Julio César, de los jóvenes que ofrecen su corazón

La superación constante lleva a este trabajador de la aeronáutica cubana a  ampliar su horizonte laboral en la terminal aérea internacional de Santa Clara.

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«El aeropuerto de Santa Clara es mi vida», confiesa el joven trabajador Julio César Águila Bernia. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Ricardo R. González
Ricardo R. González
@riciber91
92
06 Mayo 2024

Un día de 2005 llegó al aeropuerto internacional Abel Santamaría, de Santa Clara. Novato al fin y al cabo, recorría las pasarelas en busca de su futuro, y fueron muchas las maletas que descargó de las aeronaves en aquella primera encomienda nada indigna ni minúscula, porque concilió su aval para emprender el camino; sin embargo, ese empeño de superarse corría por las venas y se propuso nuevas aspiraciones.

Con esa premisa, Julio César Águila Bernia estudió idiomas y a la par hacía cursos de adiestramiento en Formatur vinculados al ejercicio gastronómico hasta que, en 2007, abrió el salón VIP (Very Important Person, por sus siglas en ingles) y optó por la plaza que hoy ocupa.

La sesión ofrece una atención personalizada e inmediata desde que el viajero u otra personalidad llegan al recinto. Algunos ya con previa reservación, y apenas se abre la puerta Julio César marcha raudo y ofrece la bienvenida. Con su uniforme impecable, que combina las tonalidades de azul, vence la barrera idiomática e inicia la interacción.

«No solo es propiciar la oferta gastronómica disponible, sino tributar un conjunto de atenciones en torno a sus inquietudes, a las dificultades que pudieran presentar desde el punto de vista aduanal, junto a los trámites migratorios, el equipaje, pasaportes... en fin,    un apoyo a los visitantes», subraya.

Así, el coordinador de atención a delegaciones nacionales y extranjeras, en compañía de su equipo, mantiene el servicio diseñado para aplicar los requerimientos de las agencias de viajes vinculadas al aeródromo santaclareño, el tercero más importante en el país.

«Son emisores de turistas, a través de cayo Santa María, con los turoperadores de Gaviota y Havanatur, entre otras, además del pasajero de último momento y los contratos de quienes viajan en primera clase».

—¿Cuántas horas de labor?

—Varían, resulta un trabajo intenso, pero me complace. Comenzamos bien temprano, cuando aún ni se deja ver el sol, y ya sobre 4:30 o 5:00 de la madrugada estamos prestos a las funciones. Nos vamos pasadas las 10:00 o las 12:00 de la noche porque no existe un horario cerrado, los aviones pueden retrasarse o tener imprevistos, y el reloj avanza casi sin darte cuenta y superas el cansancio.

—Dicen algunos que eres el mejor del país en tus funciones.

—Eso es porque nos damos a querer en la colectividad, pero no considero que sea así. Dentro de los servicios de la aviación hay muchos que lo hacen bien y son excelentes, lo que sí he sido trabajador vanguardia en múltiples ocasiones en el aeropuerto.

—¿Cómo contribuye el VIP al aporte económico de la terminal aérea?

—Los ingresos del salón tienen resultados significativos para nuestra instalación, en las últimas etapas superan los 2 millones de pesos.

—¿Consideras que llegaste al punto máximo en tu oficio?

— Ni remotamente, pudiera decir que soy un aprendiz de cada día con un poco más de experiencia. Si de verdad sientes la Gastronomía tienes que pensar en cómo ser mejor que ayer y lo nuevo que puedas aportar mañana a base de la superación continua, del respeto a los semejantes, a tus compañeros. Revisarte y autocriticarte, he aquí pilares básicos.

 Hablas de superarte. En tu mundo, ¿qué significa esta constancia?

—Ya llevo 17 años en el oficio. La escuela diaria te aporta lecciones básicas en asignaturas que no puedes dejar pendientes. Se necesita llegar a la excelencia para satisfacer a los clientes. Las tendencias en el mundo han cambiado y te obligan a superarte al máximo. En el orden personal nunca dejo de hacerlo.

— El tiempo pasa y los años también, ¿qué se espera de ti?

—Formar a las nuevas generaciones y ayudar a las personas que ingresan a interiorizar el amor por su trabajo, que se sientan identificados con lo que hacen, a ser el verdadero cubano solidario que tanto necesitamos.

—Eres joven, pero si te pido adelantar muchos calendarios, ¿te jubilarías aquí?

—El aeropuerto es mi vida.

Una pausa, y con un gesto de las manos prefiere no continuar la conversación, la voz se entrecorta y aflora la emoción.

Así es Julio César, el joven que exterioriza lo que siente, forjado con los valores engendrados por su familia, el que ofrece su corazón con la inigualable dimensión humana de quienes hacen, siembran la semilla del bien y le aportan a la vida.

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