Girón, la victoria

Por la validez de este testimonio ofrecido por Ramón González Suco, 20 años atrás, decidimos rescatarlo en ocasión de conmemorarse el aniversario 63 de la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina.

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Fidel y combatientes de Playa Girón.
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y un grupo de combatientes en Playa Girón. (Foto: Archivo de Granma)
Ángel Pérez
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18 Abril 2024

Ramón González Suco, jefe de escuadra del Batallón 339, de Cienfuegos, tuvo el honor de comandar el grupo de milicianos que primero se enfrentó a los mercenarios que atacaron por Playa Girón en abril de 1961.

Veinte años atrás este hombre comprometido y audaz nos brindó un testimonio que, por su validez, rescatamos en ocasión de conmemorarse el aniversario 63 de la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina.

Según Suco, como todos lo conocen, el domingo 16 de abril de 1961, en horas de la noche, ancló en aguas de la bahía de Playa Larga el barco Blagar, con cuya acción comenzaba la invasión mercenaria. Un rato después, el grupo de combatientes del «339», dirigidos por él, divisó una lancha en la que venían seis mercenarios, los que al ser avistados por los milicianos recibieron el alto y un disparo, tras el cual comenzó un fuerte tiroteo, causándole cuatro bajas al enemigo.

Ramón González Suco, combatiente de Playa Girón.
Ramón González Suco evoca los días de combate en Playa Girón. (Foto: Ángel Pérez)

«Comunicamos del desembarco al Central Australia, donde nos dicen que resistiéramos hasta lograr unirnos a los hombres que avanzaban por la carretera en dirección a Playa Larga. Sin embargo, ante la superioridad enemiga y ya sin balas, los enemigos lograron hacernos prisioneros, amenazando con matarnos a todos», contó González Suco.

Cuando se produjo el desembarco, y después de un desigual combate, la sensatez les aconsejó a los cinco milicianos y tres alfabetizadores allí presentes, ocultarse en uno de los edificios en construcción que había en Playa Larga, donde también estaban presentes algunos obreros de la obra y un grupo de guajiros, contó el combatiente, quien conservaba en su memoria lo sucedido aquel día:

«Caminaba entre grandes cajas, tenso, sin ver a nadie, cuando una sombra se me encimó, poniéndome en alerta. En ese instante, un golpe en la nuca me hizo sentir que se escapan los ojos de las órbitas. Luego, otros dos o tres fuertes golpes en la espalda me hicieron caer al suelo. Perdí la noción de todo y un sabor a sangre me invadió la boca. No veía y casi no podía respirar. Poco a poco fui volviendo, hasta sentir que me llevaban a rastras tomado por brazos y piernas. Halaron de mis barbas. Alguien gritó que me pusiera de pie. Cuando logré hacerlo, tuve un fuerte enfrentamiento con uno de los mercenarios, que resultó ser el jefe de Inteligencia».

Una vez trasladados todos los prisioneros a un lugar cercano, ocurre un hecho que, según Suco, demuestra la calaña y la ignorancia de los invasores. Uno de los mercenarios se fijó en el alfabetizador que estaba a su lado y le dijo:

—¿Y de qué es ese uniforme? —De alfabetizador, respondió el muchacho. —¿Y eso qué es? —Enseño a leer al que no sabe, recalcó el joven. —¿Eres comunista? —No, soy fidelista.

«Pero todos los que simpatizan con Fidel son comunistas», dijo medio bravo el forajido, a lo cual contestó el muchacho: «Bueno, entonces seré comunista sin saberlo, pero soy fidelista». Ante esa respuesta, fue empujado y maltratado por el mercenario con la punta del fusil.

Por suerte, la pronta llegada de refuerzos y del grueso de las tropas cubanas a la zona, posibilitó la huida de los invasores y que el grupo de prisioneros salvaran su vida

Preludio de la invasión

Amanecía en la capital el sábado 15 de abril de 1961, cuando dos aviones enemigos, camuflados con las insignias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, surcaron el cielo para sembrar la muerte. Cuentan los protagonistas de aquellos hechos que el estampido de las bombas arrojadas sobre el aeropuerto de Ciudad Libertad se escuchó en gran parte de la ciudad. Las mortíferas cargas arrebataron la vida y la tranquilidad de La Habana en solo segundos.

También la base aérea de San Antonio de los Baños y el aeropuerto de Santiago de Cuba fueron víctimas del arrebato imperial, que bajo el amparo de los aviones B-26 que, esa misma madrugada, habían despegado de Puerto Cabezas, Nicaragua, pretendían destruir la naciente aviación cubana y despejar, así, el camino para la invasión por Playa Girón.

El ataque pretendía hacer creer a la opinión pública internacional que en Cuba estaba teniendo lugar una rebelión interna, una falacia que no encontró asidero en ningún sitio. Tras la confusión inicial y el sorpresivo bombardeo, la defensa antiaérea hizo frente al ataque, haciendo retroceder a las ocho naves enemigas, una de las cuales resultó derribada por la artillería de la joven Revolución.

El joven Eduardo García Delgado fue uno de los siete cubanos que cayeron esa mañana mientras rechazaban la agresión. Tenía apenas tenía 23 años de edad y, antes de morir, escribió con su propia sangre el nombre de Fidel.

Un día después, en 23 y 12, durante el sepelio a las víctimas, el Comandante en Jefe Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana, advirtiendo que: «Si este ataque aéreo fuese el preludio de una invasión, el país en pie de lucha resistirá y destruirá con mano de hierro cualquier fuerza que intente desembarcar en nuestra tierra». El ataque del día 15 había sido el preludio de la invasión. Horas después, ya se combatía en las arenas de Girón.

Fidel, artífice de la victoria

La derrota de la invasión mercenaria por Playa Girón fue la culminación de un programa de terrorismo de Estado del gobierno estadounidense para eliminar la triunfante Revolución cubana. Resultó, además, la consumación de una guerra sucia sin precedentes, que vio frustrado su más cara anhelo: asesinar a Fidel Castro Ruz.

En las arenas de Girón se jugaba el destino de la naciente Revolución y se defendía el socialismo, el proyecto social que Fidel había proclamado el 16 de abril de 1961, apenas un día antes de marchar a repeler la invasión mercenaria.

Fidel dialoga con milicianos en Playa Girón.
Fidel dialoga con milicianos durante la Invasión a Playa Girón. (Foto: Joaquín Viñas/ Prensa Latina).

La Operación Pluto, como se le bautizó, había sido aprobada por el presidente Eisenhower el 17 de marzo de 1960, y fue el proyecto más poderoso jamás organizado por la CIA de los Estados Unidos. Para concretar ese plan, una brigada contrarrevolucionaria, armada, entrenada y transportada por EE.UU., arribó por la Ciénaga de Zapata, al sur de la antigua provincia de Las Villas, en la madrugada del 17 de abril de 1961.

Ante la agresión todo el pueblo se movilizó. El Ejército y las Milicias, dirigidos por Fidel, contraatacaron de inmediato. En poco más de 60 horas de duros combates fueron derrotados los mercenarios, que se rindieron en Playa Girón al atardecer del día 19 de abril. Más de 150 combatientes revolucionarios murieron y varios civiles fueron asesinados por la aviación de los invasores.

Girón representó no solo la continuidad y fortalecimiento del socialismo, sino la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América Latina. Como dijera Fidel, el principal artífice de la victoria, a partir de entonces los pueblos de América fueran un poco más libres.

El propio Comandante en Jefe, al hacer el recuento de aquellos días gloriosos, afirmó: «La importancia de Girón no está en la magnitud de la batalla, de los combatientes, de los hechos heroicos que allí tuvieron lugar; la gran trascendencia histórica de Girón no es lo que ocurrió, sino lo que no ocurrió gracias a Girón».

La unidad del pueblo en torno al líder de la Revolución y su acertada estrategia, en la que contó con la asesoría de un hombre de la talla de José Ramón Fernández, posibilitó la victoria. Una foto histórica, tal vez la más icónica de Girón, muestra al líder de la Revolución tirándose del tanque T-34, una vez destruido un barco enemigo. Ese era Fidel, el primero en todo, el que nunca le temió al peligro, el que aún nos continúa guiando en el nuevo Girón de estos tiempos.

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