Gladiadores de ideas

¿La noticia? Para el resto implica actualización diaria. Para nosotros significa un engendro de amor, esfuerzos, contradicciones y desvelos. Pervive la magia en el simple afán de encontrarla a pocos metros de rotación. 

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Ilustración de Alfredo Martirena sobre el Día de la Prensa Cubana.
(Ilustración: Alfredo Martirena)
Lety Mary Alvarez Aguila
Lety Mary Alvarez Aguila
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15 Marzo 2026

Agenda y celular en manos. Mirada en todas partes. La quietud de un centinela y, a veces, la desesperación de un salvador urgente del mundo. Intentamos descifrar todo lo que la realidad nos lanza en enormes monolitos. Acudimos a llamados impostergables y recibimos la adrenalina dulce de los últimos minutos. No somos perfectos. No dominamos el saber absoluto de La Tierra. Al contrario, buscamos hacer verdadera aquella sentencia de poseer océanos en nuestra mente aunque —a decir de muchos— con milimétrica profundidad. 

Hemos visto la historia pasar y, a menudo, nos despierta el golpe consciente de poder contarla, desmontarla, dibujarla con matices que perdurarán por siglos en hojas amarillas o dispositivos electrónicos. Somos oficio dentro de los oficios, palabras que edifican palabras y seres que, por pequeños instantes, viven otras pieles a través de conversaciones, sin más ornamento que dos tazas de café. 

Convertimos en sabiduría y relato esos episodios que nos mostraron un universo más allá de nuestras narices, que ensuciaron nuestra ropa o nos desbloquearon escenarios hasta entonces desconocidos. Somos deudores eternos del diálogo que nos arrancó lágrimas, de las visitas casuales que, por el camino, sumaron amigos y familia. 

¿La noticia? Para el resto implica actualización diaria. Para nosotros significa un engendro de amor, esfuerzos, contradicciones y desvelos. Pervive la magia en el simple afán de encontrarla a pocos metros de rotación. Hemos prestado voz y tinta a las buenas, las malas, las inesperadas y también a las que nadie hubiese querido anunciar. Cargamos la responsabilidad vuelta dicha. Hay un pueblo que nos conoce y espera. A esa suerte de hogar, llamada audiencia, nos debemos hasta la médula en el trayecto arriesgado de verbalizar intereses y preocupaciones bajo premisas éticas que nos sirven de bandera. 

Y no solo a informar se nos convoca. Existe una riqueza espiritual en la misión de proponer, analizar, debatir e interpretar fragmentos de una cotidianidad con luces y sombras. En medio de todo, estamos nosotros, con ojos y pecho en la transformación y la esperanza. Nos mueve el anhelo de construir socialmente el entorno que nos circunda, aunque ello suponga reinvenciones oportunas y cambios inminentes. 

Somos periodistas cubanos, y procedemos de lazos memorables entre prensa y heroísmo. Debemos esta fecha a Patria y a Martí. Más de 130 años han transcurrido, y permanece la convicción de atrapar en párrafos la grandeza moral de hombres y mujeres que forjaron la Isla con sangre y estirpe. En distintas etapas, los rotativos ayudaron a crear conciencia sobre la nación y su motor de independencia. Acudir de vez en cuando a esa retrospección nos robustece el pensamiento y el alma. 

Hoy nos situamos al centro de la incertidumbre, en la diana de circunstancias extremas que laceran este ejercicio sagrado. Ahora, más que nunca, debemos revisitar a ese Fidel también periodista, que nos incitaba a convertirnos en gladiadores ante lo mal hecho, a buscar la semilla escondida. Del líder histórico de la Revolución aprendimos a rechazar la complacencia y optar por la crítica reparadora. 

Especializados, polivalentes, integrales, curiosos, inquietos… Así nos erigimos en esta nueva contienda donde las armas llegan en forma de like y algoritmos, donde se libran batallas ideológicas y la verdad pende de hilos. El desafío consiste en crecernos aun cuando nuestras rutinas se modifiquen. 

Más allá de tareas fáciles o complejas, las apuestas deben mantenerse a favor de un periodismo real, comprometido, palpable, fresco, con cara y cuerpo de ciudadanía. No se trata de edulcorar con lirismos vacíos ni ignorar ciertas manchas del Sol, sino de emplear las potencialidades que el contexto nos ofrece para hacer de las ideas un templo claro y justo de retroalimentación. 

¿Cómo llegar? ¿Cómo incidir? ¿Cómo velar por la ética en tiempos convulsos? ¿Cómo beber de las herramientas digitales para posicionarnos de una mejor manera en el ciberespacio? No pocas preguntas acechan a los maestros de cierres y coberturas. Mientras tanto, los dedos golpean el teclado con brusca melodía, las manos se deslizan por la frente en ese breve reposo del texto y lo volvemos a pensar: También somos creadores. También hacemos arte. 

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