Francisquito sí­ estaba en Remedios

Existen opiniones que alegan que el padre Francisquito, precursor de las bicentenarias festividades de las parrandas remedianas, no se encontraba en la villa San Juan de los Remedios allá por 1820. Dos reconocidos especialistas sobre el tema ofrecieron datos contundentes que demuestran lo contrario.

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Imagen de las Parrandas de Remedios.
Para quienes no conocen la tradición, los orígenes de la festividad se suscriben al imaginario del padre Francisquito. (Foto: Francisnet Díaz Rondón)
Dayana Darias Valdés
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22 Mayo 2021

Mucho se ha debatido sobre la veracidad del bicentenario de las parrandas remedianas. Los más escépticos ponen cuño a sus palabras para aseverar que el padre Francisquito no se encontraba en la villa San Juan de los Remedios allá por 1820.

Sin embargo, y haciendo eco de las palabras de mi abuelo, que decí­a «no hay cubano más orgulloso que un remediano », investigadores de la villa se han posicionado fuertemente en defensa de la más antigua y valiosa de las festividades de nuestra provincia para demostrar, de una vez por todas, que la historia solo es una.

Museo de las Parrandas de Remedios, Villa Clara, Cuba.
Museo de las Parrandas de Remedios, Villa Clara, Cuba.

Para quienes no conocen la tradición, los orí­genes de la festividad, se suscriben al imaginario del padre Francisquito, quien, queriendo despabilar a los morosos vecinos de la villa para que asistieran a las misas de aguinaldo celebradas en las frescas madrugadas del 16 al 24 de diciembre, creó una tradición que ha trascendido al más sangriento de los fiscales: el tiempo.

Por entonces, los niños hací­an ruido con toda suerte de instrumentos hasta que, en 1835, se les unió Gregorio Quin con su corneta y su hijo Eustaquio, percutiendo una atambora construida por su madre. Todo parecí­a barullo y desorden; sin embargo, a mediados de siglo ya estaba conformado el repique musical, y entre 1871 y 1890 se incluyeron los elementos compositivos algunos competitivos de la fiesta: faroles, trabajos de plaza, piquete musical, carroza, fuegos artificiales y las insignias-emblemas. Desde entonces, la tradición peregrinó hasta alcanzar su madurez como el complejo fenómeno festivo que es.

Por ello,  Vanguardia conversó con los expertos del Museo de las Parrandas, su director, Lic. Erick González Bello (EGB), y el subdirector, M. Sc. Juan Carlos Hernández Rodrí­guez (JCH), quienes ofrecieron datos contundentes que demuestran que Francisquito sí­ estaba en Remedios en aquellas fechas y que el bicentenario de la parranda es un hecho absoluto e irrefutable.

Erick González Bello y Juan Carlos Hernández Rodrí­guez, expertos del Museo de las Parrandas de Remedios.
Erick González Bello (derecha) y Juan Carlos Hernández Rodrí­guez, expertos del Museo de las Parrandas de Remedios. (Foto: Tomada de la página de Facebook del Museo de las Parrandas)

En los archivos del Arzobispado de La Habana aparecen datos relacionados con un tal Francisco Vigil de Mier, en el que algunos investigadores han creí­do identificar al sacerdote que dio origen a las Parrandas, ¿Es esto cierto?

EGB: Se trata de otra figura histórica, pues los datos recogen que nació el 2 de abril de 1727 en el Consejo de Colungo, Principado de Oviedo, Asturias; y llegó a Remedios en 1799, donde murió en 1833. Todo lo cual indica que vivió más de 100 años y, con avanzada edad, no pudo provocar los disturbios por Aguinaldos hacia 1820.

JCH: Sin embargo, otras fuentes permiten encontrar y datar la presencia real del verdadero Francisco Vigil de Quiñones en la jurisdicción de San Juan de los Remedios. Si nos remitimos a los libros de bautismo de la Parroquia de San Antonio de Padua, auxiliar de la de San Juan de los Remedios, en el libro I se pueden encontrar las partidas firmadas por Francisco Vigil de Quiñones, cura beneficiado, desde abril de 1819.

«Lo cual no quiere decir que viviese en el poblado. Según esa fuente, estuvo en Mayajigua del 28 de abril de 1819 al 26 de agosto de 1822, cuando fue sustituido por el sacerdote Diego Antonio de Rojas, que estuvo del 28 de mayo de 1822 al 28 de Julio de 1823 ».

No obstante, entre los curas y beneficiados de la Villa de Remedios en 1820 se encontraba Francisco Vigil «como auxiliar de Centeno... », así­ lo refiere José Andrés Martí­nez-Fortún y Foyo en los Anales y efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción.

EGB: Según Martí­nez-Fortún y Foyo, «como la Guí­a aparecí­a a principios de año, los cargos correspondí­an al año anterior », lo cual indica que para esa fecha Francisquito ya se encontraba en Remedios, donde tení­a cargos en la Vicarí­a. Por lo que a Mayajigua solo iba a misiones de campo, en las que bautizaba y celebraba otros sacramentos. Algo que los archivos del Arzobispado de La Habana ratifican al apuntar que en 1820 está vacante la plaza de sacerdote en Mayajigua.

JCH: No hay duda de que Francisco Vigil estaba en diciembre de 1819 en Remedios y tení­a cargos importantes en la Vicarí­a, por lo que en Mayajigua solo fue a misiones de campo. Dice Albriza Iglesias que en su búsqueda de datos cuando viví­a en La Habana pudo consultar, por más de  cinco años, los archivos del Arzobispado de La Habana. Y allí­ encontró otro documento donde se decí­a que en 1820 estaba vacante la plaza de sacerdote en Mayajigua.

EGB: La Guí­a constitucional de forasteros de la isla de Cuba y calendario manual para el año de 1824  dice que Mayajigua, Teniente Cura, Vacante. Pero en San Juan de los Remedios, don Manuel Antonio Balmaceda, cura y vicario auxiliar; don Diego de Rojas es vicario juez eclesiástico y don Francisco Vigil, colector. «Queda clara la presencia de Francisco Vigil de Quiñones en Remedios desde 1819, lo cual aporta credibilidad al nacimiento de las parrandas hacia 1820 y, por tanto, al bicentenario celebrado en el 2020, bajo las condiciones impuestas por la COVID-19 en Remedios ».

Así­, entre la mí­stica que envuelve a una villa como San Juan de los Remedios, con su montón de leyendas y de tradiciones, el número 200 queda grabado a fuego lento en nuestras calles. Gracias a quienes con sus investigaciones contribuyen a esclarecer las zonas más sombrí­as de la historia, para que la incertidumbre no haga de las suyas y nadie pueda dudar de la arquitectura del tiempo.

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