Estirpe renacentista
Vegueros villaclareños, en el remate de la siembra y en plena cosecha, extienden la mano solidaria con donaciones de fuentes de energía solar para que no se detengan los servicios asistenciales en instituciones de Salud de Remedios y Placetas.
«[…] todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles; pero andará el tiempo, como otra vez he dicho […], cuya verdad ni admite réplica ni disputa».
Don Quijote. Miguel de Cervantes y Saavedra
Así habló don Quijote a su escudero Sancho Panza, y también de esa forma actúa en cualquier sitio un cubano que lleva prendido en las entrañas el espíritu solidario. Historias existen en muchas geografías, pero hay diferencias...
Desde los frutos que aparecen con la calidad de la hoja beneficiada en aposentos de tabaco ronda un aliento renacentista, a la usanza de las prodigiosas venturas y desventuras del Caballero de la triste figura, y también de los tiempos actuales. Ahora cuando impera el sofoco económico, desde casa resurgen los «auxilios» para paliar parte de las dificultades que requiere uno de los principales servicios gratuitos recibidos en el país: la Salud.
No es la primera ocasión en que allí están los vegueros villaclareños, «a pecho abierto», siempre listos para facilitar recursos materiales, reconstruir instalaciones de servicios de ese sector, aportar donaciones de sangre, y entregar de manera fraterna y cordial cosechas de alimentos obtenidos en sus respectivas fincas: un hecho que trasciende en la cotidianidad.
Ahí está, según las necesidades existentes en Placetas y Remedios, la donación e instalación, con brigadas auxiliares de sus respectivas fincas, de 48 estaciones fotovoltaicas que prolongan servicios vitales en hospitales, policlínicos, hogares maternos y de ancianos, o las telecomunicaciones.
Son muchos los cosecheros de tabaco tapado que, desprendidos de sus respectivas ganancias monetarias, se insertaron desde esos territorios en la iniciativa altruista.
Compartir lo mucho y lo poco
No son pocos los que aparentan y demuestran «ser alguien de puntería», esos que sostienen la estirpe guajira de hombre de campo, siempre dispuesto a compartir el más humilde bocado de comida cuando a la casa llega un visitante, y con sencillez le espeta: «¡arrímese!», o «¡desmóntese!» para que se acomode a la mesa. Son ellos los que también están prestos a «tender la mano» y auxiliar al otro. Costumbres hidalgas que vinieron con los emigrados españoles y quedaron prendidas en nuestra idiosincrasia. Los vegueros cubanos están concebidos en esa naturaleza no solo encerrada en el simple refranero al uso: son hombres de actuar en bien de la colectividad y de pensar junto, y con la comunidad.
En la finca La Veguita, en Tahón, residen Noel Rolando Benítez Fernández y su padre Pablo Miguel, vegueros con 19 campañas tabacaleras y resultados crecientes en el acopio y calidad de una aromática hoja que, en la pasada campaña, dejó un 86 % de la recolección con rango para la exportación.
A Noel Rolando, con responsabilidades gubernamentales en su comunidad, a la cual también representa como diputado, le dicen el Mayor veguero cubano, por la cantidad de hectáreas de suelo que planta en cultivos de tapado y a sol. En la actual campaña ronda las 173, y ya desmonta superficies de tierra colmadas de marabú para llegar a las 200 con el ánimo de simultanear, según el año, con siembras de viandas, granos, hortalizas y una variada ganadería.
Desde su comunidad, convertida en una bastión que también pugna por la soberanía alimentaria, ideó —en acuerdo conjunto con el Gobierno en Remedios y sus instalaciones de Salud—, donar y montar 26 equipos fotovoltaicos para satisfacer, ante los molestos apagones y la contingencia eléctrica, los servicios vitales de ese sector.
Los equipos están, y también la brigada especializada de la finca, dispuesta al montaje. «El sistema agrario cubano, con solvencias económicas en el esquema cerrado del tabaco, permite que en momentos difíciles del país aparezca una respuesta afirmativa ante los reclamos de nuestra sociedad», afirmó el campesino asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Rodolfo León Perlacia, en Tahón, Remedios.
La donación que cubre parte de la eficacia del hospital municipal, los policlínicos, hogar de ancianos y las comunidades alejadas de Remedios, dará energía constante y sostenible para fortalecer la atención sanitaria de los pobladores. Ese no constituye el primer y único desprendimiento económico que impulsan los cosecheros de Tahón: la generosidad está en aportar alimentos y otros recursos materiales allí donde más faltan.
También en Placetas otros productores mancomunaron recursos monetarios y adquirieron equipos eléctricos alternativos para satisfacer los servicios de la Salud. Orelvis Peñate Mesa y Linner Marrero Turiño están responsabilizados con la entrega y empalme de paneles solares y otros accesorios eléctricos en el policlínico de Falcón, los ubicados en la cabecera municipal, y los hogares de ancianos y materno, así como estaciones de telecomunicaciones.
«Es un principio: hacer la vida más llevadera a todos allí donde se necesita y reclama el país», dijo a Vanguardia Peñate Mesa, quien, además, junto a Marrero Turiño, se ubican, respectivamente, desde sus fincas La Valet y La Puntilla, entre los mayores vegueros de la provincia. Ellos con frecuencia también intervienen en donaciones de alimentos y reconstrucción de instituciones de Salud, y eso les otorga grados de fe.
Es como si todos dijeran: «A grades males, grandes remedios». En Falcón quedó montado días atrás un kit de paneles solares. La doctora Yudelis Agramente Borroto, directora del policlínico local, añadió que con la instalación del equipamiento —donado por Marrero Turiño— se benefician más de 6300 pobladores diseminados por ocho consultorios del médico de la familia y comunidades apartadas, como Cuatro Camino, Caicaje, Oliver y La Vallita, por citar algunas.
«Es una gesto humanista que se multiplica, cada vez que se necesita, en beneficio de los vecinos y la familia de aquí, con enfermedades crónicas y entre las más envejecidas del país», argumentó.
También en el hogar de ancianos de Placetas el doctor Yulien Rodríguez Fuentes reconoció la voluntad de los vegueros y otros actores sociales asociados a mypimes, para contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de los asistenciados. Allí también estaba Freddy Rodríguez Rodríguez, productor e importador de alimentos del proyecto Roca, para dejar frijol, arroz, galletas…
Natasha Padilla Aparicio, presidenta de la Asamblea del Poder Popular en el municipio, reconoció el desprendimiento solidario de los productores en acciones de reorganización de las potencialidades del territorio en beneficio y atención al sector de la Salud.
Alternativas similares se trasladan hacia la recolección de desechos sólidos con el empleo de carretones tirados por tracción animal, o el reparto de mercancías que tienen a las bodegas como centros de comercialización de alimentos en la comunidad.
Reconocen a profesionales
También en instituciones de Salud Pública y Educación trabajadores de esos sectores se favorecen en sus respectivas viviendas de un programa de ventas de paneles fotovoltaicos para el mejoramiento de las condiciones de vida de la familia y sus menesteres profesionales.
En Falcón el doctor Carlos Manuel Gallo Fabelo, actualmente jefe del equipo básico de trabajo y galeno del policlínico local desde 1993, declaró su enorme satisfacción por recibir los equipos fotovoltaicos, que no solo beneficiarán a su familia, sino que, además, extenderán vitalidad eléctrica a vecinos que requieran de auxilios eléctricos.
También en Placetas Oraima Rodríguez Martínez, directora del seminternado de primaria Enrique Hart Dávalos, junto a otra maestra y una bibliotecaria del centro, resultaron elegidas para colocar en sus respectivas viviendas el kit fotovoltaico. Ella dijo que sentía «reconfortada, y el hecho se erigía, como en otros, en el ilimitado reconocimiento social a los años de servicios, 46 en su caso, «a las labores de enseñanza desde las primeras edades de vida, y eso reconforta y alienta a seguir adelante hasta el último aliento», precisó.
Habrá que decir como don Quijote: «[…] la verdad no admite réplica ni disputa», pues se sostiene, a pesar de los imposibles, y zancadillas económicas, en un bregar constate por la vida.
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