Una Revolución hecha amor

Veintidós adolescentes de la escuela especial Solidaridad con Panamá festejaron sus quince años con un invitado muy especial: el presidente cubano Raúl Castro Ruz.

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Raúl Castro carga niña de la escuela especial Solidaridad con Panamá.
Raúl cargó a los más pequeños, les preguntó por sus estudios y les prometió volver pronto. (Foto: Estudios Revolución)
Rayma Hernández Garcí­a
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12 Abril 2018

Pocas fechas en la vida de un joven son recordadas con más añoranza que la noche de los quince años. El traje blanco, el vals, las flores, las fotos, los nervios, la compañí­a de los padres y el primer amor juvenil se agolpan de un tirón en el instante mágico del brindis.

Y si esa noche sucede en un lugar extraordinario, entonces las emociones llegan a lí­mites inimaginables. Así­ lo vivieron este miércoles de abril veintidós adolescentes de la escuela especial Solidaridad con Panamá que celebraron sus quince primaveras junto a un invitado muy especial: el presidente cubano Raúl Castro Ruz.

Raúl Castro comparte con adolescente de la escuela especial Solidaridad con Panamá.
(Foto: Estudios Revolución)

Algunos en sillas de ruedas, otros caminando, llegaron a la pista de baile con sus parejas. Vestí­an de blanco impecable y llevaban la alegrí­a dibujada en el rostro. Mientras, por el altavoz se escuchaba el nombre de cada uno y el de sus padres, sus canciones preferidas, el perfume que usan, la comida que adoran, la música que escuchan, el signo del zodiaco y el nombre de sus amores hasta entonces secreto.

No importó la discapacidad   fí­sica o intelectual. Como cualquier joven cubano a su edad, ellos también disfrutaron su vals de quinceañeros. Eran dos muchachas y veinte muchachos, cada uno cumpliendo su sueño esa noche.

Desde un costado de la pista Raúl hizo suya la alegrí­a de estos jóvenes y de sus familias. Se le veí­a la felicidad y así­ se los hizo saber al terminar la danza.

«Estoy muy emocionado », les confesó. Cuando veo cosas así­ admiro más a Fidel, que en 1989, año muy difí­cil para nuestro paí­s, fundó esta escuela, cuando no sabí­amos ni cómo í­bamos a subsistir. «Por escuelas como estas estamos dispuestos a darlo todo ».

Raúl Castro comparte con adolescente de la escuela especial Solidaridad con Panamá.
(Foto: Estudios Revolución)

«Yo creo que es una de las obras más hermosas, más bonitas y más justas de la Revolución », aseguró ante padres, familiares, maestros, trabajadores e invitados que se juntaron esa noche para hacer felices a los 171 niños con limitaciones fí­sico-motoras de todo el paí­s que allí­ se forman y son cuidados con extremo amor.

Luego se tomó fotos con los homenajeados; conversó con ellos, incluso uno le habló de su bisabuela, quien fuera amiga de Vilma; cargó a los más pequeños, les preguntó por sus estudios y les prometió volver pronto.

Ya antes la directora de la institución, Esther La O Ochoa, le habí­a agradecido a Raúl por estar allí­, por la alegrí­a de sus niños, por darle continuidad a la obra del Comandante Fidel, que el 31 de diciembre de 1989, cuando la familia cubana festejaba ese fin de año, él estaba aquí­, fundando nuestra escuela.

«Desde entonces la hemos amado, la hemos cuidado », dijo quien, desde hace años, se ha entregado a hacer realidad el sueño de Fidel en la escuela Solidaridad con Panamá, un lugar donde la Revolución se ha hecho amor. (Yaima Puig Meneses y Leticia Martí­nez Hernández)

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