Dando «machete» al olvido de la historia

El reconocido periodista y escritor José Antonio Fulgueiras recibió el Premio Nacional de Periodismo Histórico por la Obra de la Vida, como reconocimiento a su entrega y dedicación a la honrosa labor de no dejar morir nuestro pasado.

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José Antonio Fulgueiras Domínguez, periodista y escritor.
osé Antonio Fulgueiras, un apasionado de la historia de Cuba. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Francisnet Dí­az Rondón
Francisnet Dí­az Rondón
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21 Febrero 2026

«¡Batazooo con las bases llenas!», exclamó, como en los grandes momentos del béisbol cubano, el querido y admirado periodista, escritor e investigador José Antonio Fulgueiras Domínguez, cuando recibió la noticia de ser merecedor del Premio Nacional de Periodismo Histórico por la Obra de la Vida en su última edición. Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), quien lo felicitó a nombre de todos sus compañeros y amigos, al informar el resultado escribió en su cuenta de Facebook:

Libros de José Antonio Fulgueiras.
Fulgueiras cuenta con una treintena de títulos vinculados a la historia.

«Nos da una alegría y un gran orgullo que el jurado, integrado entre la UPEC y la Unión de Historiadores de Cuba, reconozca la obra de este cronista y periodista excepcional que ya ostenta el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la vida. Fulgueiras es un apasionado de la historia cubana, no solo de la gran historia con sus hechos y personalidades relevantes, de los cuales ha escrito mucho y con ese desenfado distintivo de su obra profesional, sino además del menos abordado ángulo de la cotidianidad. De esos hechos que para algunos pueden ser menores, pero sin los cuales no se teje la grandeza de un país y de su gente […]».

No pocas obras han salido de su ardua labor periodística e investigativa a lo largo de su carrera; títulos como: El hombre por dentro (Editorial Pablo de la Torriente, 1994 y Capiro 2013), Gambia: el perfume de las raíces (Editorial Pablo de la Torriente, 2000), El nombre de mis ideas (Editorial Deportes, 2001 y Editorial Ciencias Sociales, 2009), Víctor Mesa: el béisbol en vida (Editorial Deportes , 2002), Cerca del Che (Editora Política, 2004 y 2008), El marabuzal (Editora Política, 2009 y Editorial Capitán San Luis, 2012), Un canario junto al Che (Editorial Benchomo, Tenerife, Islas Canarias), Los hombres de negro (Premio Memoria Centro Pablo de la Torriente, 2011), Diario de la Amistad (Editorial Ciencias Sociales, 2012), Periodista de provincia (Editorial Capiro, 2013), El Che se viste de blanco (Editorial Pablo de la Torriente, 2013), El Che regresa a Bolivia (Editorial Ministerio de Salud, La Paz, Bolivia, 2016), así como Y en eso llegó Fidel (Editorial Capiro, 2016), entre otros, lo avalan con creces.

Para la venidera Feria Internacional del Libro y la Literatura 2026 saldrán, bajo su firma, dos textos dedicados al Comandante en Jefe Fidel Castro en al año de su centenario titulados La primera autodefensa de Fidel, novela testimonial que saldrá con el sello de la Editorial Verde Olivo, y el de crónicas Con Fidel la Villa fue más clara, a cargo de Capiro.

José Antonio Fulgueiras en la cobertura periodística a un recorrido de Fidel por Villa Clara.
Fulgueiras (extremo derecho) cubriendo una de las visitas del Comandante en Jefe Fidel Castro a Villa Clara. (Foto: Archivo de Vanguardia)

En conversación con Vanguardia, Fulgueiras comentó sobre el porqué su pasión por la historia:

«Te voy a responder con una frase célebre que dice que el pueblo que olvide su historia está perdido. Una de las cosas que nosotros no podemos olvidar es la trascendencia de la obra internacionalista, de los que fuimos a Angola por la liberación de un país que prácticamente ni conocíamos. Lo hicimos porque somos cubanos y tenemos un ejemplo desde la Guerra de Independencia con Martí, Maceo, Máximo Gómez, quien fue uno de los primeros internacionalistas que tuvo Cuba.

«Ahí está también la historia de los médicos cubanos. He tenido la oportunidad de estar en tres países con ellos: en Angola, en Gambia —donde estuve un año e hice un libro titulado El perfume de las raíces— y en Venezuela, donde escribí Diario de la amistad. Allí publiqué una crónica de cuántos niños han salvado sus vidas gracias a los médicos.

«Escribí una crónica de un doctor pinareño que puso a caminar a un chiquito en Venezuela, a quien habían llevado a París y no tuvo resultado; mientras el cubano lo logró. Al punto que la familia lo hizo un santo allí, y dijeron que mientras quedara un solo miembro vivo de esa familia, lo venerarían poniéndole velas y ofrendas en un altar.

«El médico, con una humildad y nobleza tremendas, me decía: “Diles que me quiten de ahí, a mí me da pena eso”, y le respondí: “No te van a quitar porque tú eres un héroe, compadre. Pero tú no lo sabes”.

«Y esas son la gente que yo prefiero reflejar en mis crónicas. Por eso me gustó mucho lo que puso Ricardo Ronquillo, el presidente de la UPEC, cuando explica que yo he tratado siempre de hacer lo intranscendente, transcendente. Creo que esa es la mayor importancia que tiene un cronista y un historiador».

De los maestros y las nuevas generaciones

«De las nuevas generaciones pienso que mi fuerza fundamental radica en el acercamiento que tengo y lo bien que me llevo con los jóvenes historiadores y periodistas. Sé que ellos me quieren y se pusieron muy contentos cuando me dieron ese premio. También fui joven y recuerdo a la gente que me ayudaron, como Ifraín Sacerio, Roberto González, Jorge García, o Pedro Hernández, mi padre en el periodismo, quien me llevó a un periódico.

«Si tú olvidas eso de la la historia, de dónde tú vienes y lo que hiciste, estás loco, vas muy mal en la vida. Es lo que hago yo, escribir de esa historia andando por esas calles, como decía Rolando Pérez Betancourt, uno de los mejores cronistas que he leído en mi vida. Por ahí uno conoce a la gente, la historia, el folclor. Recuerdo a René Bastita Moreno, que encontraba historias donde nadie lo hacía. Esas son la gente de las que me he nutrido. Y mientras más estés con el pueblo, converses con la gente, que te hacen cuentos y anécdotas, verás que ahí está lo importante».

Periodismo, historia y literatura: una sola raíz

«Pienso que la Unión de Historiadores de Cuba debe acoger, como decía el difunto Aldo Isidrón del Valle, a los historiales por cuenta propia. No estoy seguro, por ejemplo, si Yamil Díaz es historiador, y es uno de los que más sabe en Cuba de Martí de los que he conocido. Siempre tiene algo nuevo del Apóstol, una investigación interesante. Él es un historiador de los grandes.

«Creo que la mayoría de los escritores somos historiadores, porque para hacer literatura hay que conocer la historia de los personajes de los que estás hablando. Y hay mucha gente que, como en mi caso, no pertenecen a la Unhic, y le hemos dado, pienso yo, prestigio a esa organización. También tengo una gran admiración por todos los historiadores.

José Antonio Fulgueiras junto a Abel Prieto.
Junto a Abel Prieto, presidente de Casas de las Américas. (Foto: Cortesía del entrevistado)

«Hay muchos escritores y poetas incluso que han sido grandes historiadores, como César Curbelo, por ejemplo, el mayor repentista que he conocido en mi vida de Sagua la Grande. Él le dijo una décima a una persona que decía:

El arte es como un Ten Cent / la décima una muñeca / que está en la biblioteca / y tus ojos no la ven.

«El que no tenga vista para ver en la calle la historia de la gente, no puede ser historiador; tiene que poseer una gran imaginación, antes que todo y saber dónde hallar las cosas. Por eso para mí ha sido muy emocionante recibir el premio.

«Si yo no soy como soy, no podía haber logrado los libros que tengo que ya son una treintena. Todos tienen un toque histórico, aunque sean humorísticos. Creo que el humor es muy importante también, porque grandes humoristas como Álvarez Guedes o Chaflán basaban sus presentaciones en historias cotidianas del guajiro, la gente de a pie. Y sabían hacerlo sin denigrar a las personas, porque lo más fácil es hacer un chiste denigrando, o siendo racista, para mí es lo más vergonzoso.

«Porque la historia en Cuba la han hecho los chinos, los negros, los blancos, desde los mambises. Como dice un poema de Raúl Ferrer que manifiesta:

Yo le tengo miedo /a todo lo negro. /A la negra noche /de brujas y muertos, / de ranas y gatos. / ¡qué miedo le tengo! / Y a los dos calderos / que como dos ojos / colgantes inmensos / hay en la cocina / de Juan el Fondero […]

Sin embargo, tengo / dos cositas negras / allá en el colegio / que son las dos cosas / que de allí más quiero: / el pizarroncito, / donde mi maestro / me explica las cosas del libro tercero, / para que mañana / conozca el derecho / que tenemos todos / los hombres del pueblo.

Y mi amigo Antonio, / mi amiguito negro /que se sienta conmigo. / Lo quiero / porque van tres años / de estudios y juegos. / Vinimos juntitos / del grado primero, / como en la manigua / juntos anduvieron / luchando por Cuba / su abuelo y mi abuelo, / para hacer la Patria de Martí y Maceo.

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