Las venturas de David

La producción tabacalera, en tecnologías de tapado y sol en palo, se afianza en Santo Domingo, a partir de los estimados previstos y las perspectivas de extender áreas de cultivo en ese municipio.

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Veguero
El joven veguero, a pesar de los resultados productivos que estiman los especialistas, disfruta con las perspectivas de un aprendiz campesino. (Foto: Luis Machado Ordetx)
Luis Machado Ordetx
Luis Machado Ordetx
@MOrdetx
402
02 Abril 2024

En la finca La Piedra, en El Cerrito, quienes llegan a laborar la tierra para producir cultivos varios y tabaco —en fomento al sol y tapado—, asumen la perspectiva de una inmensa familia, que va de surco en surco con el propósito de aumentar los volúmenes de cosechas.

El joven David Benavidez Pérez, asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Conrado Benítez, en Santo Domingo, se anima a pensar en una mayor extensión de áreas para el fomento tabacalero en la próxima campaña. Cuando el «embullo» por el veguerío rondó por su cabeza decidió buscar asesoramiento técnico, y algunos en el municipio especularon que aquello sería una locura. ¡Nada de eso! Los resultados ya se obtienen en el campo.

David Benavidez Pérez, un campesino que, desde su finca, sueña con mayores producciones en los cultivos que atiende en áreas en usufructo. (Foto: Luis Machado Ordetx)

Tal es así que, desde hace 12 años, luego de renunciar a la transportación de pasajeros en un coche particular, su periplo agrícola va en crecimiento. Dispone de 30 hectáreas de fértiles suelos con cultivos en desarrollo (10 de tomate de semilla, 6 de plátano extradenso Fhiat 04, así como 3 de yuca de diferentes clones, 1.5 de cebolla y ahora 5 de tabaco), y en el futuro prevé ampliaciones de superficies. Todas las recolecciones tienen sus correspondientes contratos estatales, y logra, además, abastecimientos a dos mercados agropecuarios en los repartos Condado y José Martí, en Santa Clara, a los cuales también dirige una parte de los acopios semanales.

Encantamiento agrícola

La caña de castilla, o güin, sobre la cual se colocan hojas ensartadas en pares y  colgadas dentro de la casa de tabaco, se extiende en áreas de los vegueros de la entidad estatal. (Foto: Luis Machado Ordetx)

«En la casa jamás existió mucha tradición familiar por el fomento de la tierra. De la labranza y de los cultivos poco conocía, excepto buscar hierbas y forrajes para alimentar a los animales. Hasta que probó con la solicitud de suelos en usufructo, adecuar las áreas, buscar semillas, sistemas de riego, asesoramiento técnico y apretar el cinturón con las plantaciones», recalcó el joven agricultor.

«Nada de caprichos. Quise “ensayar” con el cultivo de tabaco, y en octubre comencé a preparar la siembra de una hectárea de vegas de sol en palo. ¡Ya usted ve! Casi simultáneamente aparecieron otras cuatro hectáreas de siembra, entre las cuales se incluye una de la tecnología de tapado. En estos meses, ahora en cosecha, por los rendimientos estimados apenas alcanzará un cuarto de la casa de beneficio para recibir toda la rama verde, y estoy pensando en levantar otra…   

«Le dije que de tabaco no sabía nada. Busqué el asesoramiento requerido. Ahí siempre apoyó Ismael Izquierdo González, el director de la Unidad Empresarial de Base Santa Clara, perteneciente a Acopio y Beneficio de Tabaco La Estrella, y también el especialista Frank Páez. Hay un profesor, un veguero que se prolonga en hermano, a quien no puedo olvidar: Yudenys Ceballos Silverio, campesino de la CCS Ramón Pando Ferrer, en Santa Clara. Él sin desatender su finca es la mano derecha, y el consejero diario para prestar la debida vigilancia al cultivo.  No sé qué sería sin ellos: son motores impulsores para llegar a lo que tengo».

Las sistemáticas cosechas de cultivos varios garantizan los contratos estatales y donaciones de alimentos.(Foto: Luis Machado Ordetx)

De las venturas que reporta el cultivo de tabaco, Benavidez Pérez recalcó que sin desviar recursos asignados al fomento del veguerío, también las otras plantaciones reciben sus beneficios. «Tengo un tractor en funcionamiento, gracias a Tabaco La Estrella, y de ese modo transporto cosechas y personal agrícola. Aquí hay unos 60 trabajadores fijos, y dispongo del concurso de estudiantes del municipio. La alimentación de todos la garantizamos con las siembras dispuestas en la finca», comentó.

Nada aquí, respondió con humildad el campesino, «decaerá y en tabaco definimos crecimientos en áreas de tapado, por los resultados que se obtengan, y serán buenos según el criterio de los especialistas. También los cultivos varios irán en aumento. Ahora vaticinamos recoger unos 4000 quintales (400 toneladas) de tomate para selección de semilla, y las siembras de yuca, plátano y cebolla dejarán positivos resultados», refirió.

Agrandar el surco

Los cuatro hijos de David, el agricultor, desandan por los surcos. Alguno, luego de estudios escolares vencidos, devendrá  excelente campesino. Así se inclina el más pequeño que de un lado a otro está junto al padre.

Fragmento de una plantación de tabaco tapado que augura excelentes rendimientos agrícolas. (Foto: Luis Machado Ordetx)

Allí, con los trabajadores del campo se  funda conciencia familiar. «Un problema hogareño, o personal de uno, también es preocupación de todos. En la medida que satisfacemos los contratos estatales en cultivos varios, entregamos alimentos a centros escolares del municipio. El 31 de diciembre del pasado año, en Santo Domingo, cuando otros festejaban el fin de año, dejaba donaciones a niños de Santo Domingo. Ahora, por iniciativa de la UEB Santa Clara, a la cual pertenezco, como otros vegueros asociados a la entidad, llevamos suministros de nuestras fincas al hogar de niños sin amparo familiar radicado en el reparto Escambray, en la capital provincial».

«Es una satisfacción permanente. Soy hijo de padres divorciados y sé cuánto representa para un niño la mano fraterna de otros. Abrazo a los niños cuando acudo a hacer donaciones, no por lo material que uno entrega, sino por la solidaridad y el calor humano que se reporta en cada acto. Así lo veo cuando todavía no rebaso las cuatro décadas de vida», recalcó.  

Así es David, aquel antiguo cochero dominicano que, en producción agropecuaria, recorre los plantíos ataviado con el acostumbrado sombrero de yarey de alas anchas. Allí está entre surcos para acariciar otras venturas…

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