Quince ancianos de alta, libres de la COVID-19

El miércoles 29 de abril fueron dados de alta 15 abuelos recuperados de la COVID-19,  que se suman a un engreso anterior tras evento de transmisión local en Hogar de Ancianos # 3 de Santa Clara.

Compartir

Andy Rodrí­guez Sánchez
3618
30 Abril 2020
Paciente del Hogar de Ancianos No. 3 de Santa Clara dado de alta tras vencer la COVID-19.
Manuel Castellón Jiménez: «Yo sabí­a que de esta salí­a ». (Foto: Andy Rodrí­guez Sánchez)

Manuel Castellón Jiménez es un hombre fuerte. A sus 65 años superó la COVID-19. El miércoles 29 de abril le comunicaron que saldrí­a de alta en horas de la tarde. Sin tiempo que perder, recogió su mochila y, sin atar los cordones de los zapatos, caminó hasta la ambulancia que lo trasladarí­a. Para asombro de muchos, no requirió de asistencia para este movimiento.

Él pertenece al Hogar de Ancianos # 3 de Santa Clara. Allí­, por causas que aún se estudian, tuvo lugar el más grande evento de transmisión local de la enfermedad en Cuba. Manuel fue uno de los 45 adultos mayores infectados con el nuevo coronavirus producto de esta situación. A ellos se sumaron 19 trabajadores del centro y cinco contactos confirmados.

Hoy, es uno de los 15 ancianos recuperados de la enfermedad que han recibido el alta médica en el Hospital Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Santa Clara, y se incorporan a la Escuela Especial Regional Marta Abreu, donde se encuentran en cuarentena los ancianos que hasta el momento no han sido infectados por el virus.

«Momentos de gran tensión »

«La mejor noticia que he escuchado desde que comencé a trabajar en el enfrentamiento al nuevo coronavirus es el resultado negativo del PCR de estos abuelos », comenta Mabel Villavicencio, jefa de Enfermerí­a de la sala que  brinda atención médica a los ancianos.

Sin embargo, para llegar hasta este punto, el equipo encargado de atender a estos pacientes realizó un intenso trabajo durante los últimos 14 dí­as. «Fueron momentos de gran tensión, porque se trata de personas con comorbilidades importantes que complejizan la evolución de la enfermedad », apunta Carlos Hidalgo Mesa, vice director docente del Hospital Comandante Manuel Fajardo Rivero y jefe de la sala donde se atiende a los ancianos.

Hasta ese momento, Villa Clara no presentaba un alto por ciento de casos de personas de la tercera edad. El evento del Hogar de Ancianos # 3 significó, entonces, un reto para el equipo de trabajo, tanto del Hospital Militar como del Hospital Oncológico Universitario Celestino Hernández Robau, que recibió también a más de 20 pacientes.

Los abuelos se adaptaron rápidamente a la forma de trabajo del personal de la Salud, y antes de marcharse expresaron su agradecimiento. «Me sentí­ muy bien aquí­. Me trataron de la mejor manera, no tengo quejas y le agradezco mucho a cada uno », comentó Manuel mientras pasaba la euforia de la noticia de su alta y aprovechaba para atar sus cordones antes de subir a la ambulancia.

Carlos Hidalgo Mesa, jefe de la sala de atención a ancianos enfermos de la COVID-19 en el hospital Manuel Piti Fajardo, de Santa Clara.
Carlos Hidalgo Mesa, jefe de la sala del Hospital Militar Manuel Piti Fajardo que atendió a los ancianos infectados por la COVID-19 en el evento de transmisión del Hogar de Ancianos No. 3 de Santa Clara. (Foto: Andy Rodrí­guez Sánchez)

Las palabras de Manuel, aunque sencillas, calan profundo en doctores como Carlos, que conocí­a muy bien el peligro que significaba esta enfermedad para sus pacientes. «Cuando  a la edad y los factores de riesgo se suma un proceso que los mantiene encamados durante un tiempo, pueden aparecer otras complicaciones propias del adulto mayor. Tratamos de que no aparecieran afecciones como las escaras, algo común en estas condiciones ».

El personal de Enfermerí­a mucho tuvo que ver en este tipo de atención. Un trabajo de 24 horas, sin tiempo para el descanso. Precisamente la falta de sueño y el agotamiento se notan en el rostro de Mabel cuando pasan ya las tres de la tarde en el hospital. Pero ni su cansancio ni el hecho de considerarse poco locuaz para el tratamiento con la prensa, evitaron conocer la especial relación que ha tenido con estos pacientes.

«Recibimos varios abuelitos algo descuidados, y a esto se añade su estado de desorientación. Incluso, no sabí­an que tení­an la enfermedad. Trabajamos 24 horas con ellos porque no tienen acompañantes. Su familia más cercana fuimos nosotros. Se trata de pacientes que muchas veces no cooperan por sus caracterí­sticas y necesidades. Tení­amos que estar atentos a cualquier situación », dice.

El doctor Carlos recuerda a la perfección cada jornada de trabajo desde la llegada de estos enfermos. Presenciar una evolución positiva, en la mayorí­a de los casos, lo gratifica. «El mayor porcentaje de los ancianos que llegaron aquí­ padecen de demencia senil. El primer dí­a, por su estado de salud, prácticamente no se moví­an ni intercambiaban con nuestro personal. Pero con el transcurso del tiempo pudimos ver cómo algunos ya hací­an preguntas a nuestro equipo y otros se valí­an por sí­ solos ».

El mejor momento llegó

El dí­a 16 de abril arribaron los primeros abuelos a las salas del Hospital Comandante Manuel  Fajardo Rivero. El hecho de que justo 14 dí­as después ya se encuentren pacientes recuperados demuestra la efectividad de los tratamientos.

El uso de mecanismos para evitar tromboembolismos, neumoní­a o escaras, el empleo de medicamentos como el Interferón, la Kaletra y la Cloriquina, sumados al constante trabajo de enfermerí­a y el cumplimiento de normas estrictas de aseo y alimentación, permitieron la evolución de la mayorí­a de los pacientes y su recuperación en un tiempo similar al de pacientes de otras edades.

«El miércoles fueron dados  de alta clí­nica 14 abuelos, con carga viral negativa. Ellos se suman a un alta que dimos ayer. Solo queda en nuestro centro una anciana que mantiene carga viral positiva en la sala de cuidados mí­nimos, mientras otra se encuentra en la sala de cuidados intensivos. Esta última se mantiene grave, aunque existe la esperanza de que se pueda recuperar en los próximos dí­as », asegura Hidalgo Mesa.

Mabel Villavicencio, jefa de enfermerí­a de la sala de atención a ancianos enfermos de la COVID-19 en el hospital Manuel Piti Fajardo, de Santa Clara.
Mabel Villavicencio, jefa de Enfermerí­a de la sala. (Foto: Andy Rodrí­guez Sánchez)

Mientras, a partir de este jueves se comenzará a dar de alta a los primeros ancianos ingresados en el Hospital Oncológico Universitario Celestino Hernández Robau. Según declaraciones de su director, Manuel Toboso, de los 26 ingresos a causa de este evento, se les realizó el PCR nuevamente a 16, para confirmar que tienen una carga viral negativa y puedan ser dados de alta médica. En las próximas fechas saldrán los demás pacientes que ya hoy se encuentran fuera de peligro.

Para el doctor Carlos, «en la tercera edad la enfermedad tiene í­ndices de letalidad mayores que en otro tipo de pacientes, por lo que ha sido un éxito que un gran porcentaje de los abuelos se haya podido recuperar de esta enfermedad ».

No obstante, reconoce como lo más difí­cil de su trabajo el tener que lamentar la pérdida de tres pacientes del hospital y otro que fue remitido con complicaciones procedente del «Celestino Hernández ».

«Cada fallecimiento es duro, algunos fueron inesperados. Pero el peor momento fue ver cómo perdí­amos a una anciana de 100 años luego de verla recuperada de la COVID-19, a causa de complicaciones cardí­acas. Horas después de su fallecimiento, tuvimos en nuestras manos el resultado de la prueba que declaraba que ya no portaba la enfermedad. Eso fue doloroso ».

El doctor se toma un minuto para volver a ese amargo momento. Pero el personal de la prensa que invade su zona de confort intenta sacarlo de este pasaje en el que ha caí­do la conversación.

Entonces, ¿cuál es el mejor momento de estos dí­as?

Ese está por llegar dice cambiando ya su tono de voz.

Cada pérdida se sufrió, pero todos en el equipo saben que gracias a su esfuerzo, el evento del Hogar de Ancianos # 3 no trajo consigo mayores consecuencias. «Los que integramos el personal de enfermerí­a ahora celebramos. Cuando los vimos llegar no habí­a comentarios entre nosotros. Las únicas exclamaciones eran de dolor. Hoy todos sonreí­mos », dice con sinceridad Mabel.

Mientras, afuera se escuchan palmadas y alborotos. Algo no muy común en un centro como este. Los aplausos hacen asomarse a vecinos muy cercanos al lugar en cuestión. Se trata del momento que minutos antes esperaba el doctor Carlos. Ya los primeros ancianos están listos para partir. Los aplausos van de un lado al otro: de los ancianos hacia el personal de Salud y viceversa.

Manuel, listo para subir a la ambulancia, nuevamente sin ayuda, se despide del equipo que lo atendió y del personal de la prensa que lo sorprendió mientras salí­a. A ellos les ofreció su morada: «Soy de la zona de Los Framboyanes, pero pueden encontrarme en el Hogar de Ancianos # 3 (sin conocer que ya el lugar comienza a ser célebre). Ahí­ me tienen para lo que haga falta », añadió.

En estos minutos, el rostro de Manuel cambia. Parece repasar en su mente lo que vivió los últimos dí­as para dejar organizadas estas ideas antes de partir.

¿Sintió miedo en algún momento? le interpelo mientras deja de ser el foco de atención de los demás.

Muchacho, yo he sobrevivido a cinco infartos: tres del miocardio y dos cerebrales. Hace rato que no siento miedo. Y desde que llegué aquí­, yo sabí­a que de esta salí­a.  

Comentar