Declaración del Minrex: Fracasa provocación anticubana

El gobierno cubano decidió negar el ingreso al territorio nacional a ciudadanos extranjeros vinculados con los intentos de provocación contra Cuba.

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Minrex
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22 Febrero 2017

Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba

Medios internacionales de prensa difundieron en las últimas semanas la intención del secretario general de la OEA, Luis Almagro Lemes, de viajar a La Habana a fin de recibir un «premio » inventado por un grupúsculo ilegal anticubano, que opera en contubernio con la ultraderechista Fundación para la Democracia Panamericana, creada en los dí­as de la VII Cumbre de las Américas de Panamá, para canalizar esfuerzos y recursos contra gobiernos legí­timos e independientes en «Nuestra América ».

Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.El plan, tramado en varios viajes entre Washington y otras capitales de la región, consistí­a en montar en La Habana una abierta y grave provocación contra el gobierno cubano, generar inestabilidad interna, dañar la imagen internacional del paí­s y, a la vez, afectar la buena marcha de las relaciones diplomáticas de Cuba con otros Estados.Tal vez algunos calcularon mal y pensaron que Cuba sacrificarí­a las esencias a las apariencias.

Al espectáculo serí­an arrastrados el propio Almagro y algunos otros personajes derechistas que integran la llamada Iniciativa Democrática para España y las Américas (IDEA), la cual también ha actuado de forma agresiva en los últimos años contra la República Bolivariana de Venezuela y otros paí­ses con gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina y el Caribe.

El intento contó con la connivencia y apoyo de otras organizaciones con abultadas credenciales anticubanas, como el Centro Democracia y Comunidad y el Centro de Estudios y Gestión para el Desarrollo de América Latina (CADAL); y el Instituto Interamericano para la Democracia, del terrorista y agente de la CIA Carlos Alberto Montaner. Además, desde el año 2015, se conoce el ví­nculo que existe entre estos grupos y la Fundación Nacional para la Democracia de Estados Unidos (NED, por sus siglas en inglés), que recibe fondos del gobierno de ese paí­s para implementar sus programas subversivos contra Cuba.

Al conocer de estos planes y haciendo valer las leyes que sustentan la soberaní­a de la nación, el gobierno cubano decidió negar el ingreso al territorio nacional a ciudadanos extranjeros vinculados con los hechos descritos.

En un intachable acto de transparencia y de apego a los principios que rigen las relaciones diplomáticas entre los Estados, las autoridades cubanas se pusieron en contacto con los gobiernos de los paí­ses desde donde viajarí­an esas personas e informaron, trataron de disuadir y de prevenirla consumación de esos actos.

Como establecen las regulaciones de la aviación civil internacional, las lí­neas aéreas cancelaron las reservaciones de los pasajeros al conocer que estos no serí­an bienvenidos. Unos pocos fueron reembarcados. Hubo quien buscó manipular los hechos en función de estrechos intereses polí­ticos dentro de su propio paí­s, de cara a los procesos internos que en ellos tienen lugar.

No faltaron pronunciamientos de defensores de falsos perseguidos, socios de pasadas dictaduras y polí­ticos desempleados dispuestos a aliarse con vulgares mercenarios, al servicio y en nómina de intereses extranjeros, que no gozan de reconocimiento alguno dentro de Cuba, viven de calumnias insostenibles, posan como ví­ctimas y actúan en contra de los intereses del pueblo cubano y del sistema polí­tico, económico y social que éste eligió libremente y ha defendido de forma heroica.

En cuanto a Almagro y la OEA, no nos sorprenden sus declaraciones y actos abiertamente anticubanos. En muy corto tiempo al frente de esa organización, se ha destacado por generar, sin mandato alguno de los estados miembros, una ambiciosa agenda de autopromoción con ataques contra gobiernos progresistas como Venezuela, Bolivia y Ecuador.

En ese perí­odo se han redoblado las arremetidas imperialistas y oligárquicas contra la integración latinoamericana y caribeña y contra la institucionalidad democrática en varios de nuestros paí­ses. En una ofensiva neoliberal millones de latinoamericanos han retornado a la pobreza, cientos de miles han perdido sus empleos, se han visto forzados a emigrar, o fueron asesinados o desaparecidos por mafias y traficantes mientras se expanden en el hemisferio ideas aislacionistas y proteccionistas, el deterioro ambiental, las deportaciones, la discriminación religiosa y racial, la inseguridad y la represión brutal.

¿Dónde ha estado la OEA, que siempre ha guardado cómplice silencio frente a estas realidades? ¿Por qué calla? Hay que ser un trasnochado para intentar venderle a los cubanos «los valores y principios del sistema interamericano » frente a la dura y antidemocrática realidad engendrada por ese mismo sistema. Hay que tener escasa memoria para no recordar que, en febrero de 1962, Cuba se alzó solitaria frente a ese «cónclave inmoral », como lo denominó Fidel en la Segunda Declaración de La Habana. Cincuenta y cinco años después y con la compañí­a de pueblos y gobiernos de todo el mundo, es menester reiterar, como aseguró el Presidente Raúl Castro, que Cuba nunca regresará a la OEA.

José Martí­ alertó que «ni pueblos ni hombres respetan a quien no se hace respetar (…) hombres y pueblos van por este mundo hincando el dedo en la carne ajena a ver si es blanda o si resiste, y hay que poner la carne dura, de modo que eche afuera los dedos atrevidos ».

En Cuba no olvidamos las lecciones de la historia.


La Habana, 22 de febrero de 2017  

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