Más de medio milenio y Remedios continúa siendo un enigma. Bajo las sombras de una fundación, tan fantástica como cuestionada, los matices de sus leyendas se abren paso entre callejones y gentes; así, la octava villa de Cuba arriba este 24 de junio a sus 506 años.
Cuando en 1515 Vasco Porcallo de Figueroa fundó San Juan de los Remedios quizás no imagino que tantos años después la ciudad sería un verdadero museo vivo a cielo abierto. Su atractivo va más allá de los mitos y tradiciones que alimentan la historia, Remedios es un lugar donde el tiempo se detiene para dejarnos un paisaje tenue, reposado, la maravillosa estampa de la cubanidad.
Cual Macondo villaclareño, como sacada de una novela de García Márquez, a la altura de cualquier pueblo ficticio, hija de la mejor literatura, Remedios es una ciudad de transeúntes. El turismo de paso se convirtió en maña para quienes van y vienen desde Cayo Santa María hacia cualquier otro lugar, a sabiendas de que no detenerse en la Plaza Mayor supone un pecado imperdonable.

Su gente se ha movido únicamente por pasiones, por saberse únicos y mágicos en cada página de la historia. Y, a punto de mediodía, desde cualquier callejuela o desde la glorieta del parque José Martí, Remedios se estremece bajo los acordes de Caturla, y el amarillo incandescente de su religión tan católica y tan africana al mismo tiempo.
Doscientos años después también se respiran los aires de la tradición mayor de los remedianos, el misticismo de lo imposible hecho realidad. La parranda sobrevive a cualquier reloj porque su gente así lo decidió. La festividad mayor es un remanso de idiosincrasia, una lluvia de luz que cada 24 de diciembre ilumina, une y salva.
En 1980 el Centro Histórico fue declarado Monumento Nacional y en 2018 las propias Parrandas fueron elegidas por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Remedios, como dijese Eusebio Leal, es un diamante, una joya arquitectónica, humana y cultural donde la pasión mueve y la tradición une, la «Pequeña Patria » de un montón de soñadores.