
La parada colocada increíblemente en la mismísima entrada principal del Centro Provincial de Artes Visuales (CPAV) de Santa Clara, en la calle Máximo Gómez, ha traído no pocos sinsabores a trabajadores y visitantes a la institución. Al ruido y el humo de las guaguas y motonetas que afectan el local, se suman las molestias causadas por personas de la cola, que conversan en voz alta, ponen los pies en la pared y dejan desperdicios en el piso.
En honor a la verdad, nunca antes se había visto una parada en la puerta de una institución, a sabiendas de los contratiempos que ello provocaría. Mucho menos, en un lugar de tanta importancia para la cultura de la provincia, donde se exhiben obras de arte de no poco valor monetario y patrimonial, por lo que todo cuidado es poco.

Las veladoras del CPAV han tenido que cerrar la puerta y las ventanas varias veces, pues les resulta casi imposible hacer su trabajo por la gente recostada a la entrada o por la impertinencia de algunos que hasta piden sillas para esperar la guagua cómodamente. No es que se le niegue un favor a una persona mayor o con algún problema físico, pero la institución no está para prestar esos «servicios ».
Cabe mencionar que a la hora de inaugurar una exposición o evento en la galería resulta engorroso para los visitantes acceder al local con la cola atravesada en medio de la puerta, o con los ómnibus que pueden llegar en el mismo instante de la apertura.
Esta parada ha estado situada en distintos lugares: en el edificio de la emisora CMHW durante un tiempo, frente al restaurado y flamante Hotel Central, y ahora en la entrada del CPAV.
José Alejandro Morales González, vicepresidente del Consejo de la Administración de Santa Clara y jefe de la Comisión Municipal de Seguridad Vial, aclaró que no resultó esta una decisión unilateral ni personal, sino colectiva. A partir de «propuestas de los diferentes grupos de trabajo, incluso de la Comisión del Partido, y la aprobación del Grupo de Vialidad », se acordó trasladar la parada para la actual posición.
No obstante, manifiesta que podría valorarse con los especialistas de Tránsito cambiar la señalética de la entrada de la institución hacia otro lugar donde no cause tantos contratiempos.
Además, otra de las desventajas de dicha parada es la ausencia de techo o portal donde guarecerse, y, por lo explicado, el Centro no debe usarse para ello.
La ubicación de las paradas en el centro de la ciudad no constituye un asunto fácil de resolver por todo lo que implica para viajeros y para las edificaciones donde se coloquen. Complacer a todo el mundo resulta imposible; no obstante, nunca está de más consultar, intercambiar y dialogar no solo con especialistas e ingenieros, sino también con los responsables de esos inmuebles donde se pretende colocar la parada, pues así pudiera lograrse una solución más acorde y justa para todos.