
Abel Morales Cruz no ha tenido oportunidad de contemplar los colores del arcoíris. Tampoco, de disfrutar de un atardecer.

Solo con su sentido del tacto descubre objetos que aprende a diferenciar, gracias a la dedicación de profesores y asistentes de la escuela especial Fructuoso Rodríguez, de Santa Clara, que desde pequeño le han brindado ayuda y seguridad.
Con apenas diez años conoce muy bien las consecuencias del bloqueo de los Estados Unidos contra la Isla, que su maestra de 5.o grado, Marisel Carpio Jiménez, le ha sabido explicar y que afecta a los niños con limitaciones.
Sabe que la injusta política pone en juego su máquina de escribir Braille que el plantel le entregó, convertida en su compañera inseparable.
«Cuando se rompe tengo que usar la regleta y el punzón para escribir las lecciones », expresa acariciando la maquinilla.
Refiere Marisol Carpio que no hay piezas de repuesto para las «Braille », y hace años que la escuela no adquiere ninguno de estos equipos, porque provienen en su mayoría de los Estados Unidos.
«Las leyes del bloqueo impiden que ese país las comercialice con Cuba, a no ser que sea por un tercer país, pero ningún empresario extranjero se arriesga a ser sancionado por violar las leyes establecidas », manifiesta.
Mientras Abel prosigue la conversación, muestra los distintos medios de enseñanza que la profe como le llama cariñosamente elaboró con poliespuma, cartulina, tela, hilo, trocitos de madera y otros componentes reciclados, que permiten a los pequeños identificar con sus manos las imágenes que no pueden divisar sus pupilas, ante la ausencia de la impresora a relieve de medios de enseñanza, que desde hace mucho tiempo reposa rota en un rincón.
«Esta es la tabla de posición decimal. Estas son figuras geométricas, el triángulo, el cuadrado, el círculo..., este es el mapa de Cuba », indica mientras palpa las hojas.
Otra lámina representa las señales de Tránsito, que poco a poco descubre y lo instruyen sobre el comportamiento en la vía, cuando aprenda a valerse por sí mismo.
Abel ha oído hablar de la solidaridad con la Isla, y sabe que algún día el bloqueo caerá, porque Cuba no está sola. Entonces podrá acceder a modernas tecnologías para ciegos, hoy vedadas por el embargo, y andar con su maquinilla en la mochila sin temor a las constantes roturas.