Economía, magisterio y neurociencia cognitiva: Tres pasiones de Yudiesky

Yudiesky Cancio Díaz no se limita solamente a enseñar Economía a sus alumnos. Dentro del aula, se apoya en la ciencia y la vida misma.

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Vanguardia - Villa Clara - Cuba
Yudiesky Cancio Díaz. (Foto: Cortesía del entrevistado)
Lety Mary Alvarez Aguila
Lety Mary Alvarez Aguila
809
22 Diciembre 2025

«Cada clase que doy es como si fuese la primera. La imparto con la misma pasión de ese día uno, aunque haya repetido el contenido 15 veces. Siempre tengo un estudiante diferente frente a mí, y ese proceso no me resulta agobiante. Para mí es un disfrute, de hecho. Cuando entro al aula yo ignoro cualquier situación que pueda presentarse. Frente al auditorio trato de talarlas, no existen. Las olvido para enfocarme en lo hago. Amo la docencia. Todo el que me conoce lo sabe, y mis alumnos lo respiran. No se puede ocultar».

Con estas palabras, Yudiesky Cancio Díaz me reveló el verdadero motivo de jamás abandonar la Universidad, incluso con el amplio abanico de opciones laborales con que cuenta un economista de profesión. Pero, para él, hay una inmensa dosis de amor en el noble acto de apoderarse del pizarrón y, con la tiza, dibujar universos tras cuentas y números. Tan solo tenerlo delante, y escuchar su verbo profundo, bastan para constatar que, en su caso, las clases no solo representan un trabajo diario. Cuando se dude de evangelios vivos y enamorados aún entre nosotros, habrá que buscarlo a él. 

Varios títulos acompañan su nombre en la actualidad: Doctor en Ciencias Económicas, Profesor Titular, Vicedecano docente de la Facultad de Ciencias Económicas…Los años han transcurrido y sus conquistas laten en cada diploma, no obstante, su semblanza comienza con un niño que tenía por pasatiempo jugar a enseñar, en su casa, con una pizarra que le sembró la vocación. Luego, apareció otra inclinación profesional que resultaría la otra mitad de su corazón. No había economistas en su familia, no se trataba de una herencia. La formación vocacional del preuniversitario y las explicaciones acerca del terreno de la Economía y otras áreas del saber lo llenaron de curiosidad e interés. A pesar de ello, cuando ingresó a la carrera no contaba con un pleno conocimiento sobre ella. El tiempo hizo lo suyo: apasionarlo. 

Yudiesky Cancio Díaz. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Ambos caminos confluyeron para Yudiesky sin la necesidad de renunciar a ninguno. Su etapa universitaria le regaló la posibilidad de convertirse en alumno ayudante en Matemática desde segundo año. El faro de sus profesores de esta asignatura lo alumbra hasta la fecha. A pesar de que luego cambió la tipología de las materias a impartir, contaba con la certeza de que le gustaba educar. Ahí se hallaba el origen, la raíz del maestro consagrado de hoy.

«Desde primer año, mis compañeros me buscaban para repasarlos y aclarar dudas. Cuando vi que aprendían, que intencionaban para que explicara, supe que realmente eso llegaba a las personas. Descubrí en mí un potencial que ni yo mismo sabía que estuviese tan desarrollado. Por eso dio resultado. 

«Me gradué y pude haberme ido como economista para una entidad del tejido empresarial de la provincia, porque de un economista se espera que se vincule a una entidad económica como especialista en esa área. Sin embargo, sentí que la balanza de lo que sería mi oficio en realidad, se inclinaba más al magisterio y no tanto a ir a “sentarme” en una empresa. Fue tan honda mi pasión por la Pedagogía y la didáctica que decidí quedarme como profesor en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV)». 

Hace 19 años labora en la casa de altos estudios villaclareña. Comenzó por la Matemática también en su etapa profesional, con el germen que le legaron sus docentes de la Facultad de Matemática, Física y Computación, quienes asumieron la conducción metodológica de sus clases. 

«Uno siempre recibe entradas de distintas naturalezas en el proceso de formación, y aprende de los profesores que tiene delante. Todos y cada uno de ellos me aportaron mucho. Bebí de esa savia y de los métodos y técnicas que utilizaban en clases. Ellos me entregaron las pautas». 

Posteriormente, las disciplinas de ciencias matemáticas quedaron atrás. Yudiesky dejó los números en manos de un docente que él mismo había preparado. Asimismo, transitó por materias como Microeconomía, Macroeconomía e Investigación de operaciones, por lo que su diapasón se abrió dentro de la propia especialidad. 

«Me siento muy realizado con la labor que he desempeñado, sobre todo porque he podido transmitir conocimientos valiosos para las personas. Sé que los economistas que he formado reconocen la valía de ello, y me llena de satisfacción. Eso pudiera decirse muy rápido en una oración, pero lo puedo ilustrar: He graduado a personas que se encuentran en muchas partes del mundo, no solo en Cuba, no solo en las empresas cubanas. Y uno genera esa retroalimentación con ellos y comprueba el criterio favorable con respecto a lo que recibieron, verifica cómo han podido ejercer lo que aprendieron y cuán útil les ha sido todo lo que les transferí durante el tránsito por la carrera. Además, uno siente que no solo les está proporcionando conocimientos en el proceso de educar, sino que también les inculca valores para la vida. Yo trato de hacer de mis clases un escenario donde no solo les hable de Economía a mis estudiantes, puedo tocarles otro tema que se relacione con la materia que estoy impartiendo en ese minuto».

El docente recurre a la vida misma para sortear sus horas clases. Confiesa que explica acerca de sabidurías a adquirir o posiciones ante situaciones determinadas. Pero más allá de estos diálogos sobre hombre y cotidianidad, sobresale un aspecto curioso que pocos imaginarían dentro de un aula. Yudiesky se considera amante del cerebro humano y sus fascinantes mecanismos. A los educandos les ofrece el tema para que lo absorban y lo empleen.

«Les hablo mucho de la neurociencia cognitiva, de cuál es la mejor manera de enfrentar el aprendizaje desde el pleno reconocimiento de que tenemos un cerebro que puede ser moldeable, porque existe la neuroplasticidad del cerebro. Me gusta explicarles eso para que ellos asuman que todo lo que persiguen lo pueden lograr. Esta constituye otra de mis áreas de pasión, y en los últimos años me ha despertado un gran interés la relación que tiene la neurociencia cognitiva con lo que yo hago en el aula, con el proceso de cómo aprendemos, cómo aprende el cerebro y como nosotros, por esa neuroplasticidad, podemos hacer que la transformación mental para aprender sea más acelerada o más retardada.

«He comprobado a lo largo de los años que, al dirigirme a mis alumnos, puedo conseguir lo que desee. Si el discurso hacia ellos se vuelve tedioso, manido o incomprensible, no logro los resultados porque la motivación es central. En cambio, si me sitúo en la otra posición, en la de motivar, se torna distinto. Hay que tratar de que el estudiante sienta que se puede transformar él mismo, y puede modificar el procedimiento mental, las vías neurales, la sinapsis…

«Les abordo cómo funciona el cerebro y de qué modo se transforma en la medida que usted lo conduce. En la clase de Microeconomía, por ejemplo, no necesariamente tengo que hablar de Microeconomía los 90 minutos. Debemos moldear la clase con otros elementos que la dinamicen, la hagan más apotable y enriquecedora. Y, por supuesto, que les aporte algo a ellos». 

A decir del profe Yudiesky, el auditorio debe percibir una vía alternativa, independiente del concepto y las leyes económicas en sí mismos, pues «aprenden más cuando el sistema categorial de la economía se enriquece con la vida». Por tal motivo, alternar lenguajes los prepara de una forma más efectiva.

«El ser humano es un agente económico. Todos somos seres económicos, nos guste o no, porque todos manejamos una economía familiar, una economía individual y, por tanto, cuando les voy a enseñar Economía para llevar la de una empresa, yo les enseño a tomar decisiones en su vida personal desde el punto de vista desde la célula más central: el propio hogar, la propia economía doméstica».

En toda entrevista a oficios humanos, se impone indagar sobre vivencias particulares que marcan y transforman. Al profesor Cancio Díaz, o simplemente Yudiesky, los frutos de su trayectoria le han llegado a través de gestos o acciones. Califica esto como una de las cosas más bonitas en el arte de educar.

«El profesor también tiene que ser psicólogo ante todo. En los grupos encontramos personas con situaciones que nunca imaginaste que existían. Necesitamos tantear y sondear con mucha delicadeza, porque se presentan asuntos íntimos e, incluso, muy dolorosos. Lo hermoso es que, desde nuestra posición, podemos incidir de forma inteligente. 

«He tenido estudiantes con situaciones familiares difíciles, modos de vida adquiridos o trastornos de conducta que se revierten en el aprendizaje. He conseguido mucho al conversar con ellos, al descubrir su problema, al intentar ser su amigo. Claro, además destaca la cuestión de que uno es un ser humano. Para ser profesor hay que tener virtudes. Debemos sensibilizarnos con cualquier estado de desventaja. La vida me ha demostrado que, si se persuade, si se comprende, se explica, se da buenos consejos, se puede obtener una victoria». 

Yudiesky no puede evitar llorar cuando aprecia una defensa de tesis de esos estudiantes que mencionan su nombre en los agradecimientos. Sabe que el actuar con amor no se premia con tesoros materiales. Por otro lado, comparte su tiempo con un cargo de vicedecano docente que demanda mucho de él, debido a que encamina su misión a perfeccionar la calidad de la clase y el trabajo metodológico. Orienta a los docentes para mejores competencias en los planos técnico y pedagógico. Potencia que los maestros cuenten con un arsenal didáctico que tribute a satisfacer objetivos y desarrollar un método correcto. Ver a sus colegas transitar por las distintas categorías docentes le garantiza que alumnos y profesores crezcan juntos. 

−A su juicio, ¿Cuáles son los rumbos de la enseñanza en la Cuba de hoy? ¿Qué desafíos percibe a su alrededor? 

«A veces el entorno no resulta el más favorable para el momento de la clase, y se trasladan problemáticas personales y del entorno económico−social al ejercicio de la docencia. Eso influye en la voluntad del aprendizaje y nos afecta. Como docentes, tenemos que desprejuiciarnos y saltar estas situaciones para dar una buena clase. No podemos viciarnos en problemas cotidianos para esta profesión. Hay que saber desligar, la clase debe convertirse en lo más importante de tu día. Usted necesita llegar limpio de cualquier perturbación que afecte la dinámica del proceso e incida negativamente.

«Por otra parte, vivimos tiempos de distracciones. Pertenecemos a una era donde el conocimiento es vertiginoso, pero a su vez crecen las tecnologías de la información y los aparatos electrónicos. Muchos estudiantes no se pueden separar del celular. Y usted debe portar razones suficientes para que su clase atraiga al receptor. Sin preparación o motivación, el estudiante recurrirá a su factor disociante, el celular, que lo tiene en la mano y le provoca una recompensa más rápida y directa. Lo he corroborado con la neurociencia cognitiva, el cerebro busca siempre aquellas áreas que le reportan mayor recompensa a corto plazo». 

Otro punto sugerido por Yudiesky radica en la intencionalidad empática de los docentes, en captar la atención y efectuar emociones desde el saludo matutino, en apostar por un aprendizaje basado en el entendimiento y respeto hacia el otro.

«La generación a la que nos enfrentamos los docentes hoy no es la misma de hace años atrás. Además de los factores tecnológicos, una serie de cuestiones revoluciona el mundo actual. El contexto determina. En el mundo entero, los estudiantes estudian y trabajan. Yo pienso en la Cuba de hoy. Antes no era habitual acá, pero los nuevos actores económicos y dinámicas del mundo laboral han abierto esas nuevas posibilidades.

«Ahí aparece otro desafío. El estudiante necesita apoyar en su seno familiar, obtener recursos para autosustentarse, cubrir sus necesidades en el plano cultural…Ello nos lleva a encontrar en el aula a personas con somnolencia, que probablemente cumplieron un turno nocturno en un restaurante, Mipyme o discoteca… Evidentemente, llegan con capacidades disminuidas. Para eso está la formación integral y la atención individualizada. Nosotros contamos con un proyecto educativo que justamente caracteriza al grupo, identifica esos casos, y los atiende. En función de eso hemos sido inclusivos porque no podemos marginar ni tratar diferente. Si tengo que dar una consulta extra o repetir una clase, la repito. No va en detrimento de la masa estudiantil. Es algo con lo que debemos convivir, no lo podemos borrar, porque se trata de un fenómeno existente que hay que atender y comprender. Que trabajes no solo fortalece tu economía doméstica, sino que te hace madurar con rapidez, y te crea el sentido de la responsabilidad, la laboriosidad y el valor del trabajo. Es necesario que lo tomemos como virtud, como logro».

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