De Parí­s a Santa Clara

Julio Cueva Dí­az, el compositor y trompetista que enalteció con su música la ciudad central cubana. De un hombre y una historia que apenas se cuenta en la localidad, y permanece en franco olvido.

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Fragmento del bolero-son dedicado a Santa Clara, y estrenado en Paris. (Fotocopia: Luis Machado Ordetx)
Fragmento del bolero-son dedicado a Santa Clara, y estrenado en Paris. (Fotocopia: Luis Machado Ordetx)
Luis Machado Ordetx
Luis Machado Ordetx
@MOrdetx
4511
30 Diciembre 2021

Jamás olvidó el excelso trompetista y compositor trinitario Julio Bartolomé Cueva Dí­az el Gaspar Blanco que modeló Alejo Carpentier en La consagración de la primavera (1978) aquellos años de residencia en Santa Clara, ciudad que lo acogió en su formación musical. No importa que en la actualidad no se aborden los instantes que lo inspiraron a llevar al pentagrama un recuerdo histórico que tuvo su estreno en Parí­s, y luego se divulgó en las emisoras de radio de la central localidad cubana.

Letra del bolero-son dedicado al Liceo de Villaclara por Julio Cueva, y aparecida en La Publicidad del 18 de enero de 1943. (Fotocopia: Luis Machado Ordetx)
Letra del bolero-son dedicado al Liceo de Villaclara por Julio Cueva, y aparecida en La Publicidad del 18 de enero de 1943. (Fotocopia: Luis Machado Ordetx)

El joven, entonces, no podí­a borrar de la memoria el Concurso Anual de Bandas de Música Infantiles  Cienfuegos, Trinidad, Sagua la Grande, Santa Clara, Remedios, Caibarién y Sancti Spí­ritus, organizado  por la Sociedad de Instrucción y Recreo El Gran Maceo, en la antigua capital provincial, para recordar la caí­da en combate del Titán de Bronce y su ayudante Panchito Gómez Toro en San Pedro, Punta Brava.

En 1911, Cueva Dí­az (1897-1975), como instrumentista de la banda trinitaria llegó a Santa Clara para participar en aquel certamen, y cuatro años después es ya integrante de la agrupación de música del centro cubano. Fortalece estudios y presentaciones artí­sticas bajo las batutas de los maestros Domingo Martí­nez (director) y Agustí­n Jiménez Crespo (asistente), momento en el cual comenzó sus labores de composición de danzones.

El autor de El golpe de bibijagua y Tingo Talango, entre otras antológicas composiciones, tendrí­a prendida en la memoria el recuerdo de Santa Clara, la ciudad de su formación musical y de los amores y la familia. ¿Cómo  olvidar la triste evocación del despojo  que le hicieran a  la Banda de Trinidad, en su primera incursión en concurso, del premio de 1911? ¿Cómo no recordar las í­nfulas de segregación racial, entonces, en el parque Vidal?

Bien recuerda La Publicidad (Diario Polí­tico y de Información), de Santa Clara, la nostalgia de los niños trinitarios cuando recibieron el adverso veredicto del jurado al ubicar a la agrupación de Cienfuegos como la galardonada. Una polémica sugerida desde El Clarí­n, de Caibarién, y sustentada por otros rotativos de Remedios, hablaba de favoritismos hacia los instrumentistas de la Perla del Sur.

A pesar de esa primera colisión desfavorable, Cueva Dí­az,  ya cornetí­n solista en la Banda Municipal de Santa Clara, partió después de la ciudad y en breve tránsito por Cienfuegos y La Habana, llegó a Parí­s, sitio de reunión de artistas y escritores cubanos.

En el bautizado cabaret La Cueva compuso y estrenó en 1934 Santa Clara (bolero-son), de contenido patriótico. Un lustro después se difunde por la emisora CMHI, ubicada en Tristá y Virtudes, en la capital de la provincia. Otra vez, dedicada al Liceo de Villaclara, propaga la pieza el viernes 18 de diciembre de 1942, fecha de bailable y congratulación a ese centro histórico de batallas por la independencia nacional.

Primer encuentro del joven Julio Cueva Dí­az con Santa Clara en el certamen de bandas de música de 1911, según refiere La Publicidad del viernes 8 de diciembre de ese año. (Fotocopia: Luis Machado Ordetx)
Primer encuentro del joven Julio Cueva Dí­az con Santa Clara en el certamen de bandas de música de 1911, según refiere La Publicidad del viernes 8 de diciembre de ese año. (Fotocopia: Luis Machado Ordetx)

La letra aborda aspectos vinculados a los sí­mbolos patrióticos y de tradición pilonga de la localidad, y habla de las aspiraciones de crear la universidad y constituir un centro permanente de cultura. Otras piezas anteriores divulgó Julio Cueva en Santa Clara: Campanario, dedicada a la Parroquial Mayor; Chucumbún y Ten cuidado con Irene, de crí­tica social contra la discriminación racial. De igual manera promocionó, por las emisoras CMHI y CMHW, sus principales composiciones de entonces.

Del compositor e instrumentista trinitario, apenas conocido su paso y trascendencia en Santa Clara, quedan pendientes diversas aristas, algunas tratadas por Dulcila Cañizares en Alé alé reculé (2010), y otras contenidas en papelerí­as de los periódicos villaclareños. No obstante, su quehacer artí­stico-musical constituye un referente de permanente olvido.

 

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