
Quienes transitan por las carreteras de Caibarién agradecen el trabajo. En el ir y venir de transeúntes y vehículos, las frases «ahora sí», «¡qué bueno está quedando!» y «ya hacía falta que le pasaran la mano» resuenan ante el monumental cangrejo que acoge y despide a los visitantes en la Villa Blanca.
Ya los carros no reducen su velocidad mediante maniobras para surfear los temidos baches. Ahora, un tono oscuro advierte la novedad del suceso. La tarea encomendada amerita el reconocimiento. Caibarién recibe a sus invitados en forma óptima. El Circuito Norte de Villa Clara se despide con nuevos aires.

Entre las principales acciones para el desarrollo del norteño municipio está su plan de urbanización. Dentro de las actividades que hoy se acometen en tierras cangrejeras se incluye la solución de varias de las deficiencias presentadas por el territorio.
La pavimentación de vías estratégicas para el tránsito hacia y desde enclaves de la ciudad, la reconstrucción de las redes hidráulicas y el restablecimiento del sistema de tratamiento de desechos sólidos dentro de los repartos Van Troi 1 y 2 forman parte de las prioridades que deben atender con urgencia las entidades y la gobernación caibarienenses. Para ello, autoridades, pueblo y trabajadores implicados en las obras mantienen la exactitud de los relojes suizos.
«Esta es una carretera de interés nacional —afirma Lourdes Mariela Legorburo Machado, máster en Ingeniería Civil y especialista en obras del centro provincial de Vialidad—. No es solo la entrada de Caibarién. Este tramo corresponde a la carretera del Circuito Norte y constituye la antesala de uno de los principales polos turísticos del país. Por lo tanto, lleva su período de remodelación y mantenimiento».
Los hombres del asfalto
Ante el cierre de las operaciones por parte de las brigadas de Acueducto y Alcantarillado, Ricardo y sus muchachos inician la labor. Llevan casi dos décadas devolviendo a la vida kilómetros de carretera que, a todo lo largo y ancho, componen nuestro archipiélago. Para ellos, el tiempo resulta relativo, pero la calidad debe ser excelente.
«Después de que la brigada de Acueducto acometió su obra, nosotros iniciamos la pavimentación del tramo vial que da entrada al pueblo de Caibarién. Cuando la industria está lista y empiezan a llegar los camiones con el asfalto, desplegamos los equipos en la vía y comenzamos a trabajar», comenta Ricardo Rodríguez Rojas, jefe de la brigada de pavimentación de la Ecoing 25, empresa que brinda apoyo a las labores de remozamiento del municipio más apegado al destino turístico de cayo Santa María.
«Primero que todo sustituimos la capa de asfalto para atenuar los desniveles existentes. Luego se vierte una capa de asfalto caliente, de cuatro centímetros, y se comienza el trabajo con los equipos para lograr la calidad requerida. Esta es una vía donde confluyen, prácticamente, todas las afectaciones y una serie de empresas, por lo que su cooperación ha sido muy necesaria», explica Legorburo Machado.

Alrededor de 1500 toneladas de asfalto remozan los 1200 metros existentes entre el fortín y el cangrejo que dan la bienvenida a Caibarién. La seguridad vial en carreteras tan concurridas constituye una prioridad. Casi dos millones de pesos del fondo de inversiones fueron destinados a esta obra, pues la necesidad de una reparación era urgente.
La situación económica que vive el país varió el proyecto inicial. Sin embargo, la búsqueda de alternativas implantó nuevas soluciones al problema. Ante la incógnita sobre la continuidad de las obras, la especialista del Centro de Vialidad manifestó:
«Cuando se termine la pavimentación, se van a retacar los paseos con material de relleno. Esto completará la sección típica del circuito, que se extenderá hasta el consejo popular Reforma. Además, se está trabajando en el mantenimiento del tramo de la circunvalación y la doble vía que unen el puente número 1 de cayo Santa María y la salida hacia Yaguajay. Con dichas obras habrá un panorama más favorable para la seguridad vial en el municipio».
«Hacía rato que no teníamos un mantenimiento en Caibarién. La planta de aquí se mantuvo detenida por un bien tiempo. ¡Menos mal que estamos de vuelta!», expresa Félix García Becerra, operador del cilindro.
«La brigada ha pasado por varias calles y muchas obras; incluso, hemos cumplido en otras provincias, como Holguín, La Habana y el puerto del Mariel. Hemos estado en todos los mantenimientos de la comunidad y estuvimos ahí cuando se hizo el pedraplén», asegura García Becerra.
Trece trabajadores visten chalecos fluorescentes a lo largo de la calle. Voces de mando guían la tarea. Los grandes equipos desfilan sobre la gruesa capa de oscuridad. Las altas temperaturas suelen ser una costumbre asumida. Detrás de la pavimentadora, la pala y el rastrillo eliminan las imperfecciones del terreno.
«La brigada es un colectivo bastante unido. Si tengo que coger una pala o un rastrillo, montarme en un equipo y asumir un trabajo que no sea el mío, lo hago. Nunca he dicho que no a algo. Aquí todos somos iguales y hacemos lo mismo», relata Vicente Omar Gallego, chofer con dos décadas de experiencia entre el asfalto y los caminos.

«El trabajo en el cilindro es complicado. No se trata solo del sol y las calles. El cilindro es el que les da la dureza y la firmeza a los apartados. A veces tienes que dar ocho pases a cada una de las partes», explica el operador de dicha máquina.
El ayudante y el rastrillero son los encargados de supervisar las juntas. En los empates no puede haber poros ni desniveles. Todo debe quedar parejo y con la mayor calidad posible. Después del cangrejo, la hoja de ruta continúa el trayecto hacia el puente número 9 del pedraplén. El hijo pródigo necesita de ellos.
Caibarién viste de gala por estos días. Sus vías de acceso adquirieron un nuevo color. El desvío de la entrada ya es un grato recuerdo. En el trayecto inicial, quizás, no se encuentren grandes equipos y concentraciones de personas, pero el beneplácito es popular. Ricardo y sus muchachos cumplieron la obra. Hoy, La Villa Blanca luce con nuevos bríos.