Osvaldo Rojas Garay
Osvaldo Rojas Garay
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26 Octubre 2015

Todaví­a tengo grabado en mi mente como si fuera hoy aquel lunes cinco de marzo de 1990 en que Guillermito Garcí­a González llegó en horas de la mañana a la sede de la Agencia de Información Nacional (AIN) de Villa Clara.

Faltaba poco tiempo para el comienzo de la ronda final del Primer Torneo Internacional de Ajedrez Luis Más Martí­n que por aquellos dí­as acogió el teatro La Caridad y el poblado de San Juan de los Yeras.

Guillermo Garcí­a González, ajedrezEn 1978, Guillermo Garcí­a González se convirtió en el primer cubano en superar los 2500 puntos ELO. (Foto: Tomada de Trabajadores)

Le pregunté: « ¿Con quien te toca jugar hoy? ». Me contestó: «con el colombiano Alonso Zapata, y le voy a meter la partida ». Así­ mismo fue, Guille derrotó a Zapata.

Lo que no podí­a sospechar era que aquella serí­a la última ocasión en que lo verí­a. Siete meses más tarde, un accidente de tránsito le arrancó la vida el viernes 26 de octubre de 1990, por lo que este lunes se cumplen 25 años de que el primer villaclareño en agenciarse el pergamino de Gran Maestro no está fí­sicamente entre nosotros.

Elegido entre los 100 mejores deportistas cubanos del pasado siglo, en su biografí­a abundan las buenas actuaciones. En 1978 se convirtió en el primer criollo en rebasar los 2500 puntos de ELO. Asimismo le tocó romper el hielo de los cubanos en los Capablanca al erigirse en 1980 en el primer jugador del patio en imponerse de manera solitaria en un grupo Premier de esa justa.

Además de su relevante desempeño en el Open de New York de 1988, donde secundó al astro ucraniano Vasili Ivanchuk, realizó una meritoria faena en Ciudad de las Palmas de Gran Canaria, en 1974, oportunidad en que logró su primera norma de Gran Maestro.

En 1971 doblegó a los once rivales que tuvo tablero por medio en el campeonato nacional juvenil, mientras que en 1982 protagonizó una extraordinaria labor, al ocupar el sexto puesto en el Torneo Interzonal de Moscú después de encabezar la lujosa nómina durante las seis primeras rondas. Aquí­ hizo tablas frente a Garry Kasparov, por lo que dejó su score de por vida igualado con el genio de Bakú, pues anteriormente, en 1979, habí­an pactado el armisticio en la porfí­a de Banja Luka, de la entonces Yugoslavia.

No solo por sus resultados Guillermito Garcí­a dejó una huella imborrable en sus 36 años de la vida. Fuera del tablero escaqueado también quedó su impronta. Él asumí­a de manera muy particular la amistad. En 1985 no le importó que Jesús Nogueiras era su principal contrincante en el paí­s y le ayudó en la preparación para el interzonal de Taxco, en México, donde el ilustre hijo de la Octava Villa alcanzó el boleto para el Torneo de Candidatos a la corona del orbe.

«Su ayuda, sin exagerarte, fue muy importante en los éxitos que alcancé. Él comprendí­a muy bien el ajedrez y habí­a topado con muchos de los jugadores de nivel de la época », me confesó hace unos dí­as Nogueiras.

Algo que ya he comentado en otras oportunidades, pero vale recordar: en un certamen el MI Luis Sieiro tení­a media unidad de ventaja sobre Guillermito, quien serí­a su oponente en la última ronda. El placeteño necesitaba la división del punto para obtener norma de Maestro Internacional y Guille, de superarlo se impondrí­a en la lid.

Antes de la partida Guillermito se le aproximó para preguntarle que le hací­a falta. Sieiro le expresó que hacer tablas para la norma, aunque eso significaba triunfar él en la lid.

«Para mí­ es más importante la norma tuya que ganar el torneo », dijo el GM santaclareño. Con la firma de la paz Sieiro obtuvo la norma y conquistó la justa.

¿Qué decir de su actitud cuando dejó de cobrar el premio de diez mil dólares que le correspondí­a por el segundo lugar alcanzado en el Torneo Abierto de Nueva York de 1988, por obra y gracia de la arbitraria imposición del Departamento del Tesoro norteamericano, que adujo razones referentes al bloqueo contra Cuba?

Ese dinero solo podí­a adquirirlo si él se moví­a hacia otro paí­s que no fuera objeto de la misma sanción que la Mayor de Las Antillas, en cuyo caso estaban Libia, Viet Nam, la República Popular Democrática de Corea y Kampuchea, pero Guille prefirió regresar a su querida tierra y quedarse con los suyos.

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