Eusebio vuelve, en bronce, a andar La Habana

El presidente cubano, Miguel Dí­az-Canel Bermúdez, develó una estatua dedicada a Eusebio Leal, que fuera emplazada a la entrada del Palacio de los Capitanes Generales.

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Tomada de la edición digital del periódico Granma
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16 Noviembre 2021

El primer secretario del Comité Central del Partido Comunista, Miguel Dí­az-Canel Bermúdez, develó en la noche de este lunes una estatua dedicada a Eusebio Leal, nacida de las manos y el empeño de los escultores José Villa Soberón y Gabriel Cisneros Báez, su ayudante, que fuera emplazada a la entrada del Palacio de los Capitanes Generales.

Presidente cubano devela escultura de Eusebio Leal en la entrada del Palacio de los Capitanes Generales, en La Habana.
Villa Soberón explicó que la verdadera intención de la escultura era poderle devolver a La Habana Vieja la imagen de Eusebio andando en ella. (Foto: Estudios Revolución)

En ví­speras del aniversario 502 de la Villa de San Cristóbal de La Habana, pareciera como si el querido Historiador de la ciudad volviera a caminar sus calles, con varios libros en una mano y saludando a todos, un gesto común y cercano del más leal de los habaneros.

Esa estatua a tamaño natural es la que «hemos soñado para Leal, para perpetuar su legado, para que las nuevas generaciones tengan ese emblema en bronce », dijo Magda Resik, directora de Comunicación de la Oficina del Historiador, durante la sencilla ceremonia.

Escultura de bronce de Eusebio Leal, en el Palacio de los Capitanes Generales, en La Habana.
(Foto: Estudios Revolución)

Al artista, recordó Resik, le tomó un año realizar esta obra, que contó con el apoyo de muchos, entre ellos la Oficina del Historiador y la Fundación Caguayo, que dirige el maestro Alberto Lescay. Es una estatua que nos recuerda, en la interpretación personal del artista, a nuestro eterno Historiador de la ciudad, comentó.

Villa Soberón explicó a la prensa que la verdadera intención de la escultura era poderle devolver a La Habana Vieja la imagen de Eusebio andando en ella. Ha sido un trabajo muy complejo, valoró el reconocido artista, «porque es una persona muy querida y todo el mundo quisiera tener su propio Eusebio ».

La imagen con su mano derecha levantada, saludando siempre, es una de las que más lo distinguí­an, por eso nos parecí­a que el saludo era el gesto que podí­a identificar su imagen más cercana, explicó el escultor.

Luego de descorrer junto a Javier Leal, hijo de Eusebio, la sábana blanca que cubrí­a hasta entonces la escultura, el Jefe de Estado se dirigió al interior del Palacio de los Capitanes Generales hoy Museo de la Ciudad para develar también una tarja en honor al Historiador.

Justo encima del banco donde Eusebio se sentaba a compartir con sus colegas, con sus subordinados, con sus colaboradores de siempre y donde también se le veí­a solo en sus reflexiones diarias, ahora se lee: «Quise encerrar a La Habana Vieja en las paredes pétreas de un museo, pero ella me hizo prisionero de sus muros para siempre ».

Michael González Sánchez, director de Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador, consideró que no habí­a mejor lugar para esta tarja que el Palacio de los Capitanes Generales, donde Eusebio Leal empezó a trabajar con 17 años, un adolescente que la Revolución lo hizo crecer, y que pudo asumir responsabilidades en este mismo sitio.

Tarja en honor a Eusebio Leal, en el Palacio de los Capitanes Generales, en La Habana.
(Foto: Estudios Revolución)

Es muy simbólico estar inaugurando hoy en este lugar, precisó, la tarja de bronce que lo recuerda en el espacio í­ntimo del Museo. Fueron Argel Calcines, editor de la revista Opus Habana, y el escultor Leo D' Lázaro, los artí­fices de esta obra, junto a un equipo de la Escuela Taller.

En esta noche de homenajes a Eusebio y a su Habana, el mandatario también se dirigió hasta El Templete, lugar emblemático de la ciudad, donde el 16 de noviembre de 1519 se realizaron la primera misa y el primer cabildo de la Villa. Dí­az-Canel, junto a su compañera Lis Cuesta Peraza, y las máximas autoridades de la provincia y de la Oficina del Historiador, dio las tres vueltas a la ceiba, antiquí­sima tradición, en la que se camina contrario a las manecillas del reloj y se pide un deseo.

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