Pintar el veguerío

En San Miguel del Bayo la mirada está puesta, con ciencia y técnica, en el crecimiento de áreas de tabaco y el incremento de la calidad de la rama cosechada, así como en el aumento sistemático de otras producciones agropecuarias.

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Luis Machado Ordetx
Luis Machado Ordetx
@MOrdetx
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15 Abril 2026

Por los sinuosos caminos que conducen a la finca integral San Miguel del Bayo, allá en Manajanabo, Chaparra muestra el ajetreo de trabajadores, principalmente jóvenes, en acciones agropecuarias que vinculan al tabaco, el manejo de vacas en ordeño y el fomento de los cultivos varios.

Daniel Ruiz, destacado productor de tabaco.
Daniel Ruiz Hernández, el progenitor, hombre sabio en el cultivo del tabaco y otros menesteres agrícolas. (Foto: Luis Machado Ordetx)

El veguero dice que todo su conocimiento empírico parte de la sabiduría guajira de Daniel Ruiz Hernández, el progenitor. Ese hombre, con 75 años, acumula más de medio siglo en el manejo de los suelos cercanos, en siembras con bueyes, así como atención permanente a las reses, aves de corral y cerdos que habitan en la finca.

«El viejo es jefe, y no me canso de oírlo. Papá es de esos hombres que observa, escucha y da consejos, y también predica con el ejemplo en la finca. Jamás he creído que soy jefe —dijo cuando lo conocí—. Él sí es el jefe, así le digo muchas veces. De tabaco, y aquel corte tradicional a cuchilla, lo conoce casi todo. Es un hombre de campo, y como soy el único varón de los cuatro hijos, aquí lo tengo para lo que haga falta. Ya usted ve cómo están los campos aunque las lluvias y vientos de  marzo  me afectaron las casas de curación y tuve que hasta reconstruir parte de las estructuras», precisa Dainiel (Chaparra) Ruiz Gutiérrez, reconocido veguero de esa localidad.  

En octubre pasado por vez primera llegué a esa finca surgida en sus orígenes como hato extendido hacia el este por la antigua jurisdicción de Santa Clara. Entonces allí Chaparra comenzaba la siembra de tabaco en la provincia con simientes obtenidas de semilleros propios, actividad que le gusta realizar desde que hace cinco lustros se involucró entre vegueros.

Antesala del área de beneficio del tabaco.
Antesala de las áreas de beneficio de tabaco de la finca de San Miguel del Bayo, en Manajanabo. (Foto: Luis Machado Ordetx)

Con suelos que aparentan ubicarse entre un valle, al lado opuesto de Manajanabo, ahora el campesino, asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Manuel Fajardo, está inmenso en recolectar las ramas verdes de las últimas 40 hectáreas que plantó —25 de tapado y 15 al sol ensartado—, y tiene el propósito de rebasar el 87 % de capa de exportación obtenidas en la pasada cosecha y rendimientos agrícolas superiores a la t/ha, cifras posibles de conseguir, añadió.

Ahora lo acompañan 90 trabajadores en las labores de campo, pero a veces esa membresía llega a 150 hombres y mujeres, según las necesidades agropecuarias de la finca. Ya rebasó los 60 000 cujes recolectados y aspira a duplicar la cantidad al cierre y «echar pa' lante»  en la recolección de la última hoja posible de beneficiar con destino a la industria.

Tecnología en la mira

De ciencia y técnica, así como de cambio de matriz energética en sistemas de riego, casas de curación, o semilleros por túneles, y agrandamiento de la escogida de tabaco, habló Ruiz Gutiérrez. Con meridiana exactitud ante el aumento de superficie que en la próxima contienda dedicará al cultivo de tabaco —sin abandonar siembras de alimentos humano y animal, así como la producción de leche y carne salida de sus rebaños de ganado bovino—, el hombre tiene la vista puesta en el infinito del horizonte.

Cura de tabaco ensartado.
Rama de tabaco en proceso de curación. (Foto: Luis Machado Ordetx)

«En la familia tenemos un patrimonio terrestre de 134,2 hectáreas (10 caballerías) en usufructo, y poco a poco esa superficie, con independencia de la explotada ahora, se limpió de marabú para reactivar plantaciones, porque área vacía no rinde frutos. En el tabaco está la mirada principal.

«Durante la siembra entrante asumiré 50 ha de tapado y 20 a sol. Serán 70 en total, una cifra grande. Desde ahora hay que estar preparado en un cultivo que lleva muchos poquitos y trabajo equilibrado, sin chapucerías porque luego la calidad de la rama beneficiada cobra los desaciertos técnicos y hasta los errores humanos o  carencias de insumos.

Productor Dainiel Ruiz, junto a especialistas de Tabaco y de Recursos Hidráulicos, analizan instalación de nuevo sistema de riego.
Especialistas de tabaco de La  Estrella y de Recursos Hidráulicos dialogan con el productor, a la derecha, sobre las bondades de los sistemas de riego de agua que montarán a partir del aprovechamiento de la energía solar. (Foto: Luis Machado Ordetx)

«Con el riego de agua se piensa en sistemas que funcionan con paneles fotovoltaicos, una tecnología móvil y moderna de procedencia española que será la primera de su tipo que se instalará en la provincia. Tengo entendido que trabajan en dependencia de la radiación solar y giran de manera automática según "avanza el día”, de acuerdo a la  posición del sol. Por agua no me quejo: aquí están las corrientes del río Manajanabo y el arroyo El Bayo. En la escogida creceré en áreas techadas y confortables para el trabajo, principalmente de mujeres», afirmó.

La producción intensiva de capa, que ya involucra a otros cosecheros de la provincia, llegará a la finca de Chaparra, donde se ubicarán seis casas de cura controlada, así como dos túneles para la obtención de simientes, programa último que se incluye en ese proyecto. El área de beneficio de la rama contará con sistemas automatizados para regular la temperatura y la humedad dentro de una «casa» herméticamente cerrada y con paredes de enchape metálico. Todo se traduce en rapidez y eficiencia en la curación de tabaco, en un tiempo que se acorta, de 60 días, a unos 20 luego de terminada la inversión.

Mujer realizando el ensarte de tabaco.
El laboreo de mujeres en el ensarte de ramas constituye una fuente de empleo segura para la comunidad. (Foto: Luis Machado Ordetx)

También las casas de cultivos, túneles, en tiempos de no fomento tabacalero se pueden aprovechar para siembras de tomate, pepino, lechuga y otras verduras, le acoto al productor.

Las simientes de tabaco obtenidas allí en corto tiempo se adicionarán a otras variedades de la solanácea que plantará Chaparra en nueve hectáreas de semilleros tradicionales para suministrar posturas a productores de Santa Clara y Placetas.  

Daniel, el progenitor, desde su cabalgadura sonríe y piensa cómo atrás quedaron aquellas primeras siete hectáreas de tabaco, el corte a cuchilla de las ramas, el acarreo de cujes en yuntas de bueyes y las viejas casas de curación forradas con pencas de guano extraídas de palma real o del llamado cana.

Oído presto

En la comunidad de Manajanabo también se habla del desprendimiento continuo de todo lo material que ate a Chaparra y su familia para tender la mano, con prontitud y soltura,  a aquel lugareño necesitado en un momento determinado. De su finca —con independencia de alimentos, equipos electrodomésticos o reparaciones a instituciones sociales—, brota constante solidaridad y también recae la responsabilidad de garantizar la leche que reciben por la cuota normada los niños de la comunidad.

¡Qué decir de los criterios afirmativos que dejaron los trabajadores! Así se traduce, por generalidad, el sentir y la preñez robusta que asiste a la familia tabacalera en la prestación de servicios que van más allá del contenido productivo de la finca, como si fuera una pintura siempre fraterna que calca el gentío del veguerío.

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