
El centro cultural El Mejunje, o la casa de Silverio, como se identifica en el pueblo, recibió este segundo día de abril a infantes vestidos de azul —color representativo del Trastorno del Espectro Autista (TEA)—, en una jornada que insta a la humanidad a tender manos a quienes lo padecen.


Los niños diagnosticados con TEA pueden presentar alteraciones o retardo en la comunicación, movimientos repetitivos, aislamiento, temores diversos, juegan en solitario o manifiestan dificultades en las relaciones interpersonales, por solo citar algunos de los síntomas clásicos. Sin embargo, son capaces de ofrecer su cariño recíproco cuando las muestras de afecto vienen acompañadas, además, de la paciencia de quienes les rodean.
Payasos, trovadores, magos, juegos de participación y la espontaneidad infantil se unieron para regalar una fiesta llena de matices, y entre la música no faltaron las andanzas del gatico más travieso que ha tenido Villa Clara, ese Vinagrito inmortalizado por nuestra Teresita Fernández. Ella cuenta con su sitio entre los muros de la institución, un espacio denominado El patio de Teresita.
Hasta allí llegaron, también, Noslén Hernández, acompañado de su guitarra, y la profesionalidad del mago Javier, que suma en la escena a los pequeños deseosos de descubrir los secretos que esconden aros y sombreros.

Fue muy grato ver a Rosabel Manso, una niña portadora del TEA, solicitarle a Noslén su guitarra para interpretar una canción. Así son ellos. Mientras Lisuán, junto a su mamá, Yudermis, hacía de las suyas, lo que significaba que se sentía feliz.

Una mañana de aprecios, de alegría, de reciprocar cariños, pues todo lo que se haga en favor de la infancia bien vale la pena. Funcionarios de la Dirección General de Salud y del equipo de atención al TEA, perteneciente al servicio de Salud Mental del hospital pediátrico José Luis Miranda, también se incluyeron en esta hermosa iniciativa preparada para los que saben querer.
«Espejos de emociones»
Yusiley Marcelo Armas es especialista de I Grado en Medicina General Integral, de I grado en Pediatría, y máster en Educación. Labora en el hospital pediátrico universitario José Luis Miranda y está vinculada al equipo que atiende a la infancia con TEA.

Ante un universo en el que se presentan diversas afecciones que repercuten en la salud de los infantes, a los sicólogos, siquiatras, sicopedagogos y pediatras se unen especialistas de otras ramas para darles salida a todas las necesidades que puedan tener.
Yusiley es madre de gemelos: María Gabriela y Gabriel Rodríguez Marcelo. Él no presenta el trastorno, pero la niña fue diagnosticada con TEA desde que tenía dos años, y desde esa fecha se mantiene en seguimiento por el centro.


El detalle inicial que llamó su atención fue la poca sociabilidad de María Gabriela con los niños de su círculo infantil. Era una pequeña extremadamente buena y tranquila, pero indiferente a participar en las actividades, lo que indicó la necesidad de recurrir al equipo de psiquiatría.
«Aceptar el diagnóstico es difícil para los familiares y las personas que rodean al niño, porque se trata de una condición que va a marcar toda la vida futura. El TEA no siempre va acompañado de una disminución del coeficiente de inteligencia. Ellos entienden el mundo que les rodea de una manera diferente», subraya Yusiley.
—¿Quieren y admiran a su manera?
—En efecto. Soy muy cariñosos desde su forma de ser, e, incluso, expresan su amor de una forma muy intensa y lo hacen de diferentes maneras, sin recurrir muchas veces a los besos y abrazos.
—¿Se hace necesario amarlos por encima de todo?
—Cuando les damos amor y atención son como un espejo para reflejar sus emociones. Es muy difícil que sean recíprocos cuando los discriminamos; en cambio, si los incluimos se adaptan y tienen una vida diferente.
El ojo especializado
Los expertos consideran que los orígenes del TEA son desconocidos, aunque la ciencia supone que existe un predominio de mutaciones genéticas, sin obviar otros factores naturales.

De acuerdo con estudios, el diagnóstico depende de las particularidades de cada caso. Afecta, aproximadamente, a uno de cada 150 nacidos, y predomina sobre los varones, a razón de cuatro veces más que las hembras.
Múltiples disciplinas, apoyadas en la intersectorialidad, integran el sistema terapéutico para el seguimiento del TEA. Aparece el servicio de Salud Mental, perteneciente al hospital pediátrico universitario José Luis Miranda, en tanto en los municipios existen consultas que remiten los casos al centro rector villaclareño, sumados al Centro de Neurodesarrollo y el de Diagnóstico y Orientación (CDO).
Hasta el momento no existen tratamientos curativos ni exámenes que corroboren su detección prenatal, mientras en familias con uno de sus miembros autista hay mayores probabilidades de que aparezca un nuevo episodio.

Otro 2 de abril de Concientización del Espectro Autista (concienciación para la OMS). Otra jornada en la que Villa Clara volvió a pintarse de azul por una parte de la infancia.