Rafael Abdala, un artista con pasión

El reconocido artista de las artes visuales Rafael Abdala García Touza falleció el pasado 9 de junio en Santa Clara, cuya partida deja un vacío en la cultura villaclareña.

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Rafael Abdala García.
Rafael Abdala García fue uno de los más sobresalientes creadores de las artes visuales villaclareñas. (Foto: Tomada de Internet)
Francisnet Dí­az Rondón
Francisnet Dí­az Rondón
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14 Junio 2026

Una gran pérdida para la cultura villaclareña, en esencial para las artes visuales, constituyó el fallecimiento del reconocido escultor y profesor Rafael Abdala García Touza, el pasado 9 de junio en la ciudad de Santa Clara luego de una dura batalla contra el cáncer.

Graduado en 1989 de la entonces Escuela Vocacional de Artes (EVA) de Santa Clara Olga Alonso González (hoy Centro Provincial para la Enseñanza Artística - CPEA) y de la Escuela Profesional de Artes de Trinidad Oscar Fernández Morera, en 1994, Rafael Abdala sobresalió como un destacado creador, reconocido por su talento profesional y la dedicación a la enseñanza artística.

El Centro Provincial de las Artes Visuales de Villa Clara manifestó  en su página oficial de Facebook que Abdala fue un artista cuya obra trascendió el taller para dotar a nuestros espacios públicos de un inmenso valor simbólico.

Rafael Abdala García Touza.
Rafael Abdala García Touza, junto a la escultura del gran escritor Ernest Hamingway, en el bar El Floridita de La Habana.  (Foto: Tomada de internet)

«Nos lega piezas de una fuerza visual innegable y un magistral manejo de la figura humana, como el conjunto dedicado a Abel Santamaría en Encrucijada, la escultura de S.S. Juan Pablo II, su presencia artística en Cayo Las Brujas y «El Buen Pastor» en la Iglesia del Buen Viaje.

«Pero su grandeza no solo se forjó en la materia, sino en las aulas. Como profesor de la Academia Leopoldo Romañach y del CPEA desde el año 2001, formó a múltiples generaciones de profesionales. Quienes compartieron con él lo recordarán siempre como un docente exigente y temperamental, pero inmensamente terrenal, humano y un gran amigo de sus estudiantes», argumentó la institución cultural.

Asimismo, la Diócesis de Santa Clara, con la que tuvo un estrecho acercamiento profesional, reflejó su cercana amistad con el obispo, Mons. Arturo González Amador, de ahí que realizara varios encargos de obras para la iglesia católica de Santa Clara: los relieves que adornan el monumento conmemorativo a San Juan Pablo II, o la escultura de Jesús Buen Pastor que recibe actualmente a los que llegan a la puerta del Obispado.

También, varios amigos y compañeros de años de Rafael Abdala también expresaron su pesar por la partida del gran artista. El pintor Amílkar Chacón Iznaga recordó como un hombre de carácter, caprichoso, irreverente por excelencia,  pero con una gran sensible. Y agregó que «también era amigo de sus amigos, y de aquellos que, por un tiempo, tuvieron cierta distancia con él. No los abandonó. Nunca del todo. Esa presencia de él, de cierto modo, quedó martillando».

El conjunto escultórico donde se ubica el monumento dedicado al Papa Juan Pablo II en Santa Clara, una de las obras más reconocidas de Abdala.
El conjunto escultórico donde se ubica el monumento dedicado al Papa Juan Pablo II en Santa Clara, una de las obras más reconocidas de Abdala. (Foto: Tomada de Internet)

Sobre su desempeño artístico, manifestó:

 «Cuando pienso en su obra, vuelvo a una escultura que no buscaba solo dar forma. Buscaba vida. Y a la vez, la sofocaba hasta el límite. No le importaba la apariencia del resultado final. Para él, desde el principio, la energía era el resultado. La pieza no era un objeto: era presencia, fuerza, algo que se sostuvo desde el origen.

«En cada una de sus piezas, en cada conjunto —porque era un maestro en eso— hay un pulso. Una tensión. Nace de la mirada sobre el cuerpo, del dominio del volumen y el espacio. No es obra fría, ni hecha para complacer. Tiene respiración propia. Decisión. Carácter.

«Su dibujo era parte de cómo pensaba. No lo usaba como trámite, sino como lenguaje. Con un dominio anatómico firme, seguro, pero sin perder la expresión. Llegaba a la figura con claridad, algo que pocos tienen. Sabía dónde iba cada línea, cada plano, cada gesto. Esa precisión le permitía embarcar cada obra con energía contenida, como si ya estuviera “viva” antes de ser tocada», destacó.

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