Vaticinar en pelota es como el clásico reto de la ruleta rusa, fácilmente puedes caer abatido sin dar el primer criterio. Pero antes de ponerse a riesgo ante el azar de la única salvadora o letal bala, intentemos aproximarnos a las posibilidades del elenco cubano Sub-23, en el Campeonato Mundial que comenzó este jueves, y del cual no conocíamos el resultado del debut frente a Puerto Rico.
Uno de los elementos que nos acercaría a ese fin pasa por la alineación que vimos ayer. Es un orden al bate coherente, que mezcla en su delantera la versatilidad ofensiva y el poder, con un eje central con recursos al ataque y, si bien su cierre cae, al menos en los indicadores que van a los libros conecta con el borde inicial.
Los Cristian son muchachos de mucho dinamismo en el terreno. Rodríguez, primer madero, es el torpedero villaclareño, de excelentes manos, con 340 en el torneo casero de la categoría, en el que tuvo línea de 407 en OBP, 469 en slugging y 875 en ops. El habanero Hildago fue uno de los cuatro hombres por encima de los 400 en el último nacional Sub-23, con excelsa trilogía de 542/667/1209.
Esa pareja debe producir la materia primera para que tercero, Pedro Pablo Revilla, y cuarto, Guillermo García, ambos en el beisbol profesional japonés, coronen la producción. El guantanamero pegó 26 cuadrangulares en la 61 Serie Nacional y el granmense ya fue MVP de una final para que su equipo ganara la edición 60.
En el quinto, sexto y séptimo el mentor Alain ílvarez logró una terna de velocidad en las bases, buen contacto y, además, con solvencia en batazos de largometraje. Yuri Fernández, el pimentoso antesalista villaclareño, decidió el torneo local de la categoría y fue clave en la clasificación a este Mundial, lograda en el Panamericano de Aguas Calientes, justa en la que Puerto Rico cedió ante Cuba por 6-2. En tanto, Dany Oramas es un pelotero interesante, pues al cienfueguero le falta muy poco para ser ese talento de cinco herramientas: tiene tacto, es veloz y buen robador de bases, y no le falta fuerza a su swing. Cierra ese segmento el avileño Dairon Montalvo, quinto en promedio de bateo en la lid local, con 389 y sobresaliente línea de 560/500/1069.
Andrys Pérez, el receptor de los Cocodrilos, y Carlos Rodríguez, segunda base de Las Tunas, son los puntos menos sólidos de la ofensiva, pero el enmascarado es hoy uno de los mejores de su posición y, aun cuando no tiene los parámetros de sus compañeros, no es un out fácil, sabe resolver con el bate los momentos más complejos de los juegos. Igual ocurre con el joven leñador, por su explosividad e ímpetu, que lo sincronizan con la proa de la alineación.
Encuentra respaldo en un pitcheo con vanguardia en los brazos zurdos, algo de lo cual adolecía la pelota cubana. Naikel Cruz y Oscar Hernández son hombres de esa mano, y los primeros abridores. Tendrán detrás a un bullpen comandado por quien, a nuestro juicio, es uno de los más grandes talentos de nuestra pasión nacional, el derecho Marlon Vega, también dentro del circuito japonés, a quien lo acompaña otro de un mundo de perspectivas, el pinareño Frank Abel ílvarez.
Pero hay que ser objetivo, esta es una categoría sin estar Estados Unidos en el Mundial–, poblada de calidad. De los boricuas que enfrentamos, muchos habitan las ligas menores estadounidenses, y están dirigidos por un ícono del Borinquén, como Igor González. México asiste con una pléyade de prospectos, lo mismo que Japón, Sudcorea, Taipéi de China o Venezuela. No será un campeonato fácil, aunque tampoco inaccesible para Cuba, pero si los bates no cantan, no hay concierto.
Puerto Rico ya es historia, hoy el rival es Australia. (Oscar Sánchez Serra)