Martí­nez Heredia, siempre presto a combatir

Fernando Martí­nez Heredia murió en la madrugada del lunes 12 de junio, mientras escribí­a en su casa, un infarto cardiaco puso fin a su vida.

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Tomado de la edición digital del periódico Granma
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13 Junio 2017

Fernando Martí­nez Heredia murió en su puesto de combate. En la madrugada del lunes 12 de junio, mientras escribí­a en su casa habanera, un infarto cardiaco puso fin a su vida. Contaba 78 años de edad y era reconocido como uno de los más brillantes y consecuentes pensadores cubanos del último medio siglo.

Fernando Martí­nez Heredia, filósofo cubano fallecido el 12 de junio de 2017.
Fernando Martí­nez Heredia. (Foto: Anabel Dí­az Mena)

Al crecer en Yaguajay, al centro de la Isla, donde nació el 21 de enero de 1939, fue testigo de la explotación capitalista en un paí­s convertido en neocolonia. Campesinos empobrecidos, mambises preteridos y trabajadores rurales y de la industria azucarera ví­ctimas del tiempo muerto mostraron al adolescente, que ayudaba al padre en el taller de reparación de calzado, una realidad que debí­a ser cambiada.

Transitó de la simpatí­a a la participación en los afanes revolucionarios, desde su implicación en la lucha contra la dictadura hasta su ingreso en las milicias e incorporación a los planes de preparación de personal docente para la revolución educacional desatada a raí­z del triunfo de enero de 1959.

En 1963 pasó a formar parte del claustro de la Universidad de La Habana donde dirigió el Departamento de Filosofí­a y fundó la revista Pensamiento Crí­tico.

Con posterioridad, Fernando asumió múltiples tareas en el campo de la investigación y la docencia, tanto en el Centro de Estudios de Europa Occidental y el Centro de Estudios de América como en el Instituto Juan Marinello, del Ministerio de Cultura, en el cual creó la cátedra Antonio Gramsci y se desempeñó como director general de la entidad.

Por sus méritos intelectuales, además de varios nombramientos académicos, resultó distinguido con el Premio Nacional de Ciencias Sociales (2006), el Premio Nacional de Investigación Cultural (2015) y el tí­tulo Maestro de Juventudes, que confiere la Asociación Hermanos Saí­z. Era miembro del Consejo Nacional de la Uneac y del Capí­tulo Cubano de la red En Defensa de la Humanidad y en el orden internacional destacó su colaboración con el proceso sandinista en Nicaragua, sus contribuciones a los programas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Madres de Plaza de Mayo, en Argentina.

Fernando fue elocuente al decir que la participación directa en el turbión revolucionario lo llevó a la teorí­a, a la vez que concibió esta última como un eslabón imprescindible para la práctica transformadora.

Ello se hace visible en su producción editorial, compuesta por numerosos artí­culos publicados dentro y fuera de la isla, y libros como Desafí­os del socialismo cubano (1988), Che, el socialismo y el comunismo (1989, Premio Casa de las Américas), Repensar el socialismo (2001), El corrimiento hacia el rojo (2002), En el horno de los noventa (2005), El ejercicio de pensar (2011), Socialismo y marxismo (2014, junto al filósofo argentino Néstor Kohan) y A la mitad del camino (2015).

Los grandes temas de su obra fueron los aportes de la Revolución Cubana, y particularmente Fidel y el Che, al marxismo contemporáneo, los vasos comunicantes entre Cuba y las luchas antimperialistas y anticoloniales de los pueblos del llamado Tercer Mundo, la deconstrucción de la hegemoní­a capitalista, la recuperación y vigencia del legado marxista-leninista, y la posibilidad y viabilidad del triunfo del socialismo.

A Fernando le fascinaba debatir, interrogar, conocer. Estimuló y orientó la investigación de jóvenes intelectuales y a la vez sabí­a escuchar.

En el centro de tales convicciones, dos paradigmas: Martí­ y Fidel. A uno siempre lo consideró «mi maestro mayor ». Ante la partida del Comandante en Jefe, escribió un texto luminoso en el que expresó: «Fidel aprendió a ser, a la vez, patriota y socialista. A alimentarse del magisterio de Martí­ y a estudiar a Marx y Lenin, para poder plantearse bien la época en que viví­a, sus conflictos fundamentales y las ví­as y métodos de la lucha por la liberación. A mi juicio, esta es una lección invaluable que nos ha brindado a la mayorí­a de los seres humanos del planeta, que hemos sufrido durante medio milenio la gigantesca empresa criminal de la universalización del capitalismo, genocida y destructora sistemática de las vidas, las cualidades y las esperanzas de miles de millones de personas ».

Atendiendo a su voluntad, los restos mortales de Fernando fueron cremados. Sus cenizas serán expuestas este martes, entre las 2:00 y las 4:00 p.m. en la funeraria de Calzada y K, en El Vedado, donde acudirán a rendir homenaje póstumo al notable intelectual sus colegas, discí­pulos, amigos y lectores de su obra. (Pedro de la Hoz)  

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