Binge-watching y el consumo audiovisual

En los últimos años, el fenómeno del binge-watching o consumo excesivo de series y películas en plataformas de streaming ha transformado la manera en que los jóvenes se exponen al contenido audiovisual.

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NIño frente a la pantalla consumiendo un audiovisual.
Los menores son los más vulnerables al binge-watching debido a que tienen menos capacidad de autocontrol. (Foto: Tomada de Internet)
Alba Thalía Valle Gómez
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23 Marzo 2026

Las plataformas de streaming han modificado la forma en que vemos las series y películas. Lo que antes era una tradición —esperar pacientemente el estreno de cada episodio— ahora se reduce a largas sesiones frente a la pantalla. En resumen, ver temporadas completas en el menor tiempo posible.

A muchos nos ha pasado: empezamos a ver una serie o película y luego parece que no podemos parar. La trama nos atrapa a tal punto que vemos cuatro o cinco capítulos seguidos, y en ocasiones descuidando nuestras responsabilidades de estudio, trabajo o domésticas.

A ese maratón de audiovisuales se le conoce como binge-watching. Se trata de un hábito cotidiano que actualmente no solo modifica cómo consumimos, también redefine la industria cultural, las narrativas y hasta nuestra salud.

¿Binge-watching?

«Binge» básicamente significa «atracón», y «watching» se refiere al acto de ver televisión o contenidos audiovisuales. Por eso, el término describe la costumbre frecuente de ver capítulos de una serie —o muchos vídeos— de forma ininterrumpida durante horas.

Pareja mirando Netflix.
El binge-watching representa una dualidad: por un lado ofrece entretenimiento y por otro, afecta la productividad. (Foto: Tomada de Internet)

El término no se asentó en el imaginario colectivo hasta el modelo de lanzamientos de temporadas completas en plataformas como Netflix, a partir del 2013, comenzando con House of cards. A día de hoy, ese modelo coexiste con un retorno parcial del formato semanal de estreno, adoptado por cadenas como Disney+ o HBO Max, que buscan mantener el engagement durante más tiempo.

La expresión binge-watching se popularizó, justamente, por Netflix, al usarla de forma habitual para sus promociones en inglés y español. Pero con el auge de diversos estudios sobre este fenómeno la plataforma de streaming se ha desvinculado del término e, incluso, ha prohibido a sus actores mencionar esas palabras.

Relación causa-efecto

Muchas de las investigaciones arrojaron consecuencias negativas de la práctica continua del binge-watching. Una revisión sistemática de 28 estudios publicados entre 2013 y 2020, por ejemplo, analizó las motivaciones, los rasgos de personalidad y los riesgos asociados de las personas que siguen este comportamiento.

El trabajo concluye que el maratón de series puede ser una actividad positiva, entretenida y social, pero también un comportamiento compulsivo cuando se convierte en un mecanismo para evadir problemas o regular emociones negativas.

Para los investigadores, los casos más extremos de este atracón audiovisual se asocian con síntomas similares a la adicción: pérdida de control, deterioro de la salud, conflictos en las relaciones sociales, sentimientos de culpa y descuido de obligaciones.

Otra investigación desarrollada por expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en 2025, advierte dos nuevas consecuencias del binge-watching. Ambas afectan no solo la cognición, sino también la forma en que consumimos y nos relacionamos con la cultura audiovisual.

La «memoria de pez», primera consecuencia asociada, describe esa sensación de no recordar nada al empezar una nueva temporada de una serie. Según Elena Neira Borrajo, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Información y Comunicación de la UOC, es un fenómeno muy vinculado a los estrenos en bloque de temporadas, que suelen incitar al consumo en maratón.

Neira Borrajo explica que ver muchos capítulos seguidos de una serie afecta dos procesos básicos de la memoria: la codificación de información y la memoria a largo plazo. Pues el cerebro necesita tiempo para almacenar correctamente cada dato y poder recuperarlo más tarde, de modo que sea posible reflexionar, comentar o leer sin olvidar con facilidad el contenido.

Como segunda consecuencia identificada por los expertos de la UOC está el «efecto túnel». Este determina cómo los algoritmos de las plataformas de streaming condicionan el consumo. A pesar de contar con enormes catálogos y libertad teórica de elección, muchos usuarios terminan viendo siempre lo mismo o un contenido muy similar.

Juan Luis García Fernández, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, explica lo anterior desde la neuropsicología clínica: «Nuestro sistema atencional selectivo, mediado por las redes frontoparietales, está interferido por la motivación y la experiencia previa. Tiende a enfocarse en lo que espera que le guste, y deja fuera lo que considera irrelevante».

Todo esto genera la llamada «visión en túnel», en la que solo percibimos una parte del catálogo, la sugerida por el algoritmo y la más acorde con nuestros gustos. El experto advierte que, si siempre dejamos que los algoritmos decidan por nosotros, condicionamos de manera progresiva lo que consumimos.

«Es como si el cerebro se acostumbrara a no tener que decidir, sino a elegir, y cuanto más reducida sea la cantidad de títulos que elijamos, más condicionados podemos estar», sentencia. Según García Fernández, «la plasticidad cerebral depende de las cosas a las que nos enfrentamos y los nuevos aprendizajes que tengamos en nuestra vida».

Ver contenido predecible no bloquea la plasticidad por completo, pero sí puede reducirla: si todo lo que consumimos es predecible, la adaptación a nuevos retos y aprendizajes se reduce. En cambio, explorar contenidos fuera de la zona de confort activa regiones frontales del cerebro asociadas al pensamiento crítico y el fortalecimiento de la reserva cognitiva.

A favor de la memoria: el tiempo

Hoy día, la instantaneidad domina las formas de consumo audiovisual. Antes, el tiempo de espera entre capítulos permitía que la historia se asentara. El espectador tenía días, meses o años, para pensar en lo que había visto, para reconstruir mentalmente la trama y hasta para anticipar lo que vendría.

Ese tiempo espaciado era un aliado de la memoria. Y aunque hoy el binge-watching genera un recuerdo fuerte e inmediato, este se deteriora más rápidamente que los formados tras ver episodios a la «vieja guardia». Es decir: recordamos mucho luego del maratón, pero olvidamos más pronto que quienes ven un capítulo al día o a la semana.

A ello contribuye que actualmente haya mucha más variedad donde elegir. De acuerdo con datos de FX Networks, en la década de los 90 había unas 40 series originales al año en EE. UU., y en 2022 se alcanzó la cifra de 599. Además, el estudio revela algo igual de sorprendente: quienes ven una serie en maratón disfrutan menos que quienes la ven de a poco.

Mando de TV y pantalla con nuevo capítulo.
Espaciar el visionado, elegir de forma consciente y explorar más allá de los algoritmos, mejoran la experiencia y también benefician la salud cognitiva. (Foto: Tomada de Internet)

Esto puede sonar contradictorio, porque el binge-watching es la forma de consumo preferida por millones de personas; pero los datos apuntan que una cosa es disfrutar de la plataforma —la comodidad, la libertad, la aparente sensación de control— y otra muy distinta, disfrutar del contenido.

«Cuando ves seis episodios seguidos, los recordatorios narrativos, los giros y las repeticiones que están pensadas para aparecer una vez por semana, se acumulan en pocas horas, y eso puede generar saturación o incluso aburrimiento. Al menos a mí, me sucede», confiesa Karla, una chica de 21 años.

El tiempo de espera entre capítulos, ese que antes parecía una tortura, era en realidad un regalo para la memoria y evitaba, precisamente, ese efecto que describe Karla. Por eso, hoy también recordamos menos. No porque las series sean peores, ni porque nuestra memoria haya mermado, sino porque las consumimos de una forma que imposibilita retenerlas.

El binge-watching puede afectar tanto a la memoria sostenida del contenido visto como a los niveles de disfrute autodeclarados de la serie, y plantea una pregunta interesante: si recordamos menos y disfrutamos menos, ¿por qué seguimos haciéndolo?

Quizás por la comodidad, por la inmediatez o por esa sensación de control que ofrecen las plataformas. Son muchas las posibles respuestas; sin embargo, la clave está en ser conscientes del tiempo dedicado al consumo audiovisual y establecer límites. Así, el binge-watching puede ser parte del ocio moderno sin convertirse en un obstáculo.

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