El sueño terminó, parafraseando un tema del legendario ex Beatle John Lennon, asesinado el 8 de diciembre de 1980, diez días antes del estreno de Ramón Virgilio Moré Flaqué como jugador del equipo de Villa Clara que se agenció el subcampeonato en la XX Serie Nacional.
Culminó el sueño "En el balcón aquel", para seguir moviéndonos musicalmente en una composición de Leopoldo Ulloa, pero es justo darles las gracias a Moré y sus Leopardos por el hermoso sueño que nos hicieron vivir en estos días difíciles, por revivir la historia de uno de los cuatro históricos de la pelota cubana, por llenar las gradas del estadio Augusto César Sandino.
Nunca escribí Azucareros –lo confieso ahora- para denominar a las selecciones que nos representaron en las últimas campañas, porque veía la garra de esos equipos que vestían de carmelita con Servio Tulio Borges Suárez y Pedrito Pérez Delgado de pilotos, pero Rolando Macías, en La Habana; Antonio Nicolás Muñoz Hernández en Cienfuegos y Silvio Montejo Boffill, la Bala de Caibarién –al que Ramón Moré quiso homenajear- deben estar de acuerdo conmigo en que esta versión del Villa Clara hizo recordar a los “dulcísimos” que a finales de los años 60 y principios de los 70 les robaron el show a los temibles Industriales, con siete subidas al podio entre 1968 y 1974.
Los Leopardos callaron muchas bocas que demeritaron una cadena de nueve victorias seguidas en la reprogramación de juegos suspendidos, esgrimiendo que la habían eslabonado frente a conjuntos desmotivados que nada tenían que ganar, les aseguro que los Tigres de Ciego de Ávila sí les fueron con todas las garras.
Que la Comisión Nacional de Béisbol tendrá que tomar en cuenta que los partidos pospuestos por lluvias, oscuridad u otras razones hay que efectuarlos dentro del calendario regular es verdad, pero los Leopardos simplemente se dedicaron a hacer su tarea.
Los que menospreciaron su seguidilla exitosa en el cierre del campeonato, no se detuvieron a analizar la metamorfosis de los dirigidos por Mongo Moré, un conjunto que se pasó buena parte del torneo alojado en el nada confortable piso 14, con un desbalance que llegó a ser de 9 y 20, resurgió como Ave Fénix y partir de ahí exhibió un saldo de 31 y 15, para adueñarse del octavo pasaje hacia la postemporada con 40 y 35, primera vez que alcanzan esa cantidad de salidas victoriosas en series de 75 juegos.
En esa resurrección se blindaron con un par de tiradores llegados de Italia como Randy Cueto (7 y 0) y Osdany Rodríguez (5 y 6), quienes aportaron 12 triunfos; el oriundo de Báez –mi pueblo- José Carlos Quesada, de un despreciable 0 y 5, revertió los dígitos con un impresionante 9 y 3, para concluir con 9 y 8, mientras el relevista Dairon Daniel Casanova, después de tres descalabros sonrió cinco veces en línea recta.
Los Leopardos se impusieron en 10 compromisos particulares y sucumbieron en cinco. De los que accedieron a los play off doblegaron por 3-2 a los Leñadores, Cazadores de Artemisa, Cachorros de Holguín y Huracanes de Mayabeque.
Con esa misma diferencia superaron a los Vegueros de Pinar del Río y a los Elefantes de Cienfuegos, adversarios que les disputaron el último cupo.
Involucrados en los play off, los villaclareños se convirtieron en la vedete de los cuartos de final, contra todos los pronósticos que le vaticinaban una rápida caída del Balcón tunero, pusieron en jaque al rey, al más ganador de la campaña, al favorito, y extendieron la batalla hasta el penúltimo capítulo del séptimo duelo, en que los Leñadores clavaron dos hachazos mortales.
En los dos partidos finales salió a relucir la inexperiencia, solo Alain Sánchez y Yoasnier Pérez contaban con participación en estos segmentos del campeonato cubano de béisbol frente a una selección acostumbrada a pugnas de tal envergadura.
Siempre es difícil asimilar que tanto nadaron para quedarse en la orilla, muchos pagaron la novatada en enfrentamientos de este nivel, principalmente a la defensa, pero no me detendré en eso, la vergüenza mostrada sobre el terreno salva el sinsabor de no haber podido enrolarse entre los cuatro grandes y, de paso, hacerse de un ticket para la Liga Élite.
Aplausos también para Moré, en ocasiones cuestionado, pero que puede decir como Beatriz Márquez en una de sus canciones deja que hable la gente, a lo que este periodista le agregaría como el gran Pablito Milanés: si es que siempre van a hablar.
Este cifuentense que el pasado jueves cumplió 63 años de edad - lo cual lo convierten en el mánager que con más edad ha llevado a los villaclareños a una postemporada-, se da el lujo de haber guiado al equipo a su quinta y última coronación hasta el momento (2012-2013) y ahora los regresa a los play off, tras un lustro sin presencia de Leopardos en esa fase.