
Sentada en un banco, haciendo la cola como todos, estaba ella. Sí, la actriz que interpreta a esa madraza que sobreprotege a su hijo y le ha jurado a Daniela que no habrá lugar de La Habana donde se esconda si lo hace sufrir: « ¡Te juro que te mato! », es su promesa de madre guardiana.
Detrás del nasobuco, jabuco en mano y pañuelo en la cabeza, pasaba inadvertida para la mayoría, pero no para los ojos avezados de un periodista, que, además, fue profesor por más de 30 años. Por eso, en cuanto la oí hablar, cualquier duda quedó disipada y pensé: ¡Esa es Mercedes, la mamá del Miguelito de la novela!

Gentilmente accedió a ser entrevistada en tan inusitado lugar. Comenzó una fluida conversación en la que solo hubo un requisito de su parte, dicho en forma jocosa, pero que tomé a pie juntillas: «Si me preguntas la edad o empiezas a sacar cuentas, ahí mismo cortamos la comunicación ».
¿De Santa Clara?
No, espirituana. Nací en Yaguajay, pues la familia de mi mamá era de ahí y cada vez que mi mamá estaba a punto de parir, iba para casa de sus padres. Pero vine a vivir a Santa Clara desde el año 1972, cuando estaba en segundo grado, pues mi papá era militar. Antes, habíamos vivido en Cienfuegos, en Camagí¼ey, donde él estuviera destinado.
«De entonces acá, no nos mudamos más. Aquí terminé mis estudios primarios y desde el 7.o hasta 12.o grado estuve becada en la Vocacional Che Guevara. Todavía mi papá vive aquí, en la calle Villuendas, entre Síndico y Caridad. Tiene 83 años.
¿Cuándo te fuiste para La Habana?
Me fui a estudiar actuación en el Instituto Superior de Arte (ISA), pues a mí siempre me gustó. Es la carrera de mi vida, la pude estudiar y la disfruto.

¿Solo haces televisión?
No. He trabajado, y, aún trabajo, en teatro, en un grupo que se llama A Teatro Limpio, dirigido por Hugo Vargas, un actor y director de mucho tiempo. Me va bien y me gusta. El teatro es el vínculo directo con el espectador. Ninguna función es igual a la otra. Puedes mirar la reacción del público, sentir su respiración, observar sus gestos.
«También hago radio. Desde hace décadas trabajo en Radio Progreso, donde hice buena parte de la programación dramática de la emisora. Después, cuando Mario Limonta y Aurora Basnuevo se acogieron a la jubilación, me dieron, para suerte mía, el programa Fiesta Guajira, que realizo hace ya más de 12 o 13 años. Es un programa campesino que me gusta mucho, donde llevo la conducción, la actuación, casi todo. La radio me fascina.
«En cuanto a la televisión es un medio complicado, pues depende de muchísimas personas; pero se aprende todos los días y es muy agradecido, pues la gente te reconoce, te para y te saluda. A veces tienes un día malo y en la calle alguien te dice algo lindo, y ya te estimulas.
«Solo escojo personajes que me agradan y los acepto cuando me gustan. La televisión tiene muchísimas ventajas, pero te roba mucho tiempo, por eso tiene que gustarme el personaje y, además, poder trabajar con un buen elenco ».



¿Sucede así en la novela actual?
Sí, Mercedes da muchas posibilidades. Es una mujer de hoy, una cubana sin adornos. Fíjate en los sentimientos de esa mujer, los colores de esa mujer. Es toda una madraza.
«Aunque psicólogos y estudiosos digan y repitan otra cosa, las madres cubanas son así en su gran mayoría y, sobre todo, cuando tienen un hijo con discapacidad ».
¿Personajes que la han marcado profesionalmente?
Mercedes está dejando su sello en cuanto a público, aunque han existido otros personajes, como la Queta de Cuando el amor no alcanza, una novela que impactó mucho en la audiencia. Después hice varias novelas más; pero importantes, aquella y esta de ahora.
«Me llama la atención la acogida que ha tenido Vuelve a mirar, pues nunca pensé que iba a gustar tanto. No creí que fuera a marcar un suceso de audiencia como está sucediendo, por el tema de la tercera edad, y ha ocurrido todo lo contrario.
«Claro, tiene cosas a su favor. Amílcar Salatti escribe muy bien y Joelito (Joel Infante) también. Son un binomio que está dando excelentes resultados. Cuenta, de igual manera, con una dirección experimentada: Ernesto Fiallo y Julio César Ramírez. También me ha sido muy fácil trabajar con un elenco de actores tan bueno ».
¿Cómo ha sido la química con tu hijo Migue?
Muy buena, y también con Osvaldo Rojas, el actor que hace de mi expareja. Eso, de igual manera, es comodísimo. Cuando vas a trabajar y te encuentras con gente que se comunica contigo y tú con ellos todo fluye y sale bien.
«Osvaldo es de aquí, de Santa Clara, pero yo no lo conocía. Actúa muy natural y le da mucha credibilidad a su personaje de Reinaldo Paniagua ».
¿Por qué cree que la novela ha gustado tanto?
Cuando se refleja la realidad de la manera lo más creíble posible, la gente se siente identificada con los personajes y las historias que cuentan.
Sobre su vida personal, ¿puede decirles algo a sus seguidores?
Tengo una vida normal. Soy madre de dos hijos, una hembra que es socióloga y un varón que ahora está terminando el Servicio Militar y va a estudiar Ingeniería Industrial. Ninguno tiene que ver con la actuación.

«Estoy casada con el padre de mis hijos, un artista de la plástica, y llevo una vida estable. Soy una mujer dichosa, pues hago lo que me gusta y eso, creo, es muy importante ».
Tras terminar la inesperada conversación, Mercedes se quedó sentada en su banco, a la espera de que le correspondiera el turno para comprar las cosas del agro para su papá, la razón que la hace venir siempre que puede a Santa Clara.
Solo queda una cosa por develar, no menos importante. La actriz que le ha dado vida a tantos personajes, pues también fue la Migdalia en Tiempos de amar, tiene un nombre propio que la identifica en la escena artística cubana. Se llama Yamira Díaz.