Cuando supe que el V Encuentro de Escritores Hispanoamericanos versaría sobre literatura para niños y que agasajaría a Luis Cabrera Delgado, me dediqué a redescubrir los textos de algunos literatos invitados, y principalmente del escritor villaclareño… Como abandoné el género hace tantos años, solamente me quedan retazos de lo que algún día leí.
«Es un fuera de serie me comentó un amigo. Tiene un libro sobre un niño que busca a su madre, que murió de sida ». Como mi mente prejuiciosa no concebía este tema para un menor, tuve que buscar la obra para convencerme de la genialidad de su autor.
¿Dónde está la princesa? tiene una profundidad y una delicadeza tan grande que solo alguien como Luis Cabrera podría llevar al papel. Pero sus textos y personajes causan este efecto: son historias tan íntimas e interesantes que resulta imposible apartar los ojos y la mente de sus páginas.
No en vano el autor de Antonio, el pequeño mambí, Tía Julita, Vino tinto y perejil, y casi 60 títulos más, lleva cuatro décadas perfeccionando el arte de la escritura para los más pequeños.
¿Por qué eligió este tipo de literatura?
No escogí la literatura infantil, la literatura infantil más bien me escogió a mí. Siempre digo que cuando escribo no me preocupo mucho por el futuro lector. Mi escritura, por una serie de características personales, tiene un lenguaje, un nivel de fantasía que llega fácil al niño. Pero son las editoriales, los concursos y los propios lectores quienes han elegido mi literatura para los pequeños.
Vivimos en una época donde priman las nuevas tecnologías. ¿Piensa que en ese contexto su obra alcanza al público infantil?
En Cuba, las dificultades para llevar el libro a los lectores no tienen que ver exactamente con los procesos tecnológicos, porque todavía la tecnología aquí no está tan desarrollada. Los problemas nuestros radican en la carencia de libros, las tiradas muy pobres y la mala distribución, que limita mucho el acercamiento del libro al niño.
Entonces, ¿cree que los infantes cubanos están consumiendo la literatura escrita para ellos?
Resulta difícil dar una respuesta categórica. Las tiradas son tan escasas, que se agotan rápidamente en las librerías. Y si te guías por eso, se pude decir que leen. Sin embargo, cuando te acercas a una escuela y le preguntas qué han leído, te responden únicamente La Edad de Oro. Se lee, pero no lo suficiente. Además, en los centros educativos no hay un sistema de promoción para los escritores. Ocurre principalmente porque no existen los textos.
¿Cómo se podría salvar este tipo de literatura? ¿Cómo llegarle al público infantil?
Lo primero es aumentar en cantidad, porque si no hay libros, no puede haber lectores. Igualmente, se requiere solucionar las cuestiones de distribución. Por ejemplo, los títulos de Capiro (editorial) no llegan a otras provincias, y lo mismo pasa con el acceso al trabajo de escritores de otras regiones.
Ha ejercido como jurado en variados certámenes en diferentes lugares del país. ¿Cómo valora la literatura para niños que se escribe hoy en Cuba?
La mayor riqueza es el alto nivel creativo. Algunos investigadores extranjeros han determinado el ABC de la literatura infantil en América: Argentina, por la A; Brasil, por la B, y Cuba, por la C. Esto demuestra el gran nivel estético que hemos alcanzado. Aquí hay una promoción de escritores constante, cada día surgen nuevos muchachos escribiendo muy buenas obras. Esto es lo que nos salva.
¿Qué necesita un autor para escribir para los más pequeños?
Honestidad, sinceridad, que sea capaz de proyectar sus emociones, de transmitirlas. Solo así los niños lo van a aceptar.
¿Y qué atributos debe tener un buen libro infantil?
De eso se ha escrito y hablado mucho. Primeramente tiene que contar una historia donde la acción predomine sobre la descripción, sobre los otros recursos literarios. Que los polos estén bien focalizados: la lucha eterna entre el bien y el mal.
«También ocurre que cuando hablamos de niños hay que definir las edades, pues no todos tienen las mismas necesidades y nivel de comprensión. Entonces resulta muy difícil hacer una caracterización de la literatura infantil en un sentido único, porque los niños cambian con los años. Lo que no puede faltar es la fantasía, el humor ».
Pero en sus libros usted toca temas muy fuertes, como la muerte, el acoso, el sida. ¿Cómo ha llevado estos asuntos, tan debatidos en el mundo adulto, a un público de corta edad?
Con honestidad, sin tapujos; pero con los ingredientes antes mencionados. Por ejemplo, el sida lo trato en ¿Dónde está la princesa?, un texto fuerte, aunque con pasajes humorísticos, divertidos; hay mucha acción, es un libro de aventura, y eso atrae a los niños.
¿Cómo elige las historias?
Es un proceso mágico, misterioso; uno nunca sabe por qué en un momento determinado surge un tema. No todos los libros se escriben con una misma motivación, pero casi siempre, en mi caso, lo hago por cuestiones muy personales, y esa es la honestidad de mi literatura. Nunca me he propuesto escribir para complacer a alguien, siempre lo hago cuando siento la necesidad de proyectar un sentimiento, una situación muy personal, una idea.
Entonces, ¿cuánto hay de Luis Cabrera en cada uno de sus textos?
Todo. En mis libros está mi vida completa. Solo Mis dos abuelos no cumplen esta característica, pues fue un encargo por los 500 años de la llegada de los españoles a Cuba. No tengo antecedentes españoles, así que realicé una investigación muy profunda para encontrar las historias.
¿En qué proyectos está inmerso en estos momentos?
Puede parecer increíble, pero no estoy escribiendo. En 40 años he publicado alrededor de 60 libros, y ahora estoy enfocado en la publicación de unos 10 o 12 inéditos. Los procesos editoriales suelen ser muy complicados, burocráticos, y eso consume gran parte de mi tiempo.
¿Qué importancia le concede a que un evento como el V Encuentro de Escritores Hispanoamericanos esté dedicado a la literatura infantil?
Es fundamental centrar la atención social en la literatura infantil, porque es un medio de enriquecimiento espiritual, de disfrute estético y ayuda a la formación del niño.