El Gallo Mayor, ahora enfundado en la piel de los Tigres avileños como refuerzo de la III Liga Élite, disparó su incogible 2503 ante el lanzador César García en el estadio Mártires de Barbados, bajo el sol quemante de la legendaria ciudad de Bayamo, en el oriente de la Isla.
Era cuestión de tiempo que Cepeda rompiera el abrazo de casi un día con otro mítico de nuestro béisbol, el tunero Dánel Castro, único pelotero con 30 series nacionales jugadas, cuatro más que las acumuladas por quien desde este miércoles es el hombre jit en Cuba.
Cepeda sacudió su primer imparable el 16 de noviembre de 1997 en el parque José Antonio Huelga de su natal Sancti Spíritus ante un picheo del zurdo matancero Ariel Tápanes, según consta en los archivos del estadístico Benigno Daquinta.
Desde entonces, fueron creciendo sus “espuelas” en el béisbol y devino en uno de los mejores bateadores cubanos de todos los tiempos: exquisito tacto, sostenido poder y disciplina en home, méritos que llevaron al estelar narrador en Grandes Ligas Ernesto Jerez a decir que Cepeda hubiera brillado también en la Gran Carpa.
Ahora, con casi 45 años de edad, sigue siendo un virtuoso con el madero, aunque su nombre haya sido borrado antes de tiempo de la candidatura para la selección nacional, cuando pudo ser el único jugador cubano con los cinco clásicos mundiales en su currículo.
Pero Cepeda dejó pasar esa bola mala en su carrera y se enfocó en jugar con la misma hidalguía para su público, alimentando una leyenda que rebasa estadísticas y lo coloca, simbólicamente, en el medio de un lineup de jugadores históricos que enorgullecen al país entero.
Cada jit salido de su bate será un récord y confirmación de que el béisbol, además de talento, exige constancia y amor al deporte, virtudes que porta en el pecho Frederich Cepeda, quien hace muchos años dejó de ser patrimonio exclusivo de Santi Spíritus para ascender al Olimpo beisbolero como el Gallo Mayor de Cuba. (Norland Rosendo González)