Dos mujeres, un legado

Idalmis Pedrosa Robles y Valia Rodríguez Santiesteban comparten más que vínculos sanguíneos: las unen la pasión, el compromiso y la dedicación a la FMC

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Idalmis y Valia Teresa, dos mujeres que comparten vida e ideas.
Idalmis y Valia Teresa, dos mujeres que comparten vida e ideas. (Foto: Lety Mary Alvarez Aguila)
Lety Mary Alvarez Aguila
Lety Mary Alvarez Aguila
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23 Agosto 2025

Idalmis y Valia Teresa no solo comparten sangre y techo. Una misión ancestral las junta en el camino de actuar como personas de bien. Pasión, interés y convicción se trasmitieron de la abuela a la nieta, mediante un canal donde los valores humanos también resultan hereditarios. Aunque aparentemente distanciadas por una línea generacional, ambas se complementan en discurso y acciones. La fortuna de ser mujeres y, más que eso, federadas cubanas, las impulsa al altruismo constante y la entrega diaria.

Desde la intimidad del hogar que las abriga, Vanguardia conversó con quienes mantienen una importante labor dentro de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en territorio villaclareño.

Raíz y corazón 

Idalmis Pedrosa Robles nació en el mismo lugar donde reside. Jamás se ha mudado de allí. El barrio Tato Madruga, en Santa Clara, representa el cuartel que, hasta la fecha, custodia sus ideas y pasos.

«Mi mamá estuvo entre las mujeres que fundaron la FMC en la zona. Yo vivía en una finca donde solo había dos familias, pero existían otras aisladas. Con esas mujeres se empezó a trabajar.

«Recuerdo que a mi madre le tocó una época difícil. Lo que hoy se ve fácil, en aquel momento no lo era. Triunfaba la Revolución, había mucho machismo y los hombres no le permitían a la mujer realizar determinadas tareas. Yo, desde pequeña, acompañaba a mi mamá y trabajaba con ella».

A los 14 años, Idalmis se desempeñaba como secretaria general de la delegación, y comenzó el tránsito hacia el Comité Provincial de la organización, núcleo donde se mantiene. A lo largo de su vida laboral, compartió sus encomiendas de federada con la actividad en otros sectores. Dirigió en el movimiento obrero, fungió como secretaria del buró sindical de la división del Ejército Juvenil de Trabajo (EJT) y asumió, igualmente, el buró sindical de la división de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria (DAAFAR) Centro. Además, como secretaria general comandó a los civiles de las FAR y fue organizadora de la CTC en Villa Clara.

«Mi amor por el movimiento obrero está vivo. Le dediqué mis años jóvenes, me formó como cuadro y tengo mucho que agradecerle en el plano sindical, pero mi vida de comunidad se la debo a la FMC. Pienso que ahí, y en las comunidades, se ha encontrado la parte más sensible».

Idalmis Pedrosa y su nieta Valia Rodríguez.
Idalmis Pedrosa Robles se enorgullece de la familia que construyó. (Foto: Lety Mary Alvarez Aguila)

Pedrosa Robles, quien, pese a los distintos cargos de dirección, nunca ha abandonado la función de secretaria general de su bloque, rememora con especial cariño los inicios de los años 90, cuando se fundó la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia.

«Había cumplido mi misión en la CTC provincial, donde atendía la esfera de Organización. Vinieron a hablar conmigo para que ocupara una responsabilidad en la Federación, pero luego surgió la Casa. En aquel momento, me enamoré de la tarea de ser profesora de adiestramiento en esa institución».

Existe una pasión clave en su trayectoria. Más allá de un ente femenino en potencia y tras las fatigantes misiones que la sociedad le ha encargado, sobresale una mujer que hace magia con sus manos, que apuesta por la belleza y la imagen. Su dedicación a la peluquería no podría quedar fuera si un día se recogen sus memorias.

Este arte de transformar cabellos resultó vital en los albores de la Casa de Orientación, sitio donde impartió e imparte clases a personas que hoy obtienen su título de estilistas. Lo que comenzó con apenas 15 mujeres graduadas de peluquería, se ha moldeado con el paso del tiempo para que, hombres y féminas, reciban una preparación mejor. Lo que había iniciado como la inclinación de una muchacha que, a los 11 años, pelaba a esposas e hijas de los trabajadores de su padre, después se sumó como aporte valioso en los quehaceres de la FMC.

Sin embargo, la actualidad agita a Idalmis con retos aún mayores. A pocas jornadas de haber concluido la formación de un nuevo grupo de estilistas, la sensibilidad la trasladó a entornos recónditos, en los cuales diversas familias requieren prioridad.

«¿Dónde recae hoy nuestra fuerza fundamental? En la atención a vulnerables. Prácticamente cada semana los visitamos y verificamos si ha surgido alguna situación nueva, pues hay que trabajar con ellos. Necesitan ayuda.

«Considero que la Federación en general, incluso las mujeres que no son federadas, debemos atender a esas familias. Tenemos acá una compañera que practica una religión, y cuando estuvimos en cuarentena ella asumió, junto a nosotras, la tarea de entrar a la zona crítica, y se unió a la FMC y a las organizaciones, porque percibió el grado de sensibilidad que tenemos con la comunidad. Llamamos a todas las mujeres. Esto constituye un problema de todos: mujeres, hombres, jóvenes. Precisamos de mucha humanidad, que seamos sensibles ante el dolor de otros.

«Si no te duele el dolor ajeno, no sientes la necesidad de ayudar. A veces las personas lo pueden apreciar como algo comercial. Los que me conocen saben que no me gustan las cámaras de televisión ni las entrevistas, porque creo que debemos ser humildes, sencillos, solidarios. Eso tiene que caracterizar a la FMC, a todos. Para nadie es un secreto que nos encontramos altamente bloqueados. No hacemos nada con criticarnos unos a otros. Quienes critican, en ocasiones, son los que menos hacen. Hay que asumir esto como una cuestión de unidad».

Ante el supuesto desafío de establecer un orden para sus tareas de la Federación, Idalmis colocaría en primer lugar a las personas en situación de vulnerabilidad en cualquier bloque. A propósito de tal acción sistemática, agregó que asegura un funcionamiento sólido y estable de la organización. Sin esa garantía, se torna imposible avanzar en el cumplimiento de las proyecciones.

«Contamos con una Casa de Orientación reconocida a nivel nacional. Fue la primera fundada en el país y tiene casi 35 años. Tuve el orgullo de ser la primera profesora de adiestramiento en Cuba. Actualmente, coordino desde la Casa un proyecto llamado «Con amor y por amor». Debido a los precios tan elevados de la belleza, nos trasladamos con nuestros alumnos a las comunidades (vulnerables o no), a los hogares de ancianos, a los Servicios de Atención a la Familia (SAF). Allí pelamos, de forma gratuita, a quien lo necesite. De ahí el nombre de la iniciativa. Vamos una vez y nos piden que lo hagamos siempre. Vamos con amor y luego nos llaman con amor.

«La Casa comprende varias aristas, y ofrece asesoramiento a la mujer y la familia. Se recibe a todos. Aun cuando no podamos solucionar el problema, ayudamos y encaminamos».

Idalmis se enorgullece de pertenecer a un núcleo que califica de crítico, sistemático y exigente. Mereció hace poco el sello 65 Aniversario de la FMC y en su bloque la batalla continúa:

«Llevo más de 50 años como secretaria en el bloque. Está considerado uno de los mejores en la provincia y en el municipio de Santa Clara por su trabajo estable y sostenido. Los reconocimientos así lo demuestran. No creo que sea un mérito personal, sino de una comunidad que ha sabido empujarme para que ascienda los diferentes escaños. Quiero recalcar el papel de los CDR y del Partido, porque hay una vinculación muy estrecha entre todos los factores de la comunidad, y ello conduce a la victoria. Debemos actuar juntos en favor de eso, y de la Revolución.

«Me preguntaban en otra entrevista qué era la FMC para mí: es mi vida, porque les he quitado el tiempo a muchas cosas para dárselo a ella».

Retoños y frutos 

En distintos roles se orquestó la vida de Idalmis Pedrosa Robles cuando ser mujer trascendió el activismo o la participación social. Dentro de casa, su madre y el padre de sus hijos sirvieron de retaguardia.

Idalmis y su nieta Valia.
Valia sigue los pasos de abuela en la FMC. (Foto: Lety Mary Alvarez Aguila)

«Fui cuadro en el período especial, época en que los hombres tenían que crecerse y las mujeres nos multiplicábamos. Quien le diga que hay momentos en que uno no es capaz de colocar una tarea por encima de la familia, no tiene razón. Sí lo hacemos. Y toda familia se sacrifica por el cuadro que esté en la primera línea de batalla. Hoy mi hijo es militante del Partido; mi hija, una gran madre. No presentan problemas sociales de ningún tipo, no tengo una familia disfuncional».

Por su parte, Valia Teresa Rodríguez Santiesteban, nieta de Idalmis, ha repetido la historia. La federada dedicó más tiempo a su crianza y la llevó de la mano a todos los lugares. A los 14 años, Valia sostenía el compromiso de ser la secretaria de su delegación, tal y como sucedió con su abuela y bisabuela. Ahora, con 17 años, colecciona experiencias en la esfera ideológica y el trabajo comunitario con los jóvenes.

«Siempre ando con mi abuela. Visité comunidades intrincadas, la acompañé a cuanto acto hubo, crecí escuchando sobre la Federación. Se me inculcó eso y nunca fue planificado; simplemente, ocurrió. A los 14 nos entregaron el carné de federadas y me designaron secretaria de la delegación. Luego, nos postularon para el Comité Provincial de la FMC, al cual pertenezco».

La joven milita, además, en las filas de la UJC y se prepara para iniciar el 12.º grado en la Universidad de Ciencias Médicas, con el propósito de ingresar luego a la carrera de Medicina, a través de esta nueva alternativa. Mientras persigue algunos sueños, la Federación le permite realizar otros.

«Lo más reciente que hicimos tuvo lugar en la fiesta de la moda artesanal Exuberarte. Yo también soy graduada de estilista. Por la FMC fuimos a trabajar allí y nos encargamos del maquillaje de más de 40 modelos. Resultó un trabajo agotador, pero gratificante, porque se veían muy lindas en la pasarela».

—¿Eres consciente del legado que sigues?

—Esto representa solo el comienzo. Me parece bonito y, a la vez, extraño. El convivir con personas mayores que te cuentan su historia, que te felicitan, se agradece. Requiere mucho amor.

«Pienso que las mujeres de hoy deben sobreponerse todavía a varias problemáticas, pero creo que tienen el valor suficiente, sobre todo las cubanas, que son muy valientes y capaces de hacer todo lo que se propongan».

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