
No muchos cantantes de agrupaciones musicales tienen el privilegio de ser reconocidos por el público, tanto o más que el propio grupo, si este no lleva el nombre del vocalista o no está a cargo de la dirección. Tal cualidad es típica de aquellos que nacen con la estrella del carisma, una excelente voz y la osadía de echarse sobre los hombros a sus compañeros de batalla en cada presentación y conquistar al público.
De esa estirpe fue Dagoberto Planos Despaigne, el Dago, el insigne cantor de la popular orquesta Los Karachi, quien nos dijo adiós este 3 de marzo. De luto Santiago de Cuba, de luto la música popular cubana.

Desde pequeño admiré y seguí a Los Karachi, orquesta a la que consideré y pienso que muchos coincidirán conmigo una de las mejores del país. Desde su «tierra caliente » conquistó el corazón y el gusto de miles de cubanos a lo largo y ancho del verde caimán.
Mas, sin duda, el peculiar timbre de voz, la excelente afinación y dicción, y la agradable proyección escénica de Dago le otorgaban a la agrupación un distintivo único. Incluso, me atrevo a decir que el «negrito de Karachi », como cariñosamente le llamaban muchos admiradores, era el sello identificativo.
Como un reflejo condicionado, si alguien escuchaba el nombre de la orquesta santiaguera, enseguida el cerebro reproducía automáticamente cualquier éxito en la inconfundible voz de Dagoberto: «De Cabinda hasta Cunene », «Saína », «El limón », «El reto » y otros tantos que prendieron en el corazón del pueblo.
La agrupación pegó en una época en que proliferaban orquestas, charangas, conjuntos, septetos y combos de altísima calidad en toda Cuba. Y varios de ellos reconocidos por tener excelentes cantantes líderes que descollaban en cada uno de sus colectivos.

Ahí están los ejemplos de Tiburón Morales con Son 14, Pedrito Calvo y Los Van Van, José Antonio (Maceo) Rodríguez al frente de Sierra Maestra, Tony Calá y la Ritmo Oriental, o Sixto Llorente (el Indio) con la villaclareña Aliamén.
Pero, decir Karachi era lo mismo que decir Dagoberto Planos, y viceversa. Tal era la asociación que el público, bailador o no, hacía entre la orquesta y su cantante insigne.
Con la partida de Dagoberto Planos se va un pedazo de la historia musical santiaguera y un sello de la cultura de esa ciudad. Porque en su garganta no solo portaba el estilo de Los Karachi, sino también el espíritu y la esencia cultural de Oriente, que es igual que decir de Cuba y el Caribe.