¿Otra crisis? ¿Qué novedad nos van a contar a los cubanos, que las vemos llegar y quedarse, acomodadas como matrioskas —bromea una amiga— para dejar espacio a las que vendrán después?
Nos hemos curtido en épocas difíciles, pero tanto o más sabemos sobre cómo encararlas y sobreponernos. No hablo de la sobredosis de oportunismo que sale a flote y se construye un buque, hundiendo aún más a los otros, lucrando sin escrúpulos con necesidades y urgencias. Me refiero a la resiliencia de a pie, que destapa heroicidades discretas y cotidianas; al sacrificio genuino de quienes, sin olvidarse de los problemas propios, ayudan a aliviar los ajenos en lugar de poner «la cosa» más mala, y a las decisiones cuya efectividad no solo las vuelve oportunas en el momento más complejo, sino también sostenibles a mediano y largo plazo.
En nombre de la «libertad del pueblo cubano», el Gobierno de Estados Unidos decidió reforzar el bloqueo energético al país. ¿Acaso los artífices de semejante medida pensaron, por ejemplo, en la desesperación de los pacientes que necesitan conectarse sistemáticamente a un riñón artificial para continuar viviendo?
Desde este lado, esa fue una de las prioridades del sistema de salud, y no tardaron en aparecer los triciclos y carros eléctricos para el traslado de los más de 100 villaclareños que requieren hemodiálisis, ni en estar listas las instituciones para hospedar o ingresar a los que viven más lejos de los hospitales.
En adelante, valdría la pena mantener esta alternativa de transportación en los lugares donde sea posible, y destinar los cientos de litros de combustible ahorrados a rutas y encomiendas donde no es factible la movilidad en vehículos eléctricos.
La actuación inmediata de mipymes y proyectos de desarrollo local, con flotas completas de triciclos puestas a disposición de entidades cuya gestión quedó prácticamente paralizada, muestra cómo luce una relación armónica entre actores estatales y no estatales de la economía, y la responsabilidad social corporativa concentrada donde genera mayor impacto.
Otra respuesta muy positiva a la nueva vuelta de rosca con sello estadounidense fue la pronta disposición de propietarios de triciclos eléctricos a prestar servicios de transportación pública, y la también rápida tramitación de los permisos correspondientes para ejercer la actividad. Así, se han mantenido vivas rutas de gran afluencia de pasajeros en varios municipios, y el desplazamiento diario de estudiantes y trabajadores cuya presencia física en sus puestos resulta imprescindible.
Sería provechoso, también, la permanencia de estos vehículos, con tarifas asequibles a los bolsillos de quienes los abordan e inmunes a los costos estratosféricos de la gasolina y la extensa lista de especulaciones asociadas a los motores de combustión. Por supuesto, con los respectivos incentivos fiscales, siempre más recomendables que las imposiciones administrativas.
Qué decir de la revolución fotovoltaica que, en las últimas semanas, ha acelerado los esfuerzos del país por la transición energética hacia fuentes renovables.
Villa Clara, que ya cuenta con 11 parques fotovoltaicos —cinco de ellos con capacidad de 21.8 MW— aportando energía al Sistema Eléctrico Nacional, y reporta una tendencia ascendente en la instalación de sistemas de este tipo en entidades estatales y no estatales, estaciones de bombeo de agua y en el sector residencial, se volvió noticia cuando los tabacaleros donaron 48 kits solares para garantizar la vitalidad en instituciones de salud de toda la provincia (policlínicos, consultorios médicos con horario extendido, hogares maternos y de ancianos).
A este gesto altruista tan bien recibido se sumaron otros equipos aportados por formas de gestión estatal y no estatal, los financiados con presupuestos locales y proyectos internacionales, y los asignados por el país para proteger establecimientos que prestan servicios básicos (casas de abuelos, sucursales bancarias, oficinas comerciales, centros de comunicación, funerarias, entre otros), las viviendas aisladas y los hogares de niños que, por sus patologías, requieren energía eléctrica permanente.
Cuando más escasea el combustible para la generación de electricidad y otras actividades de la economía, y con la disponibilidad de divisas al límite, le hemos sacado a la crisis uno de los efectos más significativos y duraderos: no se detendrán los servicios de urgencias y emergencias en ningún policlínico, las vacunas se mantendrán en condiciones óptimas de refrigeración, las embarazadas y los abuelos acogidos en instituciones para su cuidado dejarán de sufrir los apagones prolongados, las interrupciones eléctricas no postergarán los trámites apremiantes…
Anhelado y merecidísimo, llegó el estímulo a los trabajadores destacados de los sectores de Educación y Salud, y a quienes ostentan el título honorífico de Héroe o Heroína del Trabajo de la República de Cuba, mediante módulos fotovoltaicos adquiridos con facilidades de pago e instalados con inmediatez en sus viviendas; un beneficio que abraza a los familiares y vecinos más cercanos.
Y por supuesto que debe extenderse a muchísimos cubanos que han hecho aportes inmensos en todos los sectores: combatientes, científicos e innovadores, donantes de sangre, profesionales únicos en sus perfiles, líderes comunitarios y otros tantos para los que cualquier lista se queda corta.
Que unos esfuerzos resuenen más que otros no mitiga la entrega silenciosa, casi anónima, de los profesionales de la Salud que han reajustado sus jornadas para asegurar la atención en servicios que no admiten espera; los campesinos, obligados a retroceder a la tracción animal en las labores agrícolas, pero igual de comprometidos con la alimentación del pueblo, sobre todo, cuando la canasta familiar demanda más presencia de productos locales; los trabajadores que recorren kilómetros de incertidumbre para mantener producciones y servicios que tampoco pueden detenerse; los vecinos que rehacen la vida en las comunidades, sin descuidar a los más vulnerables; los verdaderos líderes, incapaces de exigir lo que no han hecho ellos mismos antes; los solidarios que ofrecen un poquito de lo que tienen sin esperar nada más que un «gracias» a cambio, y todos los que escapan de elogios públicos.
Y no menos provechosa resulta otra enseñanza común a todas las crisis: necesitamos ser proactivos en lugar de limitarnos a reaccionar ante la urgencia, anticiparnos a las presiones a las cuales irremediablemente seguimos expuestos, identificar y resolver las debilidades antes de que se conviertan en problemas, y apostar por el bienestar colectivo en los tiempos más y menos duros. Mientras mejor trabajemos en períodos de calma, menos nos lastimará la próxima tormenta.
Lunes, 02 Marzo 2026 09:31
Como bien dices, ya estamos acostumbrados, es como las fiestas carnavalescas, las esperamos y medio que nos preparamos para ellas, sacando de donde no tenemos para emprenderla. Desgraciadamente algunos lucran con las necesidades de los demás, porque la conciencia de ellos constituyen estas neuronas $$$$. Pero adelante, aunque el carbón esté a 2000 y más. #CubaEstáFirme