En el Brasil de los años 50, muchas mujeres conocían su rol, pero algunas estaban dispuestas a cambiarlo. Conquistar la independencia en distintos ámbitos no resultaba tarea fácil, pues los entornos machistas y las ideas conservadoras hacían frente a las aspiraciones de transformar el mundo con una falda. Incluso, se juzgaba o ridiculizaba a aquellas que planteaban una meta entonces «imposible».
En ese contexto se enmarca Cosa más linda, la producción de la plataforma Netflix que actualmente ocupa las noches de martes, jueves y sábado en la señal de Cubavisión. Y, a pesar de que se ha transmitido en otras ocasiones, es probable que varios televidentes tengan ahora su primer encuentro con esta serie ¿Vale la pena? ¿Debemos revisitarla? Existen varias razones que la hacen atractiva e interesante. Aunque recordamos siempre la complejidad y subjetividad en los gustos del espectador, hoy le dedicamos nuestra sección.
Cosa más linda sigue la historia de Maria Luiza (Malu), una joven adinerada que se muda de São Paulo hacia Río de Janeiro, con el propósito de abrir un restaurante junto a su esposo. Pero su llegada a la ciudad carioca no le trae una sorpresa agradable: descubre que su marido la abandonó y, además, se largó con todo el dinero.
Invadida por la furia y la decepción, la protagonista se ve obligada a comenzar de cero en una urbe muy diferente, lejos de su hijo, rodeada de sitios y personas que le ensenarán otros colores y sabores. Con la ambición de establecer un club de música, comienza una búsqueda de su libertad y autodeterminación, a la vez que goza de nuevas y exquisitas experiencias.
En algunos aspectos, el seriado de dos temporadas parece compartir elementos de un melodrama tradicional. Quizás por ello encaje en el espacio de la telenovela de turno. Sin embargo, no podemos olvidar su concepción narrativa y estética como producto destinado al streaming, lo que implica un consumo más selecto. Hablamos de una serie, con todas sus letras, con su ritmo característico y especificidades estructurales en los episodios. Cosa más linda incluye escenas de sexo y contenidos que tal vez una novela limitaría según el horario.
La hechura visual del dramatizado proporciona deleite. Con una fotografía cálida y refrescante, nos trasladamos al Río de la época, a sus playas y calles, a escenarios donde florecen las melodías de la bossa nova. Y precisamente este género musical funciona en la serie como algo más que un componente sonoro. Su auge impulsa a varios personajes, sobre todo a Malu, quien decide llevar la bossa nova a su club para el disfrute de los visitantes.
Pero el hecho de ser mujer le propina golpes por el camino. Tras su llegada conoce a Adelia, una empleada doméstica negra y analfabeta. En ella, Malu encuentra la amistad y el apoyo incondicional. Aparecen figuras femeninas como Lígia (amiga de la infancia de Malu), una ama de casa que sueña con cantar, sin embargo, se somete a un marido violento y posesivo. Lígia vive bajo la imposición de quedarse en casa y formar una familia, como si fuese su único rol posible. Por otra parte, Thereza trabaja en la redacción de una revista como la única mujer en plantilla. En el día a día, observa cómo sus superiores niegan oportunidades a las féminas y solo las perciben como objetos decorativos sin talento o capacidades reales.
En ese trasfondo social radica la riqueza de Cosa más linda. Existe un collage que muestra diversas aristas: los poderosos, los políticos, los músicos, la vida en los barrios humildes, el panorama musical emergente, la mezcla de ricos y pobres, el racismo, el machismo y la discriminación.
Cuatro mujeres luchan por llegar a lo «no permitido», por encontrar su lugar en el mundo ante miradas que las señalan y escandalizan. Sobre eso (y un poco más) versa la serie, la cual resultó bien acogida por la crítica especializada. Intensa, colorida y muy placentera, Cosa más linda garantiza el entretenimiento, pero también invita a la reflexión desde su telón de fondo.
- Los nombres de los personajes están escritos con su variante original en portugués