Deseos y círculos sobre la tierra

Tierra de Deseos huele a paisaje rural: a amaneceres de campo, surcos kilométricos, máquinas de riego y autos empolvados con el rojo de los suelos. Visual y narrativamente, responde a la hechura de melodramas latinoamericanos que perduran en el imaginario popular.

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Familia La Selva, de la telenovela brasileña Tierra de deseos.
Familia La Selva en Tierra de Deseos. (Foto: Tomada de Internet)
Lety Mary Alvarez Aguila
Lety Mary Alvarez Aguila
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14 Marzo 2026

Pocos capítulos faltan para que Tierra de Deseos llegue a su fin y, después de tantos giros, los cubanos sumarán otra producción a la inmensa lista de culebrones brasileños que han desfilado por nuestras pantallas. En casi nueve meses de emisión, los televidentes han emprendido un viaje de romances, venganzas, secretos y disputas familiares, aunque muchos cuestionen las dosis de verosimilitud. Lo cierto es que, gustos aparte, el drama de Aline y la familia La Selva posee un «enchape a la antigua» que puede resultar tan aplaudido como agotado para los públicos.

Tierra de Deseos huele a paisaje rural: a amaneceres de campo, surcos kilométricos, máquinas de riego y autos empolvados con el rojo de los suelos. Visual y narrativamente, responde a la hechura de melodramas latinoamericanos que perduran en el imaginario popular. Mantiene fórmulas exitosas de terratenientes con poder y humildes que claman justicia. Las tierras en juego aparecen, una vez más, como elemento clave en una premisa argumental.

Dentro de una historia que tanto nos recuerda a La Patrona, Doña Bárbara o, incluso, Tierra Brava, también emergen dilemas del corazón y una que otra pincelada de denuncia social, como se ha hecho típico en los libretos de Walcyr Carrasco —el autor— para el horario estelar en el gigante suramericano. El resultado nos vuelve a poner en contacto con el sello creativo de un Carrasco experto, veterano, conocedor de los recursos funcionales para una audiencia general y fuerte aliado de un humor de pastel para cualquier franja horaria. Sin embargo, Tierra de Deseos, ante la percepción de muchos, no se nutrió de grandes variaciones en su curso. Tal vez no sea la obra más redonda de su guionista (Responsable de éxitos como Chocolate con Pimienta, Rastros de Mentiras, El otro lado del paraíso y Dulce Ambición), pero vale reconocer determinadas fortalezas artísticas a su favor.

Bárbara Reis y Cauã Reymond como Aline y Caio.
Bárbara Reis y Cauã Reymond como Aline y Caio. (Foto: Tomada de Internet)

La novela nos presenta a Aline (Bárbara Reis), una joven que pierde a su marido tras un sabotaje orquestado por Antonio La Selva, temido y poderoso agricultor, con el fin de apropiarse de sus tierras. Madre de un hijo pequeño, y ahora viuda, la protagonista decide sembrar y cosechar en los terrenos que le pertenecen, mientras se envuelve en un triángulo amoroso con los herederos de su enemigo.

Pese a una sinopsis tan clásica, la trama se tuerce con muchas peripecias en el camino y eso, en cierta medida, puede tornarla más interesante. Todo as bajo la manga resulta válido si garantiza audiencia y atención. No obstante, Tierra de Deseos no ha escapado de lo predecible. Concebida originalmente como una telenovela muy extensa, lo ha abarcado todo (o casi todo): desde un té venenoso, muertes absurdas, personajes con funciones un tanto limitadas y círculos que diluyen o dilatan los aspectos narrativos más importantes.

No se trata de negar su misión de escape y entretenimiento, sobre todo si se trata de TV Globo y su capacidad de producir universos ficticios que ensalzan o deconstruyen a veces la idea de la novela tradicional. En ese sentido, Tierra… no es más de lo que se espera de ella. No busca enrevesarse para dialogar con sus destinatarios. Eso ha hecho de Walcyr Carrasco un «bolígrafo popular», no obstante, existen acá parlamentos repetitivos y escenas similares con efecto déja vú. No pocos recordarán las conversaciones frecuentes en torno a la sucesión o las pláticas de Irene y Aline sobre Daniel en los primeros episodios de la trama.

Quizás el hilo conductor, a estas alturas, no constituya el mayor atractivo, si tenemos en cuenta que Caio Aline, pareja principal, no roban suspiros con masividad. En contraste, otros personajes y subtramas han logrado suficiente carisma y simpatía a la hora de conectar con los espectadores (Kevin y Ramiro, Petra y Helio, Luigi, Anely, Lucinda, Marino…)

Más que un acierto, pudiéramos calificar como un verdadero sostén los roles de Irene y Antonio, encarnados magistralmente por Tony Ramos y Gloria Pires. Este binomio explosivo brilló en los roles de la villanía, aunque otros actores también tuvieron una participación encomiable. Tal es el caso de Eliane Giardini, en la piel de Ágatha y Susana Vieira, quien se lució como Cándida en los inicios de la historia.

Pronto nos despedimos de estas tierras polémicas y seductoras de Mato Grosso do Sul, pero el mes próximo esperamos a nuestros lectores para debatir críticamente acerca de propuestas televisivas.

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