A la sombra del sauce llorón, el Cuentero Mayor

El célebre escritor villaclareño Onelio Jorge Cardoso, falleció el 29 de mayo de 1986, pocos días después de su cumpleaños, el 14 del mismo mes, fecha en la que cumpliría 110 años este 2024. Valga el siguiente texto para rendir sentido homenaje al Cuentero Mayor.

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Onelio Jorge Cardoso, escritor cubano.
Amador Hernández Hernández
202
29 Mayo 2024

La señora Francisca Viera Torromé an­daba, la mañana del 29 de mayo de 1986, en los ajetreos domésticos de todos los días. Desde el amanecer escuchaba el repiqueteo de teclas en el despacho de Onelio. Era la hora de llevarle su café humeante, sobre lo amargo, como lo degustaba siempre.

Al fin Cuca sintió el silencio en el «cuar­to de las máquinas». Al abrir la puerta, lo encontró corrigiendo el texto «La presea», acabadito de escribir. ¡Qué lejos estaba de suponer que, junto con el final del cuento, su vida estaba próxima a extinguirse! Saboreó Onelio el café, sorbo a sorbo, mientras compartía con ella la primera lectura. Cuca sólo le había sugerido que revisara el final, pues lo sentía muy cruel. Salió de la habitación convencida de que él volvería sobre las últimas líneas. Estuvo escuchándolo teclear como 15 minutos. Ella sonrió de nuevo ima­ginando el índice del escritor aporreando el punto final de la historia.

Doña Francisca retornó al «cuarto de las máquinas» ante el ruido inesperado. Onelio reposaba el sueño eterno sobre la máquina de escribir. Había muerto como el hermoso caballo de una de sus invenciones, con los ojos bien abiertos para guardarse el inmenso azul de los mares; la sencillez de sus campesinos, carboneros y pescadores; para guardar la imagen última del sauce llorón, aquel árbol ancestral de su infancia que to­davía sigue brindando sombra a su pueblito, tan lejos geográficamente, tan cerca de su corazón. Así, literariamente, decía adiós el escritor que había tenido aún el tiempo justo para dejarles a los niños un caballito blanco y un cangrejo volador.

Francisca y la muerte, obra de Onelio Jorge Cardoso.
Francisca y la Muerte, uno de los textos más conocidos de Onelio Jorge Cardoso. (Foto: Tomada de internet)

Onelio ha sido catalogado por muchos estudiosos como el «Chaplin de la literatura nacional», pues su obra convence tanto a los más exigentes lectores como a los menos avezados.

Pocos, como él, pudieron reunir en un considerable haz de cuentos la tradición narrativa cubana y los atisbos de un arte de contar diferente en los umbrales del posboom latinoamericano. La cuentística oneliana se inserta, en un primer mo­mento, en el llamado cuento criollista, recreando esa ruralidad de la geografía

cubana, aromatizada con el café, el sonido del machete, el canto de las aves, el susurro de las corrientes fluviales, todo dentro de un paisaje trigueño (palmares e infinitos cañaverales calcinados por el sol), sazonado con las más humildes costumbres del campesino, feliz hasta dentro del dolor de la pobreza, siempre bajo el aliento de un mañana diferente.

Pero el propio Onelio supera ese primer momento de su narrativa para calar en la personalidad de los hombres y mujeres de campo, lo que le permite ahondar en un escenario mucho más copioso y tomar conciencia, junto con sus personajes, de esa realidad excluyente.

Onelio, hombre acostumbrado a batallar en el pasado con la miseria, con el hombre rudo de los campos, de los cayos y de los villorrios de pescadores, encontró igualmente en esa cosmografía cuenteros populares (Ñico Peña y Enrique Martínez, por ejemplo) que le sirvieron para crearse su propio fabulador: un narrador testigo que supliría su papel de escritor, apegado a esa oralidad. Juan Candela, ese personaje fenomenal tan llevado a los audiovisuales y a los escenarios teatrales, reprodujo en su acepción más amplia a uno de los maestros de la narrativa cubana.

Onelio escribía los cuentos, según su amigo Gustavo Eguren, de una sentada, los traía en la mente y los tecleaba, amparado en su frondosa capacidad de fabulador, huyendo del panfleto, de esas crudezas sociales que dejaba sin resuello al hombre secularmente ninguneado de la felicidad, para entregarnos a otros crecidos sobre sus propias fuerzas, retando hasta la saciedad ese mundo apocalíptico, en defensa de su derecho a los placeres de la vida en el Reino de este Mundo.

Onelio Jorge Cardoso.
El Cuentero Mayor dejó una vasta e importante obra dentro de la literatura cubana. (Foto: Tomada de internet)

En la época en que residió en la capital villareña, compartió con la intelectualidad de la ciudad de entonces, nucleada en la revista Umbrales y otros espacios de reco­nocimiento nacional.

No hubo oficio que Onelio Jorge no ejer­ciera con un profundo amor por el hombre: vendedor ambulante, mensajero de farmacia, maestro, periodista, libretista radial y, por sobre todos, el de escritor comprometido con lo mejor de las esencias humanas.

Onelio es la verdad poética de los parajes rurales, del crecimiento humano, gracias al poder del arte como elemento transformador en la concepción de una espiritualidad más global, capaz de acompañar al hombre en su lucha por vencer las adversidades de la vida y alcanzar toda la justicia.

A 110 años de su natalicio, el sauce llorón sigue cobijando su patrimonio literario con todo el esplendor que uno de sus más preclaros hijos merece.

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