En Cuba, el oficio de liniero siempre estuvo ligado a la fuerza de los hombres. Hoy, por primera vez, una mujer se coloca el arnés, sube al poste y demuestra que también ahí tiene su lugar. Esto no solo marca un hecho inédito en el sector eléctrico, sino que recuerda la importancia de reconocer a quienes rompen barreras y ponen rostro femenino a trabajos donde antes no se las veía.
Conversamos entonces con Aliuska Lores Ramírez, primera mujer liniera en Santa Clara y en Cuba, sobre lo que significa ser pionera, sus retos personales y el orgullo de representar a aquellas mujeres que buscan hacerse visibles en cada espacio.
—¿Cómo empezó su interés en esta profesión?
—Desde antes de trabajar en la Empresa Eléctrica yo veía a los linieros como héroes. Me emocionaba ver cómo resolvían los problemas, y yo quería ser como ellos: unos héroes anónimos a los que llena de ilusión ver llegar a tu casa a cualquier hora a arreglar el problema. Hoy soy una más de ellos, porque este trabajo lo llevo en el corazón.
—¿Qué significa para ti haber sido la primera mujer en Cuba en vestir el uniforme de liniera?
—Para mí ha sido una oportunidad y a la vez un orgullo poder vestir mi uniforme de liniera, ya que, por ser mujer esperé cuatro años para lograrlo.
—¿Cuál fue el mayor reto personal y profesional que enfrentaste al iniciar en esta profesión?
—Mi mayor reto personal ha sido luchar con la discriminación y el machismo y, en lo profesional, seguir demostrando mis habilidades y mis conocimientos ante todos aquellos que piensan que, por ser mujer, no puedo estar a la altura, o incluso ser mejor que algunos de mis compañeros.
—¿Cómo reaccionó tu familia cuando decidiste dedicarte a un oficio tradicionalmente masculino?
—Desde el primer momento tuve el apoyo de mi familia, excepto el de mi esposo, que es liniero de experiencia. Él tampoco me creía capaz, sin su ayuda me tocó demostrarle que yo sí podía, y actualmente vive orgulloso de la liniera que soy. Mis tres hijos me apoyaban, al igual que mi mamá. Ha sido un camino difícil, pero nada que una mujer no pueda superar.
—¿Cómo lograste ganarte el respeto de tus compañeros en un ambiente dominado por hombres?
—No fue tan difícil para mí, porque ya estaba acostumbrada a trabajar en ambientes laborales donde mayormente había hombres. Cuando una mujer se da a respetar, se gana la admiración de los demás.
—¿Qué sueños profesionales tienes todavía por cumplir dentro de la Empresa Eléctrica?
—Todavía sigo ganando conocimiento y destreza en mi trabajo. Antes soñaba con ser liniera, ahora sueño con reemplazar a mi profesor de patio. Sé que me quedan muchos obstáculos por vencer, pero me estoy preparando para formar linieros, es decir, superarme para ser instructora.
—¿Qué le dirías a las jóvenes que hoy dudan si lanzarse a un oficio como el tuyo?
—Les diría que sí es difícil, que no te regalan nada y tienes que hacer lo mismo que hacen todos los demás en la escuela. Te lastimas y te duelen las espuelas en los pies cuando te las pones las primeras veces. Pero, sobre todo, que es muy importante que te guste esta profesión. Si les gusta, no permitan que nadie les apague la esperanza de cumplir su sueño y salir adelante.
«A pesar de tantos tabúes y obstáculos que he tenido que enfrentar, me siento una mujer empoderada y vencedora de imposibles».