Días de gloria

El imperio pensó devorar en pocos días a esta pequeña porción de América que, a menos de 90 millas, había osado hacer una revolución socialista, de los humildes, por los humildes y para los humildes.

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Jóvenes matanceros realizan marcha hasta Playa Girón.
Jóvenes matanceros reeditaron la tradicional caminata por la victoria de Playa Girón. (Foto: Tomada de Juventud Rebelde/Cortesía de la UJC)
Freddy Pérez Cabrera
Freddy Pérez Cabrera
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19 Abril 2024

El yanqui calculaba fríamente: «Cuba, pequeño verde en las Antillas, se
rendirá más dócil que una oveja inocente, bajo el crimen pagado de
sangrientas pandillas».

«Se lanzaron, confiadas, sobre el verde caimán./ Y vieron, con asombro,
que en cada corazón de esta gota geográfica, reventaba un volcán…/ Y
temblaron, temblaron con miedo profundo./ Cuba no era una isla: era
América, el mundo…».

Eso dijo el Indio Naborí en su poema «Girón, un volcán de gloria», sobre la
bárbara agresión yanqui a Cuba en abril de 1961. En verdad, el imperio
pensó devorar en pocos días a esta pequeña porción de América que, a
menos de 90 millas, había osado hacer una revolución socialista, de los
humildes, por los humildes y para los humildes.

Mas, la islita que apenas se ve en el mapa, derrotaba en menos de 72
horas, ¡y por vez primera!, una invasión mercenaria organizada, financiada
y dirigida por la mayor potencia militar del mundo: los Estados Unidos
de Norteamérica. La proeza de la victoria constituyó un hecho trascendental que marcó un antes y un después en la historia de Cuba, de Latinoamérica y del mundo.

Cuba protagonizaba en pleno siglo XX la hazaña bíblica del pequeño David contra el gigante Goliat, lo cual conmovió hasta al más impasible.
Políticos, hombres y mujeres humildes de todas las latitudes mostraron
su asombro ante tamaña hazaña, y connotados artistas convirtieron en
hermosísimas obras los testimonios de aquellos días de abril de 1961.

Así nació la trágica historia de Nemesia, una niña cenaguera que había
crecido descalza entre mangles y carbones, pero con el sueño común de
todas las niñas: tener un par de zapaticos blancos, fantasía truncada
por una invasión despiadada y brutal que hizo trizas su aspiración luego
del bombardeo a su hogar, donde le asesinaron la madre, le mataron los
hermanos y llenaron de agujeros sus cuidados zapaticos blancos.

El mundo también conoció al joven Eduardo García Delgado,
quien tenía al morir solo 23 años, y, con su propia sangre, al caer
ametrallado por la aviación enemiga, escribió el nombre de Fidel.
También millones cantaron junto a Sara y su icónica canción Girón, la
victoria.

Cuántas lecciones, cuánta historia, cuánto amor por un terruño que habrá
que seguir defendiendo, porque los peligros para la Patria no acabaron
en abril de 1961.

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