Alecnay, un veguero singular

En la próxima campaña tabacalera la superficie agrícola casi duplicará el área cultivada durante la actual campaña. Ancestrales prácticas agroecológicas que contienen la degradación de los suelos de la finca. 

Compartir

Alecnay Alfonso, veguero de Manicaragua.
Alecnay Alfonso Díaz, destacado productor de Manicaragua. (Foto: Cortesía del entrevistado)
Luis Machado Ordetx
Luis Machado Ordetx
@MOrdetx
196
16 Mayo 2026

La finca de Tres Alfonso, en una cuesta quebradiza del río Arimao y las cercanías de las aguas acumuladas por la presa El Negrito, ya no es la de antes. Pasaron cuatro años desde la primera ocasión del recorrido por predios del veguero Alecnay Alfonso Díaz y el tiempo cambió en áreas en explotación, experiencias agrícolas en el cultivo de tabaco y el beneficio de la rama verde y seca.

Cultivo de tabaco al sol.
Plantaciones a sol, cultivo que sigue en crecimiento de superficie y calidad de las hojas cosechadas. (Foto: Luis Machado Ordetx)

De esa transformación queda el rastro de la humildad guajira en el seno familiar, así como el desprendimiento de las cosas materiales que otro pueda necesitar y las prácticas orgánicas empleadas para conservar el suelo ante la erosión inminente de la capa vegetal que alberga la arenosa tierra de esa zona.

Al cosechero lo encontré hace poco cuando lo distinguieron por cuarta ocasión consecutiva como Vanguardia Nacional del sector campesino y cooperativo. Dialogamos sobre la familia, la tradición ancestral del cultivo de tabaco y también de empeños perspectivos   de aumentar la superficie de siembra, o la construcción de casas de cura controlada de la rama verde y de los frutos de una escogida ubicada en la finca.

En aquel tiempo recuerdo que el guajiro asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Mártires de Manicaragua, comenzó la «aventura» tabacalera bajo la mirada de supervisión directa de Héctor Alfonso Valladares, el padre.

El progenitor seguía las experiencias ancestrales de la familia y en 2002 por zonas del Brinco plantó su primera vega de cultivo tapado con las enseñanzas de técnicos de Vuelta Abajo, Pinar del Río. Desde entonces el «bicho» de la agricultura llegó hasta  el joven de aquel entonces, quien vio en el tabaco un camino inminente, pero de trabajo, para el empleo y la solvencia económica de la familia.

Alecnay Alfonso en trabajo voluntario.
El veguero, primero a la derecha, durante un trabajo voluntario en saludo al día del campesino cubano. (Foto: Cortesía del entrevistado)

De «cero» y con escasos conocimientos arrancó en las andanzas tabacaleras. Consejo por aquí, o por allá, aferrado a instructivos para el cultivo y el mejoramiento y rotación del suelo —en campos en reposo y con siembras iniciales de leguminosas Terciopelo (Mucuna pruriens), así como  de Canavalia (Canavalia ensiformis) y riego de materia orgánica (humus de lombriz) antes de fomentar la vega—, logró enriquecer la tierra y, al final, los rendimientos de la solanácea dejaron sus incrementos.

«Es una alternativa que restituye la fertilidad de los campos», dijo hace poco, como quien ratifica que, pasado el tiempo, allí continúa con similar práctica agroecológica. También constituye una forma de resarcir gastos ante la bonificación estatal que se entrega por el mejoramiento de los suelos.

Retomar el sur

Ya Manicaragua, a pesar de la calidad de las hojas que acopian, depuso aquel impulso que tuvo en el tabaco una fortaleza que trascendía por la región central y el país. No obstante, aquí trazan rumbos para ampliar el cultivo, principalmente en áreas de sol ensartado, aunque con la tecnología de tapado prosigue una tradición llagada a finales del pasado siglo y con la cual se sustituyó el antológico corte a cuchilla, ya casi en extinción en cultivos sin cobertores.  

Labores de beneficio de la hoja de tabaco.
El veguero, primero a la derecha, durante un trabajo voluntario en saludo al día del campesino cubano. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Con el campesino Alecnay, así como sus experiencias, existe un puntal. En la campaña que concluye plantó 16 hectáreas (6 en tapado y el resto al sol ensartado) con variedades Corojo 2020, en la primera de las tecnologías, así como 2016 en la segunda. Unos 40 000 cujes, de excelente capa, cosechó. En la escogida, radicada en la finca, su rama recibe el beneficio y como en temporadas anteriores, desde el torcido del Laguito, reclaman la hoja procesada por la textura y calidad en la fabricación de puros destinados al comercio foráneo. 

Los secretos, siempre afirma, «residen en la preparación de los suelos, el seguimiento de los instructivos técnicos, el intercambio con otros productores, la selección de las posturas y el concurso, día a día en las atenciones culturales a las plantaciones que acometen agricultores que laboran en la finca. Son ocho meses de trabajo sistemático, sin parar, con lo cual arribamos a los resultados deseados. No obstante, la lluvia del último mes retrasó algunas actividades programadas en el calendario tabacalero.

Alecnay Alfonso de recorrido por la plantación de tabaco.
El campesino en recorrido por su plantación. (Foto: Cortesía del entrevistado)

«Siempre lo digo desde la modesta actuación de veguero: hay que pensar más con el corazón y no con el bolsillo. Todo lleva a decisiones rápidas en un cultivo muy técnico expuesto al azote de plagas y enfermedades. Todavía recuerdo aquel tiempo en el cual regué por los surcos cal y compuestos de ramas de tabaco, del árbol de Nim y Cardona, ligados con agua, para combatir pudriciones en las plantas. Hoy tengo más experiencia en el empleo de biopreparados caseros o industriales como alternativa ecológica.

«Ya la finca, con vivienda familiar, escogida y riego de agua, está electrificada con el empleo de paneles solares. El trabajo, por supuesto, más humanizado sin abandonar la tracción animal, y pienso en el montaje de casas de cura controlada para acortar el tiempo de beneficio de la rama acopiada. Los proyectos están encaminados y en cualquier momento la finca crecerá más», recalcó.

—Entonces, ¿hasta ahí llegará la superficie agrícola dedicada al tabaco?

—¡No, qué va…! Tengo otros compromisos: subiré otras 14 hectáreas de cultivo, principalmente tapado, hasta completar las 30 contratadas para la próxima campaña.

«¡Ya usted ve!; todo a su debido tiempo porque en el tabaco se va paso a paso para llegar a metas superiores con el acompañamiento de los trabajadores y la familia que forman parte de esta vivienda  sencilla, desde la cual se ganan peldaños con la constancia en las labores agrícolas», precisó al término de la conversación.

Comentar