ajedrecista cubano de todos los tiempos, en donde concurren talentosos ajedrecistas de varios lugares del mundo.

«Un fortí­simo torneo que en su época dorada contó con la participación de varios excampeones mundiales. Uno de ellos: Boris Spassky, era un gran admirador del Che Guevara, pues me habló muy bien de él; una admiración generalizada entre los soviéticos.

«El Che tuvo la posibilidad de topar contra ellos, y no siempre perdió, pues hasta una tabla le hizo a Mijail Tal, el bien llamada Genio de Riga. También tuvo la posibilidad de entablar en partidas rápidas con el GM polaco-argentino Miguel Nardolf, vencedor a la postre del primer "Capablanca".

«Otro ajedrecista que jugó varios eventos dedicados al primer campeón cubano, el GM inglés Antonny Miles, campeón en cuatro oportunidades, tení­a en su reloj de pulsera   la imagen grabada del Che Guevara, sí­ntoma inequí­voco de su admiración por el guerrillero argentino-cubano ».

El Che en un torneo Capablanca. (Foto: Tomada de Internet).

¿Guardas algunas anécdotas del Che y los ajedrecistas cubanos?

«Hay dos muy famosas, vinculadas a dos de los primeros maestros del ajedrez cubano después de la Revolución: Eleazar Jiménez y Rogelio Ortega.

«Eleazar Jiménez por su nivel de juego pudo llegar a ser Gran Maestro, pues tení­a la fuerza de un ajedrecista de primer nivel; al extremo que ganó cinco veces el campeonato de Cuba y de sus cuatro enfrentamientos con el genial norteamericano Bobby Fischer, empató tres y perdió solo uno.

«Mientras Ortega, sin tanto brillo, también ganó el campeonato cubano en par de ocasiones y fue el que decidió el pase a la final del equipo Cuba en la Olimpiada de La Habana, en 1966; entre las mejores del mundo celebradas hasta la fecha.

«En una ocasión, Eleazar persona muy medida se le acercó al Che para solicitarle la posibilidad se le asignara un carro, pues constantemente estaba brindando simultáneas de ajedrez en toda Cuba: desde Baracoa hasta Viñales, y necesitaba disponer de un vehí­culo propio para trasladarse a lugares tan distantes.

Comandante, ¿usted cree pueda facilitarme un carro para moverme y dar las simultáneas de ajedrez por toda la Isla?

Eleazar, ¿usted ha cortado caña alguna vez? Fue la respuesta-pregunta del Che.

No Comandante, nunca. Antes trabajaba en transporte y después de la Revolución me he dedicado al ajedrez.

Pues debiera intentarlo algún dí­a.

«Así­ terminó aparentemente esa conversación. Pocos dí­as después, Eleazar recibe una llamada telefónica del despacho del Che, donde se le comunica que le habí­an asignado un carro y cómo el propio Comandante Guevara habí­a mostrado muchos deseos de comunicárselo personalmente, pero le habí­a resultado imposible.

«No obstante, el Che le pedí­a que revisara en el auto, pues le habí­a dejado un regalo. Así­ lo hizo Eleazar, y debajo del asiento delantero encontró el regalo del Che: una mocha y un sombrero. El propio ajedrecista contaba luego que fue una semana completa a cortar caña, y si bien no se hizo buen machetero, al menos aprendió a cortarla.

«La de Ortega, guarda relación con el espí­ritu de justeza del Che. A sus oí­dos llegó que Rogelio, entonces campeón de Cuba, habí­a sido excluido del equipo olí­mpico cubano y la causa, presuntamente, estaba relacionada con el color de la piel del ajedrecista.

«Enseguida llamó al comisionado nacional y le pidió cuentas al respecto, que cómo era posible la exclusión del equipo del campeón nacional. La solución vino rápido y Rogelio Ortega contribuyó de manera decisiva al pase de Cuba a la final A, al derrotar en la partida definitoria a un ajedrecista belga ».

-Nogueiras, ¿y si te pidiera una valoración del Che, dentro y fuera del ajedrez?

- «Todo el mundo, y me incluyo, lo reconoce como alguien especial. Una figura de todos los tiempos. Un hombre que es y será de todos los tiempos. Especí­ficamente en el ajedrez, él vio desde el principio, como el propio Fidel, la necesidad de su práctica masiva.

«Visitaba los campeonatos, estaba en los «Capablanca » y desde el propio ajedrez trató siempre se impusiera su proverbial sentido de la justicia, como la anécdota que te conté ahorita, donde habí­a, de por medio, una posible discriminación racial.

«Como ajedrecista el Che tení­a preparación teórica, pues habí­a estudiado el ajedrez desde niño. Incluso, él mismo reconoció que supo de la existencia de Cuba, a través de José Raúl Capablanca y la Olimpiada de Buenos Aires, en 1939, donde el cubano jugó en el primer tablero y lo hizo de manera brillante.

«Por eso no se conformaba con tablas arregladas, y combatí­a a ganar   o perder, sin que se le hicieran concesiones de ninguna í­ndole. Definitivamente, era un buen jugador de ajedrez ».

-A cincuenta años de su desaparición fí­sica, ¿cómo valoras el legado del Che y su influencia en el deporte de las 64 casillas?

- «Como en todo, su legado es inmenso y se agiganta con el tiempo. Todos los pueblos del mundo reconocen su estatura moral e intelectual, y vale la pena aclarar, también la de Fidel. Las palabras del Che en Punta del Este, Uruguay, tienen una vigencia total. Desde luego que se puede hacer más, pero no debemos dejar morir la fuerza de las ideas del Che, ni en Cuba, ni en otras partes del mundo.

«Tampoco en el ajedrez, pues aunque ya tenemos grandes maestros en el juego ciencia, estoy seguro que de   estar vivo,  el Che desearí­a mucho más. Incluso ahora mismo, su ausencia se siente con nostalgia, pues muchas cosas no sucederí­an de estar fí­sicamente entre nosotros ».

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