Benditos sean los vendedores de libros, entre ellos los carretilleros y los viejitos en las esquinas, los «traficantes » de conocimientos. Bendito Lorenzo Lunar con sus libros raros y de uso, y bendita su preciada «Piedra » en la calle Luis Estévez.
En 2011, cuando se implementan las leyes vinculadas al trabajo por cuenta propia, el escritor santaclareño Lorenzo Lunar cumple al fin su sueño de tener un local propio para vender sus libros. «No solo para la venta y compra, sino también para atesorar un patrimonio bibliográfico del que hoy nos enorgullecemos », me cuenta.

De esta forma, en su librería La Piedra Lunar se pueden encontrar las colecciones de Sed de Belleza y Capiro. «Si no las tenemos completas es porque muchas veces alguna institución o los propios autores necesitan un libro y se lo regalamos », dice con humildad el autor de El barrio en llama.
Pero el sueño de Lorenzo no se quedó en lo estático de unos estantes repletos de obras. Salió adelante de la mano de su esposa, la también escritora Rebeca Murga; su hija Elizabeth y la talentosa Liany Vento. «Comenzamos a utilizar el lugar para hacer actividades culturales y literarias. Así el “sueño†se transformó en un proyecto cultural comunitario, y paso a paso, página a página, la pequeña librería logró extenderse hasta la comunidad, las escuelas y algunos centros de trabajo locales.
«Emprendimos otras iniciativas, como el Festival del Libro de Uso de La Piedra Lunar, concursos literarios, de poesía, minicuentos; pero sin dudas, nuestra competición más importante es el Concurso Latinoamericano de Novela Negra Fantoche », explica con orgullo.
Este último nació en el Encuentro Latinoamericano de Escritores de Novela Negra y se realiza habitualmente en noviembre con invitados de toda Cuba y algunos del extranjero. «Este año, con vacuna y disciplina, esperamos poder realizar como siempre nuestro evento con éxito ».
Otro de los proyectos a los que La Piedra Lunar ha dado vida se relaciona con la edición de textos, que «no se trata de la cantidad de libros, sino de la calidad. Los que imprimimos los estamos haciendo en coedición con editoriales extranjeras. Ojalá en algún momento las cubanas se incorporen a este tipo de iniciativa », expone Lunar.

Uno de los frutos de esta empresa es la publicación de la novela ganadora de Fantoche, que a decir del líder del proyecto se está realizando en colaboración con la editorial Nitro Press, de México.
La venta de libros en distintos espacios de la urbe santaclareña, el apoyo de los artistas de La Luna Naranja, Artex, el Centro Provincial del Libro, la Uneac, el Centro para la Atención a la Cultura Comunitaria, así como otras instituciones culturales de Santa Clara se han convertido en pilares que, según Lunar, «han salvado un poco el sueño y nos han ayudado a andar ».
Por su parte, el Taller Carlos Loveira es como el hermano mayor de La Piedra Lunar, y este mes cumple 20 años de fundado. Se trata de un taller literario con una trayectoria destacada, y sus miembros han publicado alrededor de 40 libros: «Si no es un récord, es un buen average », sonríe Lorenzo mientras relata años de duro trabajo y esfuerzo.
«Durante la primera etapa de confinamiento emprendimos la escritura de una novela colectiva la sexta que se escribe en Cuba; fue un ejercicio interesantísimo, cada semana un autor escribía un capítulo, al cual otro le daba continuidad a la semana siguiente. La novela titulada “Los días no cuentan†está en proceso de edición, y será publicada en conjunto con una editorial chilena ».

Ni siquiera la pandemia ha puesto frenos a este espacio, que ininterrumpidamente mantiene sus encuentros mediante las redes sociales, lo que ha permitido la interacción de antiguos miembros con los nuevos integrantes.
«Estamos en un momento espléndido, realizamos un festival de minicuentos, en nuestra página de Facebook ponemos los textos de los escritores que lo integran. Tenemos en proceso de edición “Santa pacienciaâ€, libro que involucra a 20 miembros y sus minicuentos, y queremos presentarlo al público el cuarto sábado de abril ».
El proyecto comunitario que saca adelante Lorenzo Lunar, junto a su familia y amigos, no solo ha conseguido la creación de un espacio de aprendizaje y esparcimiento para escritores locales, sino que se ha colado en la vida de los villaclareños. Libros raros y de uso, libros para todos, para lectores empedernidos, escritores emergentes y consagrados, libros para leer y para ser escritos…, el legado de un hombre que sabe que «el sueño se hace a mano y sin permiso ».